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30 05 2022

Radicales de pie


Autor: David Pandolfi









El viernes se reunió la Convención Nacional de la UCR; era el último ritual que faltaba para ordenar el radicalismo de cara a las elecciones presidenciales del 2023, una convocatoria ordenada, un acto prolijo, una mesa que integra a todas las corrientes internas, un radicalismo donde todas las voces se expresan permiten trazar un camino y ver la meta.
En la Convención nos reunimos radicales de todo el país, con diversas miradas sobre la realidad nacional; nos escuchamos unos a otros, discutimos y hablamos entre nosotros (no solo ese día), buscamos establecer coincidencias para generar un acuerdo mayoritario y luego se vota. Es una forma de tomar las decisiones que casi se ha perdido en la política. 
Más allá de las posturas de cada uno, son tantos años de participar con gente con la que pensamos parecido, e integramos un mismo partido, tantas luchas juntos -ganadas  y perdidas- que cada vez que nos reunimos para soñar el país uno no deja de encontrarse con compañeros de una y mil batallas -cada una irrepetible y plagada de anécdotas- y con la mirada puesta en los próximos desafíos.
El sacarnos fotos, el reencuentro, el volver a los abrazos perdidos, el ir a tomar algo juntos y el escuchar a dirigentes que tengan que explicar a sus convencionales que hacen forman parte de la política que espero que nunca desaparezca, forman parte de la riqueza de la política.
Porque de eso se trata la convención: definir para qué hacemos política (nuestra plataforma o ideas del momento), y los medios que vamos a utilizar para cumplir nuestras metas (la política de alianzas o electoral).
Y el viernes era claro el rechazo a los populismos, a aquellos que proponen siempre soluciones sencillas (y falsas) a problemas complejos, y que luego chocan con la realidad una y otra vez. Sean de derechas o sean de esa turbia colección de autoritarios que supo cosechar el kirchnerismo y nos han llevado a la crisis donde hoy estamos parados, nunca mejor dicho parados, porque carecen de rumbo, o de movimiento.
La discusión de para qué queremos el poder siempre debe preceder a acceder al poder, y la discusión del para qué, es la que diagrama la Convención. 
Hoy, todos los argentinos padecemos un gobierno que se ha formado sin saber para qué son gobierno, han loteado entre ellos los espacios, y solo son eficaces en cada lotecito para trabar al otro. Gerardo Morales contaba la dificultad en encontrar interlocutores operativos en el gobierno, y la ineficacia de ese modelo de gestión no hace falta que nadie la cuente. 
Tampoco la idea debe ser amontonar opositores solo para ganar las elecciones, una coalición que ha superado el 40 % de los votos en cuatro ocasiones consecutivas no debe ser agrandada de cualquier manera, sino con sectores que sean útiles, que se pueda conseguir consensos lógicos para administrar el poder en los próximos años. Se debe ampliar para conformar un gobierno de coalición de distintos partidos que sea coherente, para incoherentes nadie le va a ganar al actual oficialismo. Tampoco da volver a formar una coalición electoral para un gobierno monocolor, como sucedió con la gestión de Macri.
Pero también era claro el mensaje de no dejarse intimidar, de no ser una copia moderada de unos u otros, tanto en economía (“tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario” repiten una y otra vez), como en la negación de las libertades políticas que unos y otros sostienen.
Porque las libertades se pierden con el sistema de explotación laboral que el kirchnerismo y la izquierda pregonan en la forma que usan los planes sociales para sacar todo derecho a los que no tienen nada. 
Nadie tiene menos derecho laboral que aquellos que son explotados a través de cooperativas de trabajo manejadas desde el poder (como aquellas que armó la Cámpora en Quilmes) donde no hay derecho a huelga, ni aguinaldo, ni vacaciones, ni régimen indemnizatorio, ni de licencias. Solo la voluntad del patrón/puntero. 
El colmo es una izquierda que ha terminado organizando gente sin empleo, para reciclar basura. Si el Che viviera, los hubiera fusilado el primer día.
También se integraba a la conducción de la Convención el Foro de intendentes radicales, que hoy suman 412 municipios. Son experiencias de gobierno exitosas, muchas en provincias de otro signo político.
También es clara la necesidad de explicitar un programa de gobierno para discutir y consensuar con los aliados en la coalición, y la Convención tiene el rol de volcarlo al papel, como hoy lo hacen las fundaciones radicales y los legisladores cuando firman los proyectos de ley. Se debe dar homogeneidad a la propuesta, a la forma de gestionar que centenares de radicales que tienen responsabilidades de gestión en todo el país ejercen.
Si algo sobrevolaba en la Convención era la convocatoria a un sueño, a candidatos radicales en cada pueblo, en cada provincia, y para la presidencia, a discutir y ganar el liderazgo de la oposición; en ser el recambio que se viene a un gobierno que ha fallado como nunca en la gestión y no ha logrado convencer a sus propios dirigentes, ni a sus votantes. 
Tal vez, sea el inicio de un largo camino, donde el radicalismo tenga la potencia suficiente para liderar la oposición y generar una coalición lo suficientemente amplia para ganar las presidenciales y lo suficientemente coherente como para gobernar en el futuro, en base a denominadores comunes, (como las libertades públicas y la solidaridad).
Gastón Manes viene poniendo el cuerpo al radicalismo, lo veo en cada ocasión en que voy a actividades en el distrito, y es a quién le ha tocado liderar el máximo cuerpo partidario.
En 1982 unos pocos miles de radicales nos reunimos en la Federación de Box, un frío día de julio, para escuchar a Raúl Alfonsín romper el Estado de Sitio y desafiar la dictadura. Ese día empezó una larga campaña por la presidencia, pocos podrían imaginar que fue el primero de más de seiscientos actos, de tres recorridas por el país que lo llevaron a la presidencia.
El viernes en la Convención Nacional, Gerardo Morales y Facundo Manes dieron el primer paso, abrazados, para su campaña presidencial (que también imagino larga), pero, es claro que solo uno se anotará en las PASO como candidato a presidente y desafiará a los candidatos del PRO u otras fuerzas de la coalición para devolver la lógica que ha perdido la política argentina, el radicalismo es quien lidera la oposición. 
La UCR gestiona desde centenares de centros de estudiantes, facultades, universidades, organizaciones profesionales, intendencias o provincias y esa forma de acumular experiencia de gestión y de construir opción de poder tendrá peso en la próxima campaña electoral, porque será un año de elecciones desdobladas y en un momento en que el oficialismo nacional cede en cada ámbito en que compite.
Tal vez sea el puntapié de una campaña que luce larga, a la que hay que darle coherencia, denominadores comunes; generar un gobierno razonable, previsible y eficiente. Tal vez unidos en un abrazo estemos viendo al próximo presidente radical, está en nosotros hacer realidad ese sueño.