martes 21 de mayo de 2024
spot_img

Xi Jinputin

La visita del líder chino a Moscú marca la consolidación de una sociedad en la que China manda. Xi parece fagocitarse a un debilitado Vladimir Putin.

Algunos analistas han comprado esta entente con el Pacto de No Agresión entre Alemania y la URSS de 1939, firmado 9 días antes de la invasión alemana a Austria, por los ministros de relaciones exteriores Joachim Von Ribentropp y Vyacheslav Mólotov. Sin embargo, la única similitud que encontramos hoy con aquel acuerdo es que fue un pacto sellado entre dos países sin tradición democrática. Ni la Alemania de 1939, ni la Rusia y la China de todos los tiempos han participado de la joven cultura política de occidente caracterizada por la democracia liberal.

Esa no adscripción a la cultura política de occidente es la que une, tanto a China y Rusia, como a Irán y en cierta medida a la India. Países que, además, tienen la particularidad de ser antiguos imperios con enormes poblaciones – más de un tercio de la población mundial – y creciente poder económico. De ese conjunto, China es el mayor y más nítido oponente de la hegemonía estadounidense, erigiéndose en la locomotora económica de Asia y en un fenómeno de liderazgo mundial incorporándose a las instituciones internacionales con cientos de funcionarios y llenando las aulas de las mejores universidades del mundo con una juventud ávida de conocimientos.

En ese contexto, la ratificación de una amistad sino-rusa que Xi Jinping ha cultivado desde el inicio de su mandato en 2012, en momentos de debilidad de Vladimir Putin, puede verse como un “abrazo de oso” (oso abrazado en este caso) que tiende una mano pero que exigirá en consecuencia un rol de supremacía entre los pares no liberales del mundo.

En ese papel, durante su visita Xi mostró la neutralidad de su país y ofreció ser el garante de un plan de paz – Lula Da Silva ha hecho lo propio – para terminar con la guerra entre Rusia y Ucrania. Una guerra que China nunca quiso, que alteró el ritmo normal del comercio y las finanzas internacionales sobre las que tiene mucho por ganar.

“Xi señaló que… las relaciones entre China y Rusia han mantenido un impulso de crecimiento sólido y constante. Los dos países han disfrutado de la profundización de la confianza política mutua, la convergencia de intereses y el entendimiento entre los pueblos, y han avanzado en la cooperación en comercio, inversión y energía, y en los intercambios entre pueblos y niveles subnacionales”, una pintura que tiende a borrar las controversias del pasado de posguerra en el que los EE.UU. lograron enfrentar a ambas potencias, luego del cisma entre Mao Tze-tung y  Nikita Khrushchev.

El presidente de China, además bregó el martes por “conversaciones de paz” y por un “diálogo responsable” sobre Ucrania en una declaración conjunta con su homólogo ruso, Vladimir Putin, pero también criticó las sanciones, culpó a la expansión de la OTAN por el conflicto y no se refirió a la posibilidad del retiro de tropas rusas de las zonas ocupadas.

“Rusia reitera sus esfuerzos para reanudar las conversaciones de paz lo antes posible, lo cual es elogiado por la parte china”, dijo un comunicado, publicado por la agencia de noticias china Xinhua. “Rusia da la bienvenida a la voluntad de China de desempeñar un papel constructivo en la resolución de la crisis de Ucrania a través de medios políticos y diplomáticos”. Todo color de rosa.

Para los socios, la resolución de la “crisis” de Ucrania – nunca lo llaman guerra – “deberá respetar las preocupaciones de seguridad razonables de todos los países y evitar la formación de una confrontación en bloque”.

Como respuesta a este cónclave en el que occidente sospecha un acuerdo de suministro de armas chinas, tal como declaró el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el gobierno del Reino Unido ha anunciado el envío, a la zona de conflicto, de misiles con cargas de uranio empobrecido.

En el enorme tablero del poder mundial las tensiones se agudizan y los participantes hacen jugadas que, por ahora están, dentro de cierta racionalidad. Claro que eso es muy difícil de explicar para un ciudadano ucraniano, o sirio, o cualquiera que esté sufriendo en carne propia los reacomodamientos del poder mundial.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Julián Álvarez Sansone

Discutir el transporte y la capacidad estatal

Fernando Pedrosa

Eurovisión 2024, entre la impostura y la cultura popular

Alejandro Garvie

La batalla del proteccionismo