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06 02 2021

Santiago Leiras: "Avanzar en la institucionalización puede ser buena estrategia para Juntos por el Cambio"


Autor: Esteban Lo Presti









En un año electoral, el gobierno enfrenta el problema de una campaña de vacunación sin vacunas a la vista, la inflación creciente y la presión social por el regreso a las aulas. Estos son algunos de los temas de los que hablamos con el Prof. Santiago Leiras.


¿Qué escenarios observás en este inicio del año electoral?

En principio quiero señalar tres y todos son de crisis: el año electoral comienza a desarrollarse en un contexto de crisis social, económica y sanitaria. La novedad es ésta última (la sanitaria) en un escenario internacional todavía signado por la pandemia y de incertidumbre en torno a un todavía no tan claro final de la pandemia. 

Mientras tanto en Argentina gobierna un partido/coalición/movimiento/frente en general acostumbrado a gobernar en tiempos de relativa prosperidad, sea esta originada por algún viento de cola externo o factores internos varios.

A lo largo de sus diferentes experiencias y versiones, el peronismo (recordando acá a Nicolás Maquiavelo) ha gobernado con mucha fortuna y no tanta virtú. Me intriga saber o conocer su virtú (parece que a su vicepresidente también y por eso ha señalado con gran preocupación aquello de “funcionarios que no funcionan”) en tiempos de escasa fortuna.  

El gobierno tiene tres frentes simultáneos que le marcaran la agenda política: la inflación desbocada, la falta de planificación en la vacunación, que se suma a la falta de vacunas y las discusiones por el reinicio de las clases. ¿Cómo impactarán estas cuestiones en la performance electoral?

En aquellas coyunturas en las cuales los oficialismos llegan con las variables macroeconómicas fuera de control no suelen tener buenos desempeños en el plano electoral; estoy pensando para ejemplificar en los casos del radicalismo en 1989 (en este caso particular al radicalismo le fue mal pero no tan mal teniendo en cuenta que aquellas elecciones se desarrollaron en medio de la vorágine de la hiperinflación y Eduardo Angeloz obtuvo 37 por ciento de los votos), el kirchnerismo en 2015 (aunque sin la gravedad de la crisis de 1989) o Cambiemos en 2019.

Por el contrario, en aquellas situaciones en la cuales los oficialismos llegan con las variables macro bajo control, sus desempeños son exitosos; pienso en el radicalismo en 1985, el menemismo en 1991 y 1993, el kirchnerismo en 2005 y 2011 solo para mencionar algunos. 

Tengo la impresión que las cuestiones en materia sanitaria y educativa pueden llegar a tener un impacto relativo en la performance tanto del oficialismo como de la oposición; no me imagino una elección en la cual estos temas tengan un papel decisivo. En todo caso pueden ser un factor más de malestar en un hipotético contexto de descontrol macro.

Por otra parte, hay una pulseada entre gobernadores e intendentes por un lado y la oposición (incluso podríamos sumar a La Cámpora) por el otro porque se suspendan o se mantengan las PASO. ¿Cómo se resolverá esta pulseada?

A la discusión sobre las PASO permitime agregar un factor más que es si prospera o no el pedido de los intendentes bonaerenses en ejercicio y con último mandato para modificar la ley que impide su reelección en la provincia de Buenos Aires. Eso te permite pensar cuatro escenarios (PASO/Reelección, PASO/No Reelección, Ni PASO ni Reelección, No PASO y Reelección)

Si hay PASO y no hay reelección para los intendentes, ganaría La Cámpora y perderían los intendentes y los gobernadores, pero ¿Pierde el Frente de Todos por exceso de protagonismo de La Cámpora? Es una pregunta a hacerse en un esquema de mayor radicalización.

Si hay PASO y hay reelección, pueden ganar todos (“Win/Win”) La Cámpora, los intendentes, los gobernadores y la oposición.

Veo más difícil que no haya PASO y tampoco reelección para los intendentes, más difícil todavía que no haya PASO y reelección para los intendentes bonaerenses.

Al contrario que en otras etapas de nuestra historia, la oposición parece consolidada y cohesionada, pese a que aún no se dio un esquema de institucionalización propio. ¿Le permite esto llegar a un mejor momento electoral? ¿Podrá mantenerse en el tiempo incluso si no gana las elecciones de mitad de tiempo?

Es cierto lo que señalás respecto al hecho de que la oposición no llega (por lo menos hasta la fecha y siempre que a nadie se le ocurra ir a comer pizza) dividida sin dejar de mencionar la existencia de tensiones propias de cualquier espacio plural. 

En principio y como una especie de regla general, una oposición más cohesionada llega en mejores condiciones para la competencia electoral; aunque no garantice esto necesariamente la victoria la continuidad en el tiempo de la misma puede hacer ella un producto atractivo desde el punto de vista electoral.

El gran desafío que la oposición tiene por delante es el avanzar hacia una proceso de institucionalización de Juntos por el Cambio ¿Qué supone esto? En primer lugar, establecer reglas para la resolución de los conflictos que se puedan suscitar al interior de la coalición, segundo que esas reglas sean de reconocimiento y aceptación por parte de los actores que integren la coalición (sea esta versión actual o una ampliada, eso se verá).

Avanzar en la senda de la institucionalización puede ser una buena estrategia para garantizar la continuidad de la coalición, aún en eventuales tiempos difíciles.

Si miramos las últimas tres elecciones, Cambiemos llegó al poder con un discurso moderado, incluso ganó sus elecciones de mitad de termino con dicho discurso. Pero perdió la reelección en una campaña en la que apostó a la polarización. Sin embargo, hoy los que principalmente muestran una estrategia confrontativa son quienes mejor posicionamiento tendrían. Contra todos los manuales políticos, pareciera que es una manera de mantener cohesionada a un sector importante de su electorado. ¿Es una buena estrategia?

En 2019 una maniobra inteligente (o producto de la desesperación si querés mirarlo de esa manera) de Cristina Fernández al designar a Alberto Fernández como su candidato a presidente desarticuló una estrategia basada en la confrontación con su figura. Moraleja: los otros juegan, en definitiva. 

Recordando aquella vieja canción de Jarabe de Palo depende ¿De qué depende? 

El éxito de una estrategia más confrontativa en esta oportunidad creo que va a depender de dos factores: primero si el contexto es más o menos favorable al oficialismo (el control o descontrol de las variables macro del que te hablaba en alguna pregunta anterior), el segundo tiene que con los equilibrios al interior del oficialismo es decir si tiene a mantener un mayor grado de moderación o de radicalización (lo cual terminaremos de ver seguramente en el armado de las listas y en la definición de las propias reglas del juego electoral). 

Así un contexto desfavorable y oficialismo radicalizado representan una tormenta perfecta para el oficialismo, un contexto favorable y un oficialismo moderado sería una tormenta perfecta para la oposición. Desconozco como sería un escenario mixto de contexto desfavorable y oficialismo moderado.

En el plano internacional, un tema que bien conocés, este gobierno no encuentra un rumbo. El Presidente habla poco con el Canciller y a su vez hay áreas de relaciones internacionales de las que directamente se ocupa la vicepresidente. ¿Cómo afecta nuestra imagen en el mundo este minué?

Sin duda genera inquietud y por sobre todas las cosas interrogantes respecto a quien define la política exterior, basta recordar el último episodio donde el presidente sale de alguna manera a enmendar (se ve obligado a, creo) el mensaje de la cancillería con motivo de la asunción de Joseph Biden como presidente de los EUA.

De todas maneras no parece ser la política exterior algo ajeno a los problemas de gestión del Frente de Todos; el loteo realizado mucho ha contribuido a generar estos ruidos, en los gobiernos de coalición tradicionales la distribución de espacios de poder se lleva a cabo en forma vertical, no horizontal de manera tal que queda claro para los participantes cuál es su responsabilidad; el loteo vertical de los ministerios con ministros, secretarios y subsecretarios de los diferentes sectores de la coalición conduce a la parálisis y a las contradicciones en la política del gobierno en general y en el manejo de las relaciones exteriores en particular.

Muy limitadamente, pareciera que Alberto Fernández está buscando acercarse a los países de la región, ya se reunió con Peñera en Chile y con Lacalle en Uruguay. Nada descarta que en los próximos meses hubiese algún tipo de reunión con Bolsonaro. ¿Esto implica un alejamiento de las posiciones del grupo de Puebla o son las típicas contradicciones de Fernández?

En una entrevista anterior te destacaba la existencia de una convergencia ideológica entre los gobiernos de Brasil, Paraguay y Uruguay basada en una visión común sobre la necesidad de reformular el Mercosur (o aquello que lo representa por lo menos, la imperfecta unión aduanera) y redefinir la relación del bloque con el mundo.

Una Argentina desacoplada de la “triple alianza” que caracteriza hoy al Mercosur representa claramente un problema no para Brasil o los integrantes de la “triple alianza” sino más bien para nuestro país. 

Lo que vamos a ver (una vez más) seguramente es un Alberto Fernández tupacamarizado, por un lado, tironeado por la necesidad de satisfacer al público del Frente de Todos más radical; por otro lado, por la necesidad de no dejar Argentina desconectada del Mercosur.