sábado 15 de junio de 2024
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Volvió el Foro de Davos

Luego de dos años de postergaciones, el World Economic Forum volvió a la presencialidad en la apacible aldea suiza de Davos, aunque en un mundo sumergido en el caos. El comediante devenido en presidente de Ucrania Volodymyr Zelenski abrió el Foro de los millonarios del mundo.

En las ediciones prepandémicas la Casa Rusia estaba bien nutrida de lo que hoy se denosta en la prensa de occidente como “oligarcas rusos”, de los cuales el multimillonario Oleg Deripaska –junto a Nat Rothschild– oficiaban la fiesta más fastuosa del evento, consistente en “interminables servicios del mejor champagne, vodka y caviar ruso entre danzas de cosacos y modelos”, que en 2015 tuvo que ser intervenida por la policía local –no por parte de los 5000 guardas de seguridad con los que cuenta el cónclave- para calmar los ánimos. Esos millonarios ya no son bienvenidos. En su lugar han puesto la Casa de los Crímenes de Guerra de Rusia, promocionada por Ucrania.

Luego de la apertura en la que el presidente ucraniano pidió a los presentes y a boca de jarro 5000 millones de euros por mes para costear la guerra con Rusia, los comentarios de muchos panelistas en Davos apuntan a borrar a Rusia de la economía mundial, decretando un embargo total del petróleo, el bloqueo absoluto de propiedades y haberes bancarios, la retirada de las empresas tecnológicas y el boicot a todo comercio con ese país. También han conminado a las últimas empresas que operan en Rusia a que salgan de allí para que sus marcas no queden asociadas con los crímenes de guerra, y sus oficinas, tiendas, productos no sean utilizadas por “criminales con las manos manchadas de sangre.”

Muy preocupados por el cambio climático, la mayoría de los asistentes le imprimió al planeta una importante huella de carbón con sus 1500 jets privados y otros cientos de viajes en helicóptero de Zúrich al centro de esquí que los cobija. Y mientras discuten la desigualdad y los grandes problemas del mundo, sólo 10 magnates –no todos asistentes al foro– obtuvieron 5 billones de dólares de ganancias durante la pandemia, según un informe de Oxfam.

Sin representantes políticos relevantes de los EE.UU., ni China –tampoco de la Argentina– este año, Davos, en mayo y sin nieve, es una cumbre de empresarios y de unos pocos líderes europeos, tales como el primer ministro de España, Pedro Sánchez, el canciller alemán, Olaf Scholz, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cercana al presidente de Francia Emmanuel Macron. Unos 270 paneles debatirán la crisis actual, siempre bajo la mirada atenta del mentor de este espacio: Klaus Schwab.

En uno de ellos, Kristalina Georgieva la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, abordó el cambio climático y, a la vez, el problema cada vez mayor de la deuda para las economías nacionales, sobre todo de los países más pobres que, además, comienzan a sentir la hambruna por el cierre de la circulación del cereal ucraniano y ruso. “El horizonte se ha oscurecido” para la economía mundial, aseguró. A la guerra se han sumado las consecuencias económicas de los confinamientos en China, así como el endurecimiento de la política monetaria en muchos países -incluido Estados Unidos- ante la elevada inflación, lo que frena la actividad económica.

Kristalina dijo que el mundo está ante el desafío más importante desde 1945, algo bastante menos grave que lo referido por el legendario George Soros (91) quien, en su participación, directamente avizora el fin del mundo pues estamos a las puertas de una Tercera Guerra Mundial de la que nadie sacará provecho.

Otro legendario nonagenario –perdón por la cacofonía– Henry Kissinger (98), ha dicho en Davos que occidente debería dejar de intentar infligir una derrota aplastante a Rusia –cosa que generaría un desequilibrio regional de difícil resolución- y sugirió que Ucrania debería negociar y ceder parte de su territorio.

Las palabras del ex secretario de Estado no que le cayeron muy bien a Zelenski, al que urgió a comenzar las negociaciones “antes de que se generen trastornos y tensiones que no se superarán fácilmente.”

“Rusia es una parte esencial de Europa durante más de cuatro siglos”, señaló el veterano de la Segunda Guerra y advirtió que los líderes europeos “no deben perder de vista la relación a más largo plazo” o arriesgarse a poner a Rusia en una alianza permanente con China.

La globalización está “temporalmente en pausa”, dijo Loic Tassel, presidente para Europa del gigante de los bienes de consumo Procter & Gamble, en uno de los debates, porque “el precio que hay que pagar o el tiempo que hay que esperar ya no es compatible con nuestra industria”, aseguró, justificando el alza de los precios.

Es decir que justo cuando necesitamos más globalización para agilizar y abaratar los costos de los productos –como muchos han sostenido en el foro- encontramos un mundo con trabas comerciales iniciadas por Donald Trump en su mandato, luego la pandemia y, ahora, la guerra comercial provocada por el conflicto entre Rusia y Ucrania. Un panorama que además obliga a echar mano al carbón, los combustibles fósiles, energías contaminantes que ahondarán el cambio climático, debido al bloqueo sobre el gas ruso.

Esto no significa el fin de la globalización sino el fin del modo neoliberal de concebirla, modo que siempre ha sostenido el foro de Davos. “Nuestro concepto de riesgo se ha ampliado”, dijo Arancha González, ex directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional de la ONU y ex ministra de Relaciones Exteriores de España. “La parte de las reglas será tan importante como la apertura de los mercados. Ya no se trata de abrir mercados y pensar que todo saldrá bien. No lo hará.”

González confía en que la globalización continuará porque un mundo acosado por desafíos globales necesita marcos cooperativos. “No veo una reducción en la interconexión. Para mí la globalización es interconexión, y eso es aumentar, no reducir”, dijo.

Por su parte, la ex primera ministra danesa, Helle Thorning Schmidt, está de acuerdo con González. “Tenemos que encontrar una manera de trabajar con China. Nosotros [los países democráticos] tenemos que encontrar formas de trabajar con países que no comparten plenamente nuestros valores”, dijo. Esa postura reafirma, por ejemplo, que la Cumbre de las Américas a realizarse del 6 al 10 de junio, en California, debe estar integrada por todos los países de la región, sin exclusiones.

El canciller Scholtz también fue explícito en esta necesidad de cooperación en un mundo multipolar y contó cómo en su último viaje por África se dio cuenta de la importancia de que países como Indonesia, India y Argentina participen de la próxima cumbre del G-7 a fines de junio.

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