jueves 30 de mayo de 2024
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Yanina Welp: “A mayor desarrollo de la institucionalidad democrática mayor incidencia de la participación ciudadana”

Yanina Welp es investigadora asociada en el Albert Hirschman Centre on Democracy, Graduate Institute, Ginebra (Suiza) y coordinadora editorial de Agenda Pública. Entre 2016 y 2019 fue codirectora del Latin American Zurich Center, en la Universidad de Zurich. Es Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España) y Licenciada en Ciencia Política y en Ciencias de la Comunicación Social, ambas por la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Obtuvo la Habilitación con la venia legendi en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de St.Gallen (Suiza). Es cofundadora de la Red de Politólogas y se especializa en el estudio de la participación política, tema sobre el que ha publicado tanto libros como artículos.

¿Cuáles son algunos de los factores clave que influyen en la participación ciudadana y la implicación política en América Latina, y cómo varían a grandes rasgos estos factores en los diferentes países de la región?

La participación ciudadana es un concepto muy amplio que incluye desde la participación electoral (votar en elecciones es el mecanismo más importante de la participación ciudadana en las democracias contemporáneas) hasta la protesta violenta (que aún siendo cuestionable debe ser contemplada como una forma de participación). En medio de ese amplio espectro encontramos muchas otras formas que van desde las formalizadas en torno a mecanismos de participación (presupuestos participativos, referendos, etc.) hasta las organizadas colectivamente (organizaciones de la sociedad civil de distinto tipo).

Los tres factores clave para comenzar a identificar y diferenciar entre países refieren a los diseños institucionales del sistema político, los partidos políticos y la sociedad civil. A mayor desarrollo de la institucionalidad democrática y fortaleza de partidos y sociedad civil mayor incidencia de la participación ciudadana (Uruguay como ejemplo destacado) y viceversa, a mayor debilidad de todos los elementos, menor incidencia de la participación ciudadana y posibilidades de instrumentación autoritaria (varios ejemplos entre los que hoy destacaría el de Guatemala).

¿Qué diferencias o similitudes has observado en cuanto a la participación política y el compromiso cívico de los ciudadanos latinoamericanos en comparación con otras regiones del mundo, y cómo estas características influyen en la estabilidad política latinoamericana?

No soy experta ni en Asia ni en Africa con lo que prefiero no hacer una comparación global, aunque creo que para intentar hacerlo cabe comenzar por analizar y caracterizar sus procesos de democratización, si los hubiera. Al comparar Europa con América Latina lo primero que emerge es la diversidad interna en ambas regiones. En Europa hay países donde la abstención electoral ha sido notable y otra en que la participación es relativamente elevada, algo que también ocurre en América Latina. Lo mismo puede decirse de otros indicadores vinculados a la participación y el compromiso cívico. Quizás lo más distintivo es que la mayor parte de los países de Europa Occidental desarrollaron partidos y en especial sus partidos socialdemócratas en un momento histórico concreto y vinculados a procesos de industrialización que no se dieron en similar medida en América Latina y esto atraviesa la relación entre participación y representación desde los orígenes de nuestras democracias representativas.

¿Cuáles son algunos desafíos y oportunidades comunes que has observado en el estudio de la democracia y las dinámicas políticas en América Latina?

Si tuviera que nombrar dos desafíos mencionaría, en primer lugar, la tendencia actual a concentrar o fragmentar el poder que deriva de tensiones en la democracia: tenemos países que avanzan hacia la concentración de poder con el consiguiente riesgo de caer en el autoritarismo (Nicaragua, Venezuela, El Salvador) y otros en que la fragmentación pone serios riesgos a la gobernabilidad (Perú, hasta hace poco, como caso emblemático). En segundo lugar, la volatilidad de las preferencias que correlaciona con la debilidad de los partidos y hace muy difícil llevar adelante políticas de gobierno con apoyos institucionales limitados y una sociedad civil fragmentada y ansiosa por observar cambios rápidos. Ecuador sería un ejemplo. Creo que el caso argentino es bastante especial en este escenario latinoamericano porque los partidos siguen teniendo peso considerable y la representación, aunque erosionada, sigue funcionando.

¿Cómo ves el papel de las mujeres en la academia y la ciencia política, y qué iniciativas cree necesario apoyar para promover la diversidad de género y la igualdad en este campo?

Las mujeres nos hemos organizado y hemos generado alianzas que permitieron ampliar la consideración de que sin mujeres o con baja participación de mujeres la ciencia política es más pobre y limitada. La agenda de transformaciones está en marcha: que haya diversidad en los comités de selección del profesorado, que las publicaciones de mujeres se incluyan en la curricula, que las mujeres estén representadas en los cuerpos directivos, etc. Sí, estoy convencida de que debemos seguir trabajando en esa agenda compartida básica. Más allá de eso, las mujeres representamos la misma diversidad que el resto de la sociedad y por eso tenemos divergencias en muchos temas (algo que enriquece a la sociedad y también a nuestra disciplina).  

Y vinculada a la anterior, ¿cómo crees que se pueden promover y fortalecer la participación y representación de las mujeres en la política y en la academia en la región?

Como decía arriba, creo que hay que fijar parámetros de actuación (que no haya paneles sólo de varones, que las mujeres se sienten a la mesa de toma de decisiones, etc.). Vivimos un momento de reacción global contra estos avances, por eso cabe mantener la organización y ampliar las alianzas… que quede claro, esto no es asunto de mujeres, es hacer política por la democracia.

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