lunes 20 de mayo de 2024
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Saqueos de ensayo

La incandescencia social se agrava al compás de la devaluación de la moneda. Las remarcaciones sumaron durante la semana siguiente un promedio del 34%. Con más de un 140% de inflación anualizada, 43 % de pobreza y casi 10 % de indigencia, las condiciones de rebelión en los barrios populares de los grandes conurbanos son elevadas; pero no inexorables.

De hecho, hubo situaciones igualmente graves en otras circunstancias del pasado efímero como la crisis cambiaria de 2018 y a la salida de la cuarentena. Y, sin embargo, no se repitieron condensaciones de violencia como las de 1989, 2001; y en escala menor 2012 y 2013.

Pero la disposición está siempre latente; sobre todo, en el porcentaje elevado de indigentes que fracturan esas geografías de fronteras socioculturales movedizas. Y ello es así porque las torsiones de la administración de la miseria han diluido durante las últimas décadas los armados territoriales ordenadores inaugurados por la democracia. Los viejos referentes políticos fallecieron o fueron absorbidos por las burocracias municipales en procura de controlar, detrás de un escritorio, a colectivos cada vez más reducidos y en tensión.

No obstante, en los barrios todos se conocen; y el “fantasmeo” devela preventivamente los movimientos de las bandas marginales. Muchos de sus exponentes no son sino jóvenes extraviados por familias de trabajadores agobiadas por la penuria, la sobrecarga laboral y la insuficiencia alimentaria.

El cortocircuito afectivo, con su saga de expulsiones o fugas, les ofrece refugio, contención, identidad de sustitución, dinero fácil, y un orden meritorio devenido de la fama temeraria como “picantes”, “malditos” o “atrevidos”. Notoriedad que se exhibe por cámaras cuya visibilidad cotiza en los mercados delictivos. Es otra estribación macabra del cultivo cultural del pobrismo.

Las bandas adoptan distintas denominaciones; pero su despliegue anómico al momento de salir a “luquear” para comprar estupefacientes eclipsa las jerarquías cimentadas en la bravura. La política y sus diferentes actores enfrentados saben cómo activar esos dispositivos entrenados en las cotidianas guerras de pedradas o balaceras nocturnas por la disputa de “territorios”.

Por debajo, intentan descansar aquellos que al día siguiente deben salir a trabajar y acompañar a sus hijos a las paradas de colectivos para resguardarlos de “pirañas” o motoqueros “desalmados” por la droga. La música desde vehículos o “ranchadas” contribuye también a restarle a las noches su descanso reparador. De ahí, esa cotidianeidad de peleas, incendios y muertes “en riña”.

Los léxicos tumberos transmutan con gran velocidad y se difunden en redes sociales como “tik tok”. Los mensajes cifrados circularon desde el viernes 18 de agosto intensificándose durante el feriado del 21 alentando la disposición a los saqueos.

Aludían recurrentemente a “zorros” que iban en dirección a determinados barrios ordenando la movilización de “los perros”. Los comerciantes de proximidad, sensibles a esos avisos, comenzaron a bajar las persianas de sus locales. Santo y seña para que los “sabuesos” barreteadores seguidos por “la perrada” operen en un lapso calculado entre la incursión y el arribo de las fuerzas de seguridad.

¿Se trata de una planificación perfecta? No; aunque en la mayoría de los casos, objetivos y resultados suelen alinearse. También se visibilizaron ejercicios destinados al fracaso pero útiles como simulacros de futuras “pobladas” de mayor escala cuando llegue la hora de la “resistencia”. Y siempre ofreciendo como prenda sacrificial algunos “giles” para simular, de paso, la eficacia policial. Un fenómeno análogo al de los grandes “operativos” contra el narcomenudeo.

No obstante, la movilización de estas profundidades de la sociedad requiere la atención exhaustiva de sus instigadores porque las explosiones distópicas pueden desmadrarse a raíz de eventuales imprevistos. Sus impulsores saben que están jugando con masas ígneas; y por eso, no descansan hasta su consumación final. Justamente, cuando para replegar a “la perrada” es necesario recurrir a un expediente conocido: la amenaza del ataque de otra banda barrial. Broche final de una contrainteligencia archiconocida desde los saqueos de 2001.

Por último, los interrogantes de rigor: ¿Quiénes se esconden entre bambalinas? Respuesta difícil aunque adivinables en las respuestas evitativas, transferencia de responsabilidad a opositores; y sobre todo, en los silencios de “no tener datos” o que “la información está en manos de la Justicia”.

¿Confesiones de una severa carencia de inteligencia criminal o aquiescencia selectiva de delitos que alimentan diversas cajas negras de la política? La verdad probablemente se encuentre en coordenadas intermedias según cada distrito.

También resulta llamativo que semejante movilización arrojara el saldo de 66 detenidos en todo el GBA; que un 90%, poseen antecedentes penales; que hayan sido destituidos de Potenciar Trabajo solo nueve; y que algunos operativos hayan detectado “gran cantidad de armas, estupefacientes y elementos para su “corte””. Sería interesante observar su evolución penal. No sea que los “zorros” ya hayan activado las discretas diligencias de abogados “sacapresos” próximos al poder. Y que no tarden en volver a sus barrios mejor cotizados en la meritocracia del “aguante”.

Publicado en Clarín el 6 de septiembre de 2023.

Link https://www.clarin.com/opinion/conurbano-inseguridad-pobreza_0_bXCYh6KQn7.html

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