domingo 19 de mayo de 2024
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Una mirada sobre la propuesta de modificación a la Ley de Cine

Los tres berretines (Susini, 1933) es una de las primeras películas sonoras argentinas que daba cuenta de tres grandes pasiones nacionales: el tango, el fútbol y el cine, que a lo largo de más de 90 años siguen teniendo continuidad. En los casos del fútbol y el cine, además guardan algunas similitudes históricas: desde los inicios demostramos talento y capacidad para hacerlo bien, son actividades que despiertan enorme interés público en cada una de sus etapas, con alguna regularidad recibimos premios y galardones internacionales prestigiosos a nivel colectivo e individual y hay cientos de figuras argentinas destacadas diseminadas por el mundo ocupando lugares de alto reconocimiento por su desempeño profesional. Y en ambos casos forma parte de la agenda pública de conversación cada acontecimiento futbolístico o cinematográfico de relevancia.Por eso no sorprende que la inclusión de la modificación de la ley de cine en el capítulo de cultura de la propuesta elevada por el poder ejecutivo al congreso haya generado un gran impacto, no sólo entre los miembros de la comunidad cinematográfica que son en principio los directamente afectados, sino también a un más amplio nivel, con opiniones y argumentos a favor y en contra de las modificaciones propuestas.De los argumentos en contra del sostenimiento de un fondo de promoción estatal a la actividad, uno que logra un alto consenso es el expresado por el propio presidente Milei cuando señala “tengo que elegir si ponemos los recursos del estado para financiar películas que no mira nadie o si ponemos esa plata para darle de comer a la gente”.Es una afirmación falaz que compara dos verdades que no se relacionan entre sí. Es cierto que se financian con fondos públicos películas que atraen pocos espectadores y también que hay un alto porcentaje de la población de nuestro país sumergida en la pobreza. Pero esto último fue consecuencia de malas políticas económicas y no por destinar una suma equivalente al 0,0058% del PIB anual que insume el funcionamiento del INCAA de acuerdo a los datos del 2023 publicados por la oficina de presupuesto del congreso.En todo caso, tomando en cuenta la doctrina liberal que impulsa la gestión, sería más coherente ver en la promoción de actividades orientadas a la producción de bienes simbólicos, el alto valor agregado que son capaces de generar en el mundo contemporáneo y en consecuencia, la contribución en términos de riqueza y empleo a nuestra economía. Bienes que con políticas adecuadas y eficientes, son relativamente sencillos de exportar y son de alta rentabilidad.Tal como lo señalaron en sus presentaciones a las comisiones parlamentarias los representantes de las cámaras productoras audiovisuales, el efecto multiplicador que logra una modesta inversión pública en la producción audiovisual es exponencial.Sin embargo, nada de esto se ver reflejado en las propuestas de modificación, ya que a pesar de estar encuadradas bajo la idea de generar las “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, no hay un cambio sustancial al paradigma original que sustenta la ley vigente que con actualizaciones y modificaciones, es de 1957, que entre otros problemas, abarca cuestiones de índole diferente en un mismo cuerpo normativo, como por ejemplo el objeto del fomento audiovisual (las obras audiovisuales) y el estatuto de funcionamiento del organismo burocrático que lo gestiona. Parece una obviedad, pero la idea de cine que tenemos en la actualidad no es la misma que la de hace 60, 30 o 15 años atrás a la luz de los profundos y acelerados cambios tecnológicos, sociales y políticos producidos en materia de comunicación y cultura durante estos años.La propuesta introduce, en la última versión conocida, algunas precisiones y limitaciones tanto para los gastos de destinados al funcionamiento del instituto como de los proyectos y suprime capítulos de la ley vigente, que en algunos quedaron anacrónicos (como el de la prensa filmada o los relacionados con especificidades tecnológicas del celuloide). El enfoque busca limitar el alcance de participación del organismo en la mayor cantidad de competencias posibles (como el comercio exterior) y despojándose hasta donde le resultó viable en la negociación con los otros bloques parlamentarios de la dimensión cultural de la actividad (se eliminó el capítulo orientado a la promoción del cortometraje).Se continúa manteniendo el mismo esquema de financiación a partir del denominado impuesto cinematográfico y fuentes específicas, algo que es defendido fuertemente por la comunidad cinematográfica como garantía de sustentabilidad (con suficientes razones para desconfiar de cualquier modificación), pero que produce la paradoja que contribuye más al fondo cinematográfico una película extranjera que vende más entradas como las de superhéroes u otros tanques. Entonces, y volviendo a lo que señalaba el presidente en relación a películas que no ve nadie, más eficiente sería garantizar fondos presupuestarios razonables y permanentes que tengan continuidad y mejora año a año, como el previsto en la “Ley de Fomento y Promoción de la Industria Audiovisual de la Provincia de Córdoba” (Ley 10381). Que sean intangibles para así tener menor incertidumbre en la gestión de otras fuentes de financiación, así como la planificación y ejecución de cada etapa involucrada en la elaboración y realización, incluyendo la de venta de derechos de exhibición y difusión.Por otro lado, debiera pensarse una propuesta para que la prestigiosa escuela de formación cinematográfica ENERC, surgida en una época donde la enseñanza en la materia era un área de vacancia (en la actualidad hay más de 24 escuelas de cine públicas y privadas diseminadas en todo el país), se inserte en una órbita institucional más acorde a sus fines pedagógicos, como por ejemplo una universidad o instituto de formación superior y no dentro de un espacio destinado al “fomento y regulación de la actividad cinematográfica”. Sin perjuicio de incluir como parte del destino del fondo cinematográfico ayudas económicas y becas para la formación o perfeccionamiento de nuevos realizadores.Las propuestas debieran pensarse para propiciar escenarios virtuosos a mediano plazo, dónde hay pocas certezas de lo que ocurrirá, pero seguramente seguirá habiendo interés público en producir buenas películas nacionales. Para eso deberán generarse normativas que sean superadoras de las actuales, privilegiando, como en la modificación del 94 el consenso de los sectores logrado en esa oportunidad y ampliando la participación a nuevos actores como las plataformas de streaming. El ciclo que se inició en aquella oportunidad, como ya había ocurrido en 1957, transformó positivamente la situación de escasez productiva anterior durante sus años iniciales de implementación.La velocidad en el ritmo de los cambios, sobre todo los de carácter tecnológico, pero también la necesidad de darle un carácter más federal y diverso, motivaron la necesidad y el desafío de introducir nuevamente cambios que se viene conversando desde hace un tiempo entre la comunidad cinematográfica local y no pensados únicamente como un mero recorte de gastos y competencias. Estos deberán garantizar transparencia, eficiencia, equidad y una estructura burocrática profesional del organismo de gestión, con dimensiones acordes al volumen de proyectos, donde los recursos disponibles se inviertan de forma casi exclusiva al fomento y promoción de la actividad audiovisual. Como señalan desde el ideario liberal, el subsidio a actividades artísticas y culturales se centra en la protección de la libertad individual, la promoción del acceso universal a la cultura, la preservación del patrimonio, el estímulo a la creatividad y la contribución al bienestar social. De manera que sostener políticas de intervención pública en éste ámbito, también resulta coherente para el marco ideológico de quienes ejercen el gobierno actual.
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