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08 01 2022

Santiago Leiras: "La política exterior de Biden es como la de Donald Trump, pero con buenos modales"










Charlamos con Santiago Leiras sobre las últimas novedades políticas en Latinoamérica y el escenario en los Estados Unidos.

Con el triunfo de Boric en Chile, el ascenso de Lula en Brasil y de la izquierda en Colombia, ¿hay un retorno de la izquierda en la región?

El fallecido Francisco Weffort, en la etapa de las transiciones democráticas, hablando de las nuevas democracias se preguntaba qué democracias empezaban a tener lugar en la región a comienzos de los años ’90.

Parafraseando a Weffort podríamos preguntarnos si hay giro a la izquierda qué izquierda retorna en la región, la radical como en Bolivia, Nicaragua y Venezuela, una más oscilante como en México y Argentina (siendo muy laxo en la definición para definir en estos términos a Alberto Fernándezo al propio AMLO) y Perú o una más moderada que no tiene hoy un interlocutor como lo tuvo en Uruguay, Brasil y Chile durante la primera década del siglo XXI

En una región más fragmentada y polarizada, el sello de la izquierda parece ser la fragmentación, procesos como el de Colombia y Brasil en 2022 o Argentina en 2023 van a permitir confirmar (o no) ese proceso de dispersión.

En este sentido, ¿ves a Boric más cercano al programa del segundo gobierno de Bachelet o muy condicionado por sus aliados de izquierda?

Hay un muy buen texto de la politóloga Wendy Hunter publicado en 2006 o 2007 donde describía la primera presidencia de Lula Da Silva en Brasil en términos del interrogante si se trataba de la primera presidencia de Lula o la tercera de Fernando Henrique Cardoso, teniendo en cuenta la impronta más ortodoxa en la materia económica que caracterizo a la primera presidencia de Lula (combinado con un tercermundismo militante en el plano externo para compensar simbólicamente el ajuste interno)

Recordando a ese Brasil entre un Cardoso III o Lula I, pienso lo siguiente: Gabriel Boric asume habiendo obtenido 23 por ciento de los votos en primera vuelta (estos son los electores propios) y con un congreso en el que se encuentra en minoría por lo cual me lo imagino a Boric I como una suerte de Bachelet III, o sea una presidencia más cercana a la Michelle Bachelet que retorno al poder de la mano de Nueva Mayoría (ya no de la Concertación) con una agenda más digamos “socialdemócrata de izquierda”. Esto por supuesto no excluye la posibilidad de tensiones internas dentro de una coalición en la cual sectores más radicalizados puedan exigir un rumbo más radical. 

No imagino entonces ni un retorno de la Concertación ni de la Unidad Popular ni una variante chavista a la chilena.

¿Podrá recuperarse Bolsonaro y ser competitivo ante un Lula que pareciera estar haciendo las alianzas necesarias con la centroderecha para retomar el poder en Brasil?

Parece difícil esa alternativa, ha habido mala praxis en materia sanitaria y esto no redundó en una performance más eficiente y efectiva en materia económica.

Me parece que la mala praxis ha pasado factura: ha perdido el apoyo de una parte significativa de los electores que lo apoyaron en 2018 empezando por sectores evangélicos que comienzan a apoyar a Lula Da Silva, de sectores que lo han apoyado por su discurso de cruzada contra la corrupción y de aquellos que se sintieron identificados por su prédica anti política archivada hoy para épocas mejores a fin de garantizar la supervivencia de su gestión y así evitar el destino de otros líderes anti políticos en Brasil como Janio Quadros (renuncia) o Fernando Collor de Mello (impeachment).

Pero tampoco el viraje hacia el centro parece reportarle apoyos entre electores que votan alternativas de “centro” que son bisagras para asegurar gobernabilidad. 

En ese contexto parece más probable que Bolsonaro intente mantener apoyo entre sus más fieles sectores radicalizados que empiezan a comprar la tesis del fraude en 2022; lo interesante será saber si tendremos en Brasil otro 6-E como aquel acontecido en Estados Unidos.

¿Por qué Lula hace esos movimientos en Brasil, tratando de despegarse de los hechos de corrupción de su gobierno, pero a la vez se muestra con Cristina Kirchner en la Plaza de Mayo en un acto cargado de simbología populista?

Pienso que estos movimientos se relacionan con una estrategia de fidelización de sus votantes, tanto los fieles como aquellos potenciales.

En esa línea hay que mirar por una parte el acercamiento a sectores moderados como Gerardo Alckhim y los rumores de una candidatura a vicepresidente del dirigente del PSDB (esto acompañado de pronunciamientos del ex presidente FHC sobre como Cardos actuaría en caso de un escenario de segunda vuelta entre Jair Bolsonaro y el propio Lula), con sectores evangélicos que empiezan a alejarse de Bolsonaro: acá la ambulancia recoge al centro y a la derecha.

Ahora bien, al mismo tiempo, encontramos gestos como el que señalas de su presencia en el último acto del Frente de Todos o la reivindicación de Daniel Ortega y en particular de su derecho de permanecer 16 años en el poder comparando ese derecho con el de la ex canciller Ángela Merkel. Semejante disparate (señalado incluso por la periodista del diario El País de Madrid que lo entrevistaba) solo puede tener sentido como un guiño a algún sector más radical de su partido.

Mientras tanto, la ambulancia va…

La situación del inexperto Pedro Castillo en Perú se torna día a día inestable. ¿Qué escenario ves de cara a un 2022 en dicho país?

Un escenario muy inestable sin duda, lo que me pregunto es si podrá Perú recuperar (y como) esa convivencia entre la inestabilidad política y la estabilidad macroeconómica previa a la pandemia.

Por lo pronto en el corto plazo, Perú va a transitar entre la inestabilidad económica (en parte producto de la pandemia) y la inestabilidad política que vive desde 2018 a la fecha, esto además en un contexto de un sistema de partidos ya no fragmentado sino pulverizado con un presidente inexperto y que no olvidemos obtuvo 16 por ciento de los votos en la primera vuelta.

Estamos frente a una tormenta perfecta en Perú.

Un nuevo equilibrio populista en la región, ¿ayuda o perjudica a los tibios intentos del gobierno de Alberto Fernández de arreglar con el FMI?

Mirá, creo que más que un contexto externo caracterizado por un nuevo giro a la izquierda lo que incentiva u obstaculiza los intentos del gobierno de AF de arreglar con el FMI son las propias contradicciones de la coalición de gobierno. 

El arreglo con el FMI es prisionero del dilema, que atraviesa a la coalición, entre privilegiar cierta racionalidad económica y/o apelar a la épica fundacional. Un acuerdo con el fondo es poco sexy, aburrido y poco épico. La épica fundacional es poco racional y con potenciales consecuencias de grandes turbulencias en los próximos años.

¿Qué criterio se impondrá finalmente? El pago reciente va en la dirección de una mayor racionalidad, hay algo que puede favorecer esta alternativa y es el hecho de la lejanía del calendario electoral, hay algo que puede perjudicar y es la propia necesidad de CFK de preservar su base electoral a partir de la premisa de que sería difícil de digerir este acuerdo para ese núcleo duro en 2023.

Parafraseando a Pablo Gerchunoff, la moneda está de canto.

¿Cuál será el rol de Estado Unidos de cara a Latinoamérica, toda vez que Biden tiene el escenario interno muy complicado en un año de renovación parlamentaria?

Ahora, parafraseando a Beatriz Sarlo, la política exterior de Biden es como la de Donald Trump, pero con buenos modales.

El rol de los Estados Unidos ha tendido a ser más bien reactivo frente a la región en las primeras décadas de este siglo y esto puede ser explicado en función de la preocupación por la amenaza del terrorismo proveniente de Medio Oriente a partir del 11-S. Solo se ha visto alterado ese papel como consecuencia de desafíos que pudieran representar una amenaza real a la seguridad nacional por ejemplo el narcotráfico en Colombia, o la inmigración procedente de México y el triángulo de Centroamérica conformado por Honduras, Guatemala y El Salvador.

No veo en principio cambios sustantivos en el rol de los Estados Unidos salvo que agreguemos algún ingrediente como puede ser la cuestión cubana o Venezuela que son un buen elemento para la campaña en distritos como Florida con población de origen hispano.

El factor China pasa a ser más relevante que el propio factor electoral, en la medida en que China ha procurado ocupar ese vació que ha dejado EUA en la región en medio de la atención focalizada en el conflicto de Medio Oriente. 

En este aspecto no hay grieta entre demócratas y republicanos.