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Opinión 25 07 2020

Sudáfrica y el coronavirus en etapas


Autor: Julián Álvarez Sansone









La actual pandemia de COVID-19 ha afectado prácticamente a todos los países del mundo, pero no los ha afectado de la misma manera. Según qué clase de política tomen sus mandatarios, el confinamiento puede ser más severo (como en Argentina) o más flexible (como en Brasil y Estados Unidos).

En cierta medida, se puede ver que es evidente que un confinamiento más severo es beneficioso para reducir la tasa de contagios (denominada por los expertos como “R”), y también la curva de contagios. Así, se pueden ver curvas más “aplanadas”, como la de Argentina, y curvas más “empinadas”, como las de Brasil, Chile, y Estados Unidos.

Pero no todo es sanitarismo en estos casos. Como la pandemia y la propagación del virus es un hecho social, debe ser abordado desde distintas aristas, con distintas perspectivas. Como hecho social, además, se podría entender a este suceso como pluricausal.

Si bien en líneas generales los criterios sanitarios y epidemiológicos sirven para comprender la evolución de la pandemia en los distintos países, lo cierto es que estos criterios no alcanzan para comprender en totalidad qué tan complejos son estos asuntos. Así, es necesario tener en cuenta factores socioeconómicos para comprender la alta movilidad (o el poco cumplimiento de la cuarentena) en el conurbano de la Ciudad de Buenos Aires. Lo mismo podría decirse sobre el caso de Perú.

Dicho país ha tomado prácticamente idénticas medidas que la Argentina en el mismo período de tiempo, con la diferencia es que en las primeras tres semanas la población argentina cumplió la cuarentena de forma rigurosamente estricta, mientras que los peruanos no lo hicieron así por distintas razones. Una de las razones es económica y se relaciona con las carencias de una buena parte de su población. Como en el interior del Perú y también en los alrededores de Lima muchas familias no tienen heladera ni congelador, deben salir a hacer las compras cada dos o tres días. Eso, lógicamente, expuso a muchas familias a la probabilidad de contagio en mercados populares que se llenaban de clientes necesitados de alimento. Por eso, es evidente y entendible que haya una notable diferencia entre los casos de Argentina y Perú, siendo que estos tomaron prácticamente las mismas medidas al mismo tiempo.

Ahora bien, un caso paradigmático a nivel mundial (y sobre todo en el Hemisferio Sur) es el caso de Sudáfrica. Allí, el coronavirus ha golpeado duro y parecería que también lo ha hecho por etapas. Ciertamente, pese al duro confinamiento que vivió aquel país del sur del continente africano y al avance pausado que ha tenido la pandemia en ese continente, Sudáfrica es hasta el momento el quinto país del mundo con más casos (más de 400.000). Si bien es cierto que tiene más de 235.000 recuperados y poco más de 6000 muertes, es por lejos el peor caso de todo África y uno de los peores a nivel mundial (sólo superado por Estados Unidos, Brasil, India y Rusia).

Primera etapa: cuarentena estricta al inicio

Una vez detectados los primeros casos, el gobierno sudafricano buscó contener la propagación del virus para prevenir el colapso de su débil sistema sanitario. Así, se optó por aplicar restricciones estrictas de forma temprana para poder ganar tiempo y “prepararse para lo peor”.
De forma relativamente similar al caso argentino, el confinamiento estricto para la nación más desarrollada de África duraría más de dos meses y dejaría una grave herida en la economía por la cual el país que vio nacer a Nelson Mandela deberá pagar un alto costo social durante los próximos años.
Ahora bien, algunos analistas británicos y franceses se preguntaron si en los casos africanos las cuarentenas se cumplen con la misma rigurosidad y compromiso que en los casos europeos. Más cercano al caso peruano descripto más arriba, en principio eso no sucedió.

Segunda etapa: ciudad del cabo se convierte en el epicentro del continente africano
Así como Guayaquil fue el epicentro ecuatoriano y Brasil el epicentro sudamericano, la hermosa ciudad sudafricana de CapeTown (Ciudad del Cabo en español) se ha convertido en el epicentro africano de la pandemia. La pronta constatación de que había transmisión comunitaria en el país y puntualmente en esa ciudad, confirmó los peores presagios de los epidemiólogos más pesimistas. Incluso, ante la estrategia del Presidente Cyril Ramaphosa que buscó salir a hacer testeos masivos para detectar y aislar más casos en menos tiempos.

Pese a los esfuerzos del gobierno y los sanitaristas sudafricanos, la realidad demostró que rápidamente el COVID-19 circuló de forma comunitaria por los barrios vulnerables de la pintoresca urbe sudafricana, propagando los contagios y convirtiéndola en el epicentro del continente africano.

Tercera etapa: la reapertura y la propagación en Johannesburgo
Con ciertas similitudes al caso argentino, los esfuerzos por hacer más severas las cuarentenas para mitigar los contagios hicieron que el país profundice diversos problemas sociales: aumentó el desempleo, la pobreza y las carencias alimentarias de la población. Así, el gobierno sudafricano debió permitir la reapertura y la vuelta a la actividad el pasado primero de junio.
Esto se trató de una medida audaz, incómoda y arriesgada para un país que estaba entrando en recesión y con un desempleo creciente. Lamentablemente, la vuelta a la actividad económica no logró un creciente crecimiento económico (el consumo se vio mermado), pero sí trajo como consecuencia que se disparen los contagios en Johannesburgo, la ciudad más poblada del país, y también en Pretoria. Sumado a eso, también hubo serios inconvenientes en términos alimenticios, dado que más de un millón de personas necesitan ayuda alimentaria en Johannesburgo.

Cuarta etapa: cerca del pico y el colapso sanitario
Pese al aumento repentino de casos, el gobierno sudafricano aún no ha decretado el retorno al confinamiento estricto. Aún sigue preocupado por las consecuencias económicas que trajo aparejada dicha etapa. Los sanitaristas consideran que el gobierno de Cyril Ramaphosa debería volver a una cuarentena estricta ya que hace varios días que se registran más de 10.000 casos cotidianamente.
Esta nueva etapa, cerca de lo que se cree que sería el pico, genera nuevos interrogantes y cosecha más dudas que certezas. En términos políticos, algunos creen que el pico estará cerca de los 15.000 casos (últimamente están teniendo alrededor de 13.000 todos los días), pero los sanitaristas sudafricanos creen que el pico será muy superior y llegaría a mediados de agosto. De hecho, algunos hablan de que el coronavirus podría causar más de un millón de muertes en el país del arcoíris.

Mientras tanto, quedan dudas si el sistema sanitario soportará las embestidas de esta enfermedad que aún no tiene cura ni tratamiento específico. Por ahora, hay serios y notables esfuerzos coordinados por el gobierno para poder lograr que el sistema público se complemente con el privado a fin de evitar que suceda lo que sucedió en Bérgamo, Nueva York o Guayaquil, donde los ancianos fallecían en sus casas dado que el sistema sanitario había colapsado.
En algunos hospitales de Gauteng, una de las ciudades importantes del país, las salas de cuidados intensivos ya están trabajando al límite, mientras que en otras ciudades de Cabo Oriental (la zona más pobre del país, lindante con Mozambique ) la corrupción rampante de los últimos años ha evidenciado y profundizado la falta de infraestructura sanitaria de aquella potencia regional.