martes 21 de mayo de 2024
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Proyecto de Ley Bases: al borde de una oportunidad perdida

El proyecto de Ley de Bases es una oportunidad perdida para realizar un cambio estructural en la Argentina, que siente las condiciones jurídicas para el desarrollo de un nuevo paradigma: una renovación institucional con fundamento en una economía de mercado competitiva. Algo mucho más profundo que una teoría económica; una elección política que se traduzca en un arte de gobernar distinto.

Hasta acá todo ha sido de coyuntura. Y es comprensible, dado el estado de la economía que dejaron años de un sistema miope y cortoplacista, que se agotó de tanto centrarse en distribuir y no en generar. La secuencia no puede agotarse ahí; el discurso debe volverse performativo. Y eso se logra con una transformación institucional, que cree el marco de confianza para la inversión, sin la cual todo es promesa.

Con la delegación de facultades legislativas, el Gobierno lograría margen de maniobra para saltear los límites de su fragilidad parlamentaria; y con el blanqueo, una fuente de financiamiento para las reservas, que faciliten el ansiado levantamiento del cepo. Pero eso es coyuntural, no de fondo.

Un gobierno que auspicia una revolución con fundamento en la innovación profunda, debería propiciar un nuevo ecosistema jurídico para la inversión. Lamentablemente el corazón argumental de su propuesta legislativa tiene rasgos de repetición que no hace diferencia: moratoria laboral e impositiva (más un blanqueo), y remedios de la década del noventa del siglo pasado, que pueden haber funcionado bien cuando el mundo y la Argentina eran otros.

Una iteración del absurdo, que ataca el efecto y no la causa: perdón estatal por violar un marco jurídico de difícil o imposible cumplimiento. Porque eso y no otra cosa son las normas impositivas y laborales, el famoso “costo argentino”. No tiene sentido mantener el mismo régimen para otorgar cada cuatro años una dispensa: una invitación a incumplir, sabiendo que en un plazo se termina pagando con descuento y en cómodas cuotas.

Para avanzar en una secuencia de auténtica transformación, hay que modificar radicalmente todo el marco jurídico en esta materia: crear un “Código para la Inversión Privada” sería una verdadera revolución liberal impulsada por una norma, en la que valdría la pena gastar todo el capital político y más.

En el caso de los impuestos, con una simplificación en la estructura impositiva y en las alícuotas. Hoy es tan anacrónico el sistema, que con una recaudación que cayó 15% en términos reales, los impuestos que importan a los fines recaudatorios son los más distorsivos para el comercio exterior: las retenciones y el “país”.

En lo laboral hay que cambiar la constante histórica: respecto del derecho colectivo, la salida es la preponderancia de los convenios por empresas, que den cuenta de los privilegios del modelo fascista que ya tiene casi cien años. En el derecho individual, reformas que no se limiten a lo cosmético, que simplifiquen las opciones y las condiciones para contratar más y mejor.

Libertad es la garantía de ser respetado mientras se cumpla con la ley; también de pensar y opinar sin que el Estado diga que pensar y opinar; y la participación en la elección de los gobernantes, de modo que obedecer al Estado sea obedecerse.

Pero hay un aspecto que no se puede olvidar: en nuestra época, debe incluir la movilidad social, que sólo es posible con inversión que se traduzca en una economía en crecimiento. Nada de eso es realizable sin un cambio normativo fundamental para la inversión.

Publicado en Clarín el 13 de mayo de 2024.

Link https://www.clarin.com/opinion/proyecto-ley-bases-borde-oportunidad-perdida_0_eWwktB9sLM.html

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