jueves 22 de febrero de 2024
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Una vida dedicada a construir la democracia

Alfonsín dedicó su vida a construir una democracia en la Argentina, lo hizo desde la perseverancia, desde su audacia, desde la palabra, estuviera o no de moda la democracia, con gobiernos peronistas, radicales o militares. Siempre su núcleo de ideas fue el mismo, fue coherente su pensamiento a través del tiempo. Lo recuerdo volviendo a Chascomús desde cada lugar perdido durante los años más terribles para mantener vivo el radicalismo y predicar siempre la democracia, cuando 
no se usaba, cuando creer que debía haber más libertades era mal visto. Lo recuerdo desafiando a los militares desde la Federación de Box, difundiendo sus ideas, las de siempre, esa vez en un contexto que le era favorable, harta una sociedad de los militares, de los violentos, de la guerra, hambrienta de libertad, de solidaridad, de audacia para construirla. Era un político que no sentía éxtasis por las bóvedas, nunca le interesó los bienes materiales, le interesó construir su sueño de país y a ello se dedicó. En 1971 decidió enfrentar a Balbín, por la candidatura presidencial radical, recorrió el país construyó una estructura política explicando a los jóvenes en que la construcción de una sociedad más justa se debía hacer desde la libertad, en democracia, aun cuando muchos jóvenes creían en la vía armada, en la violencia, atacó siempre cuando el peronismo apelo a la violencia para acallar a los opositores de dentro de su movimiento o de afuera, fundó la APDH, firmó los habeas corpus que NK no firmó nunca, y luchó por una democracia sin aceptar la claudicación ética que significaba aceptar el pacto con los militares que rechazó y denunció, (y que el peronismo aceptó) el creía en la democracia y sostenía que la misma no podía renacer en el 83 como consecuencia de la claudicación ética inaceptable que era avalar la amnistía que peronistas y militares habían acordado ese año. Al ganar las elecciones jugó su presidencia al tercer día al ordenar el Juzgamiento de las Cùpulas militares, de las AAA, de la guerrilla, de los militares que habían ordenado la insensata guerra de Malvinas, pero, en el fondo ALFONSÍN fue un político que decide que su presidencia no valdría nada sin justicia, sin mirar atrás no como venganza –él había repudiado la guerra, la guerrilla, la represión- sino con un sentido reparador, pero al mismo tiempo demoliendo ese acuerdo espúreo. La aventura de ALFONSÍN de crear una democracia que expresara valores universales – y la decisión de predicarlos entre nuestros vecinos para desgracia de sus gobiernos- , necesitaba consensos en la sociedad, a lograr esos consensos dedicó parte de su vida busco gente no para que empuñara un fusil, o firmara una licitación impresentable, sino para que pudiera expresar en gente común, valores extraordinarios. El no era ni el hijo de un millonario, ni de una familia sin valores, era, lo recordaba siempre, el nieto de un gallego analfabeto que expresaba la posibilidad de ascenso social, construyó desde sus ideas, sus valores, desde su pertenencia a un partido político. Tras dejar el poder protegió siempre en su discurso la democracia que tantos esfuerzos había dedicado, y habrá visto con tristeza la aceptación de valores distintos – o la falta de valores- que exhibió el poder. La reconstrucción de una democracia en la Argentina es su herencia, de la cual disfrutamos todos, lo hacemos rechazando siempre la violencia como forma de hacer política, y con herencias la continuidad democrática, su profundización. No le faltó honestidad, pero, no le parecía que debiera exhibirse, lo asumía como un valor universal, un requisito para la vida política, como algo natural, él se había dedicado a hacer política, no a hacer dinero, por eso nunca lo acompañamos a Comodoro Py. Dedicó su vida a reconstruir esa democracia que habíamos perdido, y que hoy todos disfrutamos.

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