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10 04 2022

Ucrania, la guerra es otra


Autor: Rodolfo Terragno









Ucrania es rehén de Rusia. El verdadero objetivo de Vladimir Putin es Estados Unidos. Lo admitió Dmitry Medvédev, Vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, y ex presidente vicario de la Federación Rusa, designado en 2008 por Putin.

 La invasión, dijo, fue para “poner en su lugar a nuestros enemigos”, Estados Unidos y sus aliados, que “habían avivado la rusofobia en un intento de obligar a Rusia a arrodillarse”. Como parte de ese intento, subrayó, Estados Unidos pretendía hacer base a las puertas de Rusia, colocando a la OTAN en el deslinde con Ucrania.

Medvédev pareció delirar cuando agregó que Rusia ambiciona “construir una Eurasia abierta, desde Lisboa hasta Vladivostok”. En realidad lo que hizo fue elegir una frase conmocionante para revelar que Rusia tiene un gran proyecto imperial.

Cuando habla Medvédev, quien habla es Putin. En el mundo está gestándose una nueva bipolaridad: de un lado, Estados Unidos y la OTAN; del otro, China y Rusia.

Estados Unidos lo tiene claro. El jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, dijo esta semana, en el Congreso, que Estados Unidos está enfrentado “a dos potencias globales, China y Rusia, una con cada vez mayores capacidades militares, ambas con la intención de cambiar las reglas del actual orden global”. Para Milley, el mundo está en las vecindades de otra Guerra Fría. “O caliente”.

“Caliente” es, acaso, sinónimo de nuclear.

Rusia ha atacado en Ucrania el edificio adyacente a una central nuclear y ha ocupado temporalmente Chernobyl. El propósito fue disuadir a la defensa ucraniana y, sobre todo, enviar un mensaje a Estados Unidos: en circunstancias extremas, Rusia estaría dispuesta a hacer uso de armamento atómico. Cabe suponer que recurriría a “armas nucleares tácticas de bajo rendimiento”, que pueden liberar “solo” 1.5 kilotones, diez veces menos que la bomba que Estado Unidos dejó caer sobre Hiroshima en 1945. De todos modos, estas armas “tácticas” tienen un gran poder destructivo y podría, iniciar una escalada de armas nucleares.

Princeton University, de Estados Unidos, que tiene un programa sobre “Ciencia y Seguridad Global”, ha producido un video sobre el uso que tendrían tales armas en un conflicto OTAN-Rusia. El video muestra una escalada que termina matando a 90 millones. Puede ser un escenario tremendista, pero exhibe la capacidad que tienen las armas de bajo rendimiento para provocar un siniestro efecto dominó.

El gobierno de Joe Biden y sus aliados creen haber encontrado un modo no catastrófico de romper la columna vertebral de Rusia. Las represalias por la invasión de Ucrania procuran dejar a Rusia sin bancos, sin moneda, sin energía, sin transporte y sin inversiones.

Aunque no sea tan absoluto, el daño será atroz; pero no dejará a Rusia aislada y sin recursos. En principio, tiene el carbón térmico y petróleo de los cuales depende gran parte de Europa, que no podrá prescindir totalmente de esas fuentes de energía.

Putin, o quien eventualmente lo reemplace, podrán contar también con la solidaridad económica de China (más la de la India), que le ofrecerían intercambio comercial e inversiones.

Hay quienes especulan que China -que quiere fundar su imperio con poder económico, no con armas- ha recibido muy mal la invasión de Ucrania.

Hay motivos para desechar esa hipótesis.

En febrero, Xi Jinping y Putin firmaron una declaración según la cual China y Rusia han formado una alianza que es “política y militarmente superior a cualquiera que la haya precedido, y esa manifestación —se dijo en esta columna días después— vaticinaba la creación de un imperio chino-ruso. Ambos países dejaron en claro que “se oponen a una ampliación de la OTAN” y reclaman que la organización, liderada por Estados Unidos, “respete la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países”: una obvia referencia a Ucrania.

Es imposible que, en ese contexto, Putin le haya ocultado a Xi Jinping que semanas más iniciaría una “operación militar especial” en territorio ucraniano.

En la videoconferencia que tuvieron Biden y Xi Jinping el 18 de marzo, el líder chino pidió que se levanten las sanciones a Rusia, alegando que éstas pueden “desencadenar problemas graves en el comercio internacional, las finanzas, la generación de energía, la producción de alimentos y las cadenas de distribución, lo cual empeorará las dificultades de la economía mundial y causará pérdidas irreparables”.

Biden, a su vez, advirtió a Xi Jinping que, si China “apoya materialmente a Rusia”, deberá soportar “las implicaciones y consecuencias”.

Deng Yuwen, un experto en en política china, dice que Beijing no desafiará a Estados Unidos y, por ahora, seguirá prestando a Rusia una ayuda económica limitada y semioculta.

Pero pronostica que, si Washington sigue “usando la guerra de Ucrania para arrasar a Rusia”, China optará por tomar partido del lado de Putin. Coincidiendo con Milley, Yuwen dice que “la guerra ruso-ucraniana ha cambiado la confrontación de Rusia con Occidente, transformándola en una guerra fría entre Occidente y la alianza chino-rusa”.

La televisión del mundo entero está viendo la despiadada agresión de Rusia, que destruye ciudades ucranianas y produce atrocidades como lo de Bucha. También, el inusitado liderazgo y coraje que expone el presidente Volodymyr Zelensky.

Sin embargo, hay posibilidad de una guerra mayúscula, de la que acaso Ucrania sea sólo el desencadenante, que tendría consecuencias mucho más trágicas. Putin ha dicho que, si Estados Unidos y la NATO entran en Ucrania “las consecuencias” serían “nunca vistas en la historia”. Ojalá sea sólo retórica en tiempos de guerra.

Publicado en Clarín el 10 de abril de 2022.

Link https://www.clarin.com/opinion/ucrania-guerra_0_7ylKPAxfOL.html