Este 31 de marzo, CIPPEC celebró su 25º aniversario. En lugar de hacer un repaso de los hitos que marcaron este cuarto de siglo, decidimos enfocarnos en el futuro e imaginar cómo podría ser la Argentina dentro de 25 años.
A través de un ejercicio de proyección retrospectiva del futuro, identificamos las tendencias que impactarán en el país, como la digitalización, el envejecimiento poblacional y la crisis climática. Sobre esta base, delineamos distintos escenarios, desde una nación próspera y desarrollada hasta una marcada por el estancamiento y la inestabilidad. Si bien es probable que la realidad de 2050 se sitúe en un punto intermedio, analizar los extremos permite dimensionar lo que está en juego.
En el mejor de los escenarios, Argentina logra capitalizar las oportunidades que el mundo hoy presenta para crecer en los sectores más estratégicos que pueden generar riqueza. Este desarrollo se traduce en estabilidad, crecimiento económico y una mejora sustancial en la calidad de vida de toda la población. Es un país con diversidad de ideas y diálogo, pero con consensos fundamentales sobre el camino a seguir.
En contraste, el peor escenario para 2050 describe un país donde el Estado pierde control sobre amplias regiones, la automatización destruye empleos sin generar alternativas, y la desigualdad y la violencia se profundizan. Las oportunidades dependen del lugar de nacimiento, mientras que la crisis climática provoca catástrofes recurrentes, con sequías en algunas zonas e inundaciones en otras. En este contexto, las instituciones pierden legitimidad y la volatilidad política se acentúa.
El valor de estos ejercicios prospectivos radica en su capacidad de anticipar desafíos y definir estrategias para orientar el desarrollo. Identificamos tres pilares fundamentales para acercarnos al mejor escenario posible: estabilidad macroeconómica, una estrategia de desarrollo integral y el fortalecimiento institucional.
1. La estabilidad macroeconómica: un pilar esencial. En el último año, Argentina realizó avances significativos en la estabilización económica, impulsados principalmente por el ordenamiento de las cuentas públicas. No obstante, esta estabilidad no está garantizada. Para sostenerla, es imprescindible abordar el principal componente del gasto público: el sistema previsional.
Actualmente, solo 24% de la población cumple con los 30 años de aportes requeridos, lo que nos llevó a recurrir a moratorias. Proponemos establecer reglas claras que reconozcan cada año de aportes sin cortes discrecionales y garantizar una cobertura básica universal en un mercado laboral con un 40% de informalidad. También es necesario revisar las excepciones dentro del sistema previsional, que representan casi la mitad del gasto. La implementación de estas reformas, que se basan en amplios consensos técnicos, permitiría mejorar la situación del 80% de los futuros jubilados como también asegurar la sostenibilidad del sistema.
2. Una estrategia de desarrollo para el crecimiento. Para construir una Argentina próspera en 2050 es fundamental impulsar el crecimiento mediante el aumento de la productividad. Esto requiere una mayor integración al comercio internacional (especialmente, aumentar las exportaciones) y remover las barreras que dificultan el desarrollo de sectores clave como la agroindustria, la biotecnología, todas las energías, la minería y la economía del conocimiento.
Estos sectores, combinados estratégicamente con los servicios, tienen el potencial de generar los empleos que el país necesita. Para aprovechar las oportunidades globales, es crucial atraer inversiones, fomentar la innovación tecnológica y desarrollar el talento humano. En este sentido, la transformación del sistema educativo es una prioridad: es necesario actualizar los planes de estudio, mejorar las metodologías de enseñanza y fortalecer la formación docente.
3. Instituciones democráticas sólidas: la clave para el desarrollo. El fortalecimiento institucional es un requisito indispensable para garantizar el desarrollo económico y social.
Es fundamental sostener una visión de país a largo plazo, de manera que las eventuales alternancias en el poder no alteren el rumbo estratégico. Para lograrlo, es imprescindible invertir tiempo en cumplir con los procesos institucionales y en utilizar los instrumentos (como las leyes) que puedan generar esa estabilidad y previsibilidad.
Uno de los pilares del Estado de derecho es la independencia y legitimidad del Poder Judicial. Para restaurar la confianza en la justicia, se requieren procesos de designación transparentes y acuerdos políticos que aseguren estabilidad en los nombramientos. Asimismo, resulta fundamental promover una mayor diversidad de miradas en la Corte Suprema, garantizando una representación más equitativa, incluyendo la presencia de mujeres en su conformación.
Construir la Argentina que queremos para 2050 exige actuar desde hoy en habilitar estas tres llaves: estabilidad, desarrollo e institucionalidad. Las decisiones que tomemos hoy definirán el futuro del país en los próximos 25 años.
Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de construir un legado donde las próximas generaciones puedan proyectar su futuro con certeza. El primer paso es debatir propuestas concretas y establecer un rumbo claro. Seguiremos trabajando para que así sea.
Publicado en Clarín el 1 de abril de 2025.
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