martes 25 de junio de 2024
spot_img

¡Suban el techo!

La puja por subir el techo del endeudamiento de la economía estadounidense tiene su límite el 1 de junio. El abismo tan temido pone en jaque los planes de gobierno de Joe Biden y al futuro mismo de su país.

Ya vimos, en esta columna, hace unos meses, las características de la crucial decisión que debe tomar el Congreso de los EE.UU. para autorizar un endeudamiento de proporciones astronómicas para seguir haciendo business as usual o aceptar un ajuste que va en contra de la economía expansiva de los demócratas y de la quebrantada salud económica de su país.

Las estimaciones de la Casa Blanca dicen que un incumplimiento de la deuda o prolongar mucho tiempo el desacuerdo más allá del 1 de junio podría causar la pérdida de 8,3 millones de puestos de trabajo y una recesión mundial, mientras que un incumplimiento breve podría provocar la destrucción de 500.000 puestos de trabajo. Moody’s Analytics ha estimado que un incumplimiento de no más de una semana provocaría la pérdida de 1,5 millones de puestos de trabajo.

Dada la premura y los pocos avances, el presidente Joe Biden ha priorizado en su agenda la negociación con los republicanos – de hecho, volvió rápidamente de la cumbre del G-7 en Japón – cuya ala conservadora parece inflexible: no quieren aceptar, fácilmente, el aumento de la deuda.

El domingo, Biden pidió a los republicanos que “se muevan de sus posiciones extremas porque gran parte de lo que han propuesto es simple y francamente, inaceptable”. “No hay un acuerdo bipartidista que se haga únicamente, en sus términos partidistas. Ellos también tienen que moverse”, dijo durante una conferencia de prensa que cerró su visita a Japón.

Hasta aquí, el presidente y sus colaboradores más cercanos han creído que un enfoque de creación de consenso con la oposición, aunque siempre en duda, funcionaría como lo había hecho antes de Donald Trump, lo que daría vida a la aprobación de un paquete de infraestructura y la legislación de gran alcance que se convirtió en la Ley de Reducción de la Inflación. Pero este consenso no está a la vista y el estancamiento del acuerdo por subir el techo de la deuda ha resultado un fracaso que amenaza con dejar a Biden como el primer presidente en la historia del país que cae en default.

“Creo que hay algunos republicanos MAGA en la Cámara saben el daño que le haría a la economía, y como soy presidente, y un presidente es responsable de todo, asumiría la culpa y esa es la única forma de asegurarse de que no resulte reelecto”.

Este fin de semana pasado los republicanos rechazaron la última oferta de los demócratas y dijeron que las conversaciones cesarían hasta que Biden regresara. Los desacuerdos giran en torno a la duración de los topes en los gastos discrecionales, los posibles recortes en los gastos militares y por cuánto tiempo aumentar el techo. Los republicanos han reducido su demanda de reducir el gasto a los niveles de 2022, pero dicen que el gasto del año 2024 debe ser menor que el actual. También quieren limitar el gasto para la próxima década.

Los demócratas no están dispuestos a ir tan lejos para recortar el gasto federal. En cambio, la Casa Blanca ha propuesto congelar el gasto en los niveles actuales de 2023.

También se están considerando prioridades políticas, incluidos los pasos que podrían ayudar a acelerar la construcción y el desarrollo de proyectos de energía que tanto los republicanos como algunos demócratas desean.

Steve Ricchetti, asesor principal y posiblemente el asistente más cercano de Biden, y los otros negociadores principales, Shalanda Young, directora de la Oficina de Administración y Presupuesto, y Louisa Terrell, directora de asuntos legislativos, aún esperan llegar a un acuerdo sobre la base de la creencia que dice que los votantes castigarán a los republicanos que recorten programas populares y amenazan con la posibilidad de dejar que la Administración quede paralizada cuando caiga en default.

Algunos demócratas sostienen que a Biden le queda una alternativa al estancamiento de las negociaciones con los republicanos y es invocar una cláusula en la Enmienda 14 de la Constitución que dice que la validez de la deuda pública en los Estados Unidos “no será cuestionada”. El incumplimiento, según el argumento, es por lo tanto inconstitucional. Pero esta solución enfrentaría problemas legales y Biden está empeñado en reflotar la política bipartidaria de acuerdos, largamente deteriorada por diversos factores y que dejó un filón político que Donald Trump explotó para construir su camino a la presidencia y mantener una inquietante vigencia. Es decir que lograr un acuerdo político entre ambos partidos sería, además, una derrota para Trump.

Los próximos días serán determinantes para tan enorme tarea.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

David Pandolfi

Una bandera para todos

Alejandro Garvie

Europa: Más crisis, más elecciones

Karina Banfi

Mujeres a la Corte