miércoles 22 de mayo de 2024
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Un futuro sobre rieles

Buenos Aires está haciendo esfuerzos, desde hace algunos años, por mejorar los servicios ferroviarios metropolitanos, entre ellos la modernización y electrificación de ramales. También en materia de Subterráneos se ha planteado un plan integral de renovación de estaciones.

Pero se puede proyectar una agenda más profunda y ambiciosa. Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, como en otras ciudades, el desarrollo de las redes ferroviarias tuvo un impulso fundamental. Sin embargo, desde la segunda mitad, por acción y omisión se consideró que era más eficiente el servicio que podía brindarse con el automóvil.

Hoy se conocen las consecuencias de la congestión, los costos para la sociedad, los presupuestos de los hogares, el medio ambiente y las formas de urbanización a las que da lugar, para saber que no hay una solución sustentable si el automóvil es la opción excluyente.

Aunque pase a ser eléctrico. Complementariamente, se ha desarrollado una oferta amplia de transporte público automotor, cuyo rol es esencial. Pero alcanza con ver lo que ocurre cuando se interrumpen los servicios guiados para tomar conciencia de los límites de su capacidad, inclusive donde hay prioridades de circulación.

Otras grandes metrópolis siguieron desarrollando el ferrocarril. Tokio, la más grande del mundo, con más de 36 millones de habitantes, se ha estructurado a lo largo de corredores ferroviarios con coherencia interna de programas y actividades, que generan una demanda sostenida a lo largo del día.

Tiene operadores privados con visión de largo plazo. Asociados a los gobiernos locales y prefecturas, intervienen en el desarrollo urbano y en la administración de activos. Parte de este modelo japonés fue tomado exitosamente para Hong Kong y, con variantes, para grandes ciudades chinas.

Si bien produce efectos colaterales a prevenir, es un esquema que permite un complemento muy singular entre transporte público masivo de calidad, viajes a pie y en bicicleta en torno a estaciones plenas de vitalidad urbana.

En París, el ferrocarril metropolitano y el metro se han desarrollado en una primera fase hasta poco antes de la segunda guerra mundial. Luego, con el desarrollo de la red expresa regional, en los planes de los años 60.

Y en la actualidad, con el desarrollo del Grand Paris Express, una doble orbital de 200 km, con 68 estaciones nuevas que se están construyendo simultáneamente. En este caso son sociedades básicamente públicas las que desarrollan las obras y prestan los servicios, con una apertura prevista a la competencia. La autoridad organizadora pasa contratos con las empresas prestadoras, básicamente públicas.

Por otra parte, las estaciones y sus respectivos entornos han sido objeto de una preocupación particular: la experiencia de la combinación de modos es esencial para que el servicio resulte la opción más atractiva. En cada una se desarrollan espacios públicos y operaciones urbanísticas sobre los planes locales definidos con los intendentes y comunidades locales.

Es cierto, el ferrocarril tiene una inversión inicial alta. Pero también tiempos de amortización y beneficios que la compensan ampliamente. Así lo demuestran varios ejemplos internacionales. En cualquier caso, hace falta un Estado y gobiernos locales que articulen su crecimiento.

Así, es necesario los proyectos que se conciban, adecuados a nuestra realidad, tengan sólido fundamento técnico y económico, que cuenten con el consenso de las distintas jurisdicciones involucradas, con una ejecución planificada y sostenida en el tiempo.

Junto a otros grandes temas, por su incidencia fundamental en la economía, la inclusión y la calidad de vida, el futuro del servicio sobre rieles merece ser objeto de un profundo debate electoral.

Publicado en Clarín el 22 de marzo de 2023.

Link https://www.clarin.com/opinion/futuro-rieles_0_wojwhuQ7N8.html

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