En nuestra República “todos los cultos religiosos son libres” y “el Estado no sostiene religión alguna” (art.5 de la Constitución). Sucesivas leyes han establecido la obligatoriedad de la educación que comenzó para los niños de más de 6 años y hoy es para los de más de 4. La ley establece, además, que en la educación pública “se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional de saberes y creencias” (art. 17, Ley General de Educación).
Toda esta recordación legal es porque en estos días tenemos diversos episodios, todos importantes, en que de un modo u otro están en juego esos principios cardinales. La escuela “laica, gratuita y obligatoria” es una suerte de emblema nacional tanto como que “las acciones privadas de las personas que de ningún modo atacan el orden público ni perjudican a un tercero, están exentas de la autoridad de los magistrados” (art. 10, Constitución de la República).
Empecemos por la participación oficial del Presidente de la República en un acto religioso de bendición y augurio al gobierno. Como ciudadano puede ir a donde quiera. Como Presidente de la República no debe participar de una ceremonia religiosa que involucra al gobierno. Ya el tema se cuestionó en el período pasado con el Dr. Lacalle Pou y algo parecido también cuando el General Manini, entonces Comandante en Jefe del Ejército, asistió uniformado a una misa de bendición al Ejército, ocasión en que personalmente cuestionamos su presencia en un artículo. Desde que el Estado no “sostiene” religión alguna, los mandatarios deben abstenerse de participar en eventos religiosos que implican naturalmente el “sostén” o la preferencia de ciertas creencias y, como consecuencia, en desmedro de otras.
Mantener separada la órbita civil del Estado de toda religión ha sido la base fundamental del abierto espíritu de tolerancia que le ha permitido distinguirse al Uruguay como democracia. Naturalmente, en su tiempo esto fue una pugna entre liberales y católicos, porque era ésta la religión dominante en el país, reconocida oficialmente por la Constitución. Luego de un largo proceso, desde 1917 se separaron los espacios públicos y privados y esto ha sido bueno para todos, con una Iglesia libre en un país libre, como dice la vieja frase.
No es un “sarampión antirreligioso” como dice el General Manini. Personalmente no me duelen prendas, al punto que propicié la permanencia de la Cruz que en Tres Cruces (valga la redundancia) conmemora el hecho histórico de la primera visita de un Papa al Uruguay, Jefe de Estado del Vaticano, además de líder espiritual de la región mayoritaria en el país. No se erigía un lugar de culto en un lugar público sino que se dejaba la traza de un hecho histórico.
El martes pasado, la Universidad Católica celebró sus 40 años de vida e inauguró un local moderno enfrente del tradicional en la Avenida 8 de Octubre. En el nacimiento de esa institución tuvimos participación activa, porque habilitada por un decreto de la dictadura, al estrenarse la democracia se levantaron voces impugnando su existencia. Se consideraba que la UdelaR era un monopolio constitucional, que en cualquier caso la autorización debía ser por ley, etcétera, etcétera… No faltaban razones pero pensamos entonces que era fundamental para el país abrir ese camino aun cuando fuera una institución católica, como tantas otras escuelas y liceos de larga tradición. Como es natural, en el Batllismo hubo voces críticas pero una vez más sostuvimos que laicidad no era antireligiosidad y que cualquier institución que preservara los valores básicos de la ciudadanía republicana estaba amparada por la libertad de educación. Más tarde, en nuestra segunda presidencia, un decreto regulador permitió el reconocimiento de los títulos de la ORT, de la Universidad de Montevideo y de la Universidad de la Empresa. Ha sido un cambio estructural fundamental, que al amparo de la laicidad republicana ha generado fecundos espacios de tolerancia.
Otro episodio que afecta el principio de laicidad ha sido estos días una sentencia judicial que estableció el derecho de la comunidad menonita a no enviar sus hijos a ninguna escuela habilitada, formándose a distancia con una institución propia. La Jueza actuante entendió que la LUC eliminó el requisito obligatorio de la inscripción, lo que malinterpreta la norma que hasta el cansancio se aclaró que no derogaba la obligatoriedad. Todo nuestro sistema está construido para educar, formando ciudadanos como decía José Pedro Varela. Los colegios privados ofrecen la programación oficial y luego cada uno añade lo que su peculiaridad le genera (en religión, deportes o lo que sea). Reconocer una educación que no les contará ni cómo nació el Uruguay a la vida independiente rechina con esa integración a una República donde los deberes ciudadanos empiezan en el voto, que es obligatorio. El tema probablemente siga discutiéndose en el plano judicial, pero es también importante como precedente.
Aledaño a este asunto está el tema de las asignaciones familiares, sobre el que hemos escrito afirmando que es una obligación no solo legal sino moral asociarlas al envío de los hijos a la escuela, como se hace desde hace más de ochenta años. Las asignaciones no son salarios sino estímulos o contribuciones del Estado para ayudar al cumplimiento de la obligatoriedad de la educación. Los padres o representantes legales administran un dinero de los niños. Dárselo aun cuando no los envían a la escuela es una inmoralidad. La enseñanza es gratuita y esos pesitos están para ayudar en lo que falta. No hay excusa.
Como se advierte, la vida diaria nos lleva a debates en que entran en juego principios esenciales de nuestra democracia. Los relativos a la laicidad, por ejemplo, son muy propios del país y han sido fundamentales para la convivencia social. No siempre se entiende que cuidar de esas grandes normas inspiradoras es un modo de preservar la institucionalidad y la tolerancia que con tanto orgullo exhibimos ante una América Latina en que solo se habla de grietas y enfrentamientos.
Publicado en El Correo de los Viernes el 21 de marzo de 2025.
Link https://www.correodelosviernes.com.uy/Una-vez-mas-laicidad-republicana.asp