sábado 2 de marzo de 2024
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Pedro Sánchez: “Mucho más peligroso que Vox es que el PP asuma sus políticas”

Entrevista de Pepa Bueno y Carlos Cué para El País de España.

Pedro Sánchez (Madrid, 51 años) ha ido encadenando victorias aparentemente imposibles en toda su carrera. Esta vez, tras la dura derrota de las municipales, tampoco es el favorito para las generales del 23-J. Pero confía en darle la vuelta gracias a la reactivación de los progresistas ante los pactos autonómicos del PP y Vox, que ahora llegarían a La Moncloa, y también con la reagrupación de la izquierda en Sumar. Y sigue aspirando a que se valore la gestión de estos años difíciles. La entrevista se realizó el viernes en el Museo Reina Sofía, en Madrid, y se ha actualizado el sábado.

Pregunta. En las elecciones del 28-M crecen el PP y Vox. ¿Se está derechizando España, como está ocurriendo en buena parte de Europa?

Respuesta. España no es ajena a esa corriente reaccionaria. Pero el 28-M lo que hubo fue una concentración del voto conservador en dos fuerzas políticas, el PP y Vox, un PSOE que retrocede mínimamente, aunque pierde poder institucional, y una dispersión muy acusada en el electorado a la izquierda del PSOE. Ha habido una movilización muy importante del electorado conservador, y débil del electorado progresista. Esto es lo que tenemos que revertir de cara a las elecciones del 23-J.

P. Las transformaciones necesarias para la transición ecológica están dejando perdedores que buscan refugio en la extrema derecha. ¿Cómo recuperar a las clases medias para el voto progresista?

R. Hemos gobernado para las mayorías sociales. El PP y Vox no están planteando un proyecto político para las mayorías. Dos de cada tres españoles están de acuerdo en los impuestos a las grandes fortunas, a las energéticas o financieras, o en políticas para mitigar los efectos del cambio climático.

P. Los votantes de Ciudadanos se han ido masivamente al PP. En la derecha no se pierde un solo voto. Sin embargo, los que no han votado a Unidas Podemos no han ido al PSOE, se quedan en casa. ¿Por qué?

R. Después del 28-M estamos en un escenario político nuevo. Los españoles cuentan con una información que no tenían antes. El PP y Vox, ya sin ambages, asumen que tienen que gobernar en coalición. Y además ya no hay dispersión a la izquierda del PSOE. Hoy existe un nuevo proyecto político, liderado por Yolanda Díaz, que se llama Sumar. En todo caso, el PSOE tiene una responsabilidad intransferible, porque de la victoria del PSOE dependerá en buena medida que España continúe avanzando durante los próximos años.

P. En la anterior campaña, usted apeló a la gestión, y la derecha a las emociones, con una idea: “Echar a Sánchez”. ¿La nueva política ya no va de gestión, sino de emociones?

R. Yo creo que ambas cosas funcionan en política. El PP y Vox no tienen un proyecto político más allá de derogar el sanchismo. Si hace un año hubiera dicho que la economía española iba a crecer al 2,1% en 2023, después de una pandemia y en plena guerra, que íbamos a doblar el crecimiento de la zona euro, que íbamos a crear más empleo que Italia, Francia o Alemania, me hubieran dicho que pecaba de optimista. Pero está sucediendo. Y no es por casualidad. Derogar lo que funciona es gripar la economía española. Creo que estos cinco años son una historia de éxito colectivo como nación. Hemos superado una pandemia, hemos dado un ejemplo al mundo en vacunación y estamos sorteando una de las mayores crisis inflacionarias en décadas.

P. La derecha apela a una épica, la de echar a Sánchez. ¿A qué épica apela usted?

R. Al avance, a que España continúe avanzando. Derogar no es un proyecto político, es retroceder 5, 15 o 20 años.

P. ¿Cómo hará que esa gestión económica o las políticas de protección social tengan la respuesta en las urnas que no tuvieron el 28-M?

R. El resultado electoral de hace tres semanas lo que nos dice es que estamos a tres puntos del PP. El bloque conservador obtuvo un 39%, lejos de lo que dicen algunas encuestas que lo colocan en el 49%. Creo que podemos darle la vuelta. Los partidos que quieren derogar reformas que hemos pactado con Bruselas y con los agentes sociales están poniendo en riesgo la recepción de los fondos europeos. El PSOE y el Gobierno de coalición progresista tienen un plan económico definido, concreto, claro, y enfrente no tenemos nada. Cualquier error en política económica implicará un coste muy alto.

P. ¿Ha leído el acuerdo entre el PP y Vox en la Comunidad Valenciana? ¿Qué consecuencias puede tener el exportarlo al Gobierno de España?

R. Hace unos meses, un líder europeo me decía que las elecciones en España son muy importantes, porque si hay un giro a un Gobierno del PP con Vox se van a romper los equilibrios dentro de Europa. Hay algo mucho más peligroso que Vox, y es un PP que asume los postulados y las políticas de Vox. Y esto es lo que estamos viendo: el negacionismo de los consensos políticos, sociales y científicos. El que el Gobierno de la Comunidad Valenciana no plantee ni una sola frase sobre el cambio climático es un negacionismo peligroso para la inversión extranjera. Negar la violencia de género no puede ser más que retroceder. Esto es lo que nos estamos jugando el próximo 23-J.

P. Hay trasvase de voto del PSOE al PP, lo detectan todos los sondeos poselectorales. ¿Confía en que el pacto en Valencia con Vox pueda frenarlo?

R. Tenemos el deber de advertir a la sociedad española sobre las graves consecuencias que puede tener un Gobierno del PP con Vox. El 28-M algo quedó claro, y también este sábado, y es que si suman PP y Vox, Santiago Abascal va a ser vicepresidente del Gobierno. Eso no lo niega nadie.

P. ¿El PSOE ha perdido voto femenino, una de sus grandes banderas?

R. Si uno analiza los datos de manera objetiva, los principales votantes del PSOE siguen siendo las mujeres. Son las que sustentan la base electoral del PSOE. Durante estos cinco años, el Gobierno de coalición progresista ha hecho una política en favor de la igualdad, con el salario mínimo, la revalorización de las pensiones. Estamos destinando 320 millones de euros en 2023 a políticas de violencia de género, cuando en 2018, en los últimos Presupuestos de Rajoy, se destinaban 80 millones.

P. ¿Cuánto daño ha hecho la gestión de la ley del solo sí es sí en ese voto femenino?

R. La reforma, efectivamente, fue un error. Yo lo he reconocido como tal, he pedido disculpas y la corregimos. Pero el compromiso del PSOE y de la coalición progresista con el bienestar, los derechos y las libertades de las mujeres es inequívoco, total y rotundo.

P. Hace un año y medio este periódico publicó una encuesta en la que se concluía que este Gobierno hacía cosas buenas, pero caía mal. ¿Ya saben por qué caen mal?

R. Este es un Gobierno que ha tenido que enfrentarse a una pandemia, hemos tenido que confinar a millones de españoles para poder protegernos ante un virus desconocido. Estábamos saliendo de la pandemia y, de repente, Putin invade Ucrania. Y el PSOE sigue manteniendo un 28% de apoyo. Hemos demostrado que podemos lograr grandes transformaciones con paz social. La derecha, ¿qué ha dicho siempre? Que la mejor política social es la creación de empleo. Bueno, pues hemos creado empleo como nunca y hemos hecho política social como jamás.

P. Y entonces ¿por qué no arrasaron en las elecciones del 28-M? ¿Qué falló?

R. El otro día, en Moldavia, me decía un líder europeo: “Si yo tuviera la inflación que tiene España, estaría disparado en las encuestas”. Creo que hay una barrera que tiene mucho que ver con la desinformación, los bulos y las mentiras que propagan medios de comunicación alineados con las tesis más conservadoras. Y también una oposición desleal que bloquea. El PP dice “es Sánchez o España”. Es muy peligrosa esa disyuntiva, porque lo que quiere decir es que aquellos que no votan al PP o a Vox, no somos España, somos la anti-España. Recuerdo algo que decía Pedro Zerolo: “La diferencia entre la derecha y la izquierda es que todos queremos a España, pero ellos defienden un modelo de sociedad en el que no cabemos nosotros, y nosotros defendemos un modelo de sociedad en el que cabe todo el mundo”.

P. Si se fija, todos los factores de desgaste de los que habla son exógenos: la pandemia, la oposición, los medios. ¿Reconoce algún error propio?

R. He reconocido un error, por ejemplo, la ley del solo sí es sí. Es un error que lamento, y lo corregí. A partir de ahí, he tenido que tomar decisiones muy difíciles, arriesgadas y yo diría que hasta incluso controvertidas. Hasta ahora mismo no me ha preguntado nada sobre Cataluña, y no es casualidad. Cataluña ha sido durante los últimos 10 años un monotema en la política española. Hoy no lo es. Yo sé que hay muchos españoles que me votaron en 2019 y que hoy, a lo mejor, están pensando en no votar al PSOE porque no entendieron medidas como los indultos a los líderes del procés. Pero hay que mirar cómo está Cataluña ahora. La política es resolver problemas.

P. A propósito de Cataluña, efectivamente, la situación es mucho mejor de la que se vivió en 2017 o en 2018, y, sin embargo, a los que han propiciado esa búsqueda del diálogo, las urnas los han penalizado. Al PSOE en el conjunto de España y a ERC, en Cataluña. ¿Buscar salidas a los conflictos no renta electoralmente?

R. Son decisiones difíciles. Pero hoy la situación en Cataluña nada tiene que ver con la de 2017, 2018 o incluso 2019, en plenas elecciones, cuando veíamos los contenedores arder en las calles de Barcelona. Hoy no ocurre eso. Hoy el PSOE es la primera fuerza política en Cataluña, un partido constitucionalista, un partido que defiende la unión de España. Y yo creo que esto es una gran noticia para España.

P. Bildu ha sido uno de los grandes temas de la campaña anterior y ya asoma en esta. ¿Por qué les cuesta tanto explicar los acuerdos con Bildu? El jueves la oposición pedía la dimisión del delegado del Gobierno en Madrid por unas palabras sobre el apoyo parlamentario de Bildu en momentos difíciles, y él pidió disculpas después.

R. Es paradójico, ¿no? Porque cuando el PP apoya leyes impulsadas por Bildu en el Parlamento vasco, yo no veo que en los medios conservadores salga a cuatro columnas en primera página. Y también es paradójico porque cuando hablan de ETA, de una organización a la que la democracia derrotó hace 12 años, se olvidan, premeditadamente, de recordar que Aznar acercó a presos de ETA en plena escalada de violencia, que negoció con ETA y les llamó Movimiento Vasco de Liberación Nacional. La distancia que el PSOE tiene con Bildu es abismal. Abismal. Nosotros no tenemos un acuerdo de gobierno con Bildu. Nosotros hemos aprobado una reforma de las pensiones con muchos partidos políticos, entre ellos Bildu, pero también el PNV, ERC, Podemos. Y no ha salido, por ejemplo, una de las principales medidas o compromisos del Gobierno, como fue la derogación de la llamada ley mordaza, porque no transigimos con algunas exigencias de Bildu y ERC. Aprobamos la reforma laboral con ERC y Bildu en contra y el voto a favor de Ciudadanos. Este sábado [por ayer], en Pamplona, el PSN le da la Alcaldía a UPN [los conservadores navarros, y no a Bildu].

P. ¿Y en Barcelona? El PP ha votado al PSC.

R. Barcelona vuelve a contar con un alcalde socialista, como en sus mejores momentos. Un gran éxito. La renuncia de Colau dejó sin argumentos al PP, que estaba dispuesto a apoyar a un alcalde independentista antes que a un gobierno socialista. Ahora se abre una etapa muy ilusionante para la convivencia y la transformación de la ciudad.

P. ¿Y entre sus votantes, han hecho suficiente pedagogía sobre el tema Bildu?

R. Hay que diferenciar lo que es un acuerdo de gobierno y lo que son acuerdos puntuales parlamentarios. Un acuerdo de gobierno es lo que hemos visto entre el PP y Vox. Con consejeros, con acuerdos de gobierno programáticos. Y otra cosa es que las reformas se hagan con unas fuerzas parlamentarias o con otras. Lo importante no es con quién, es el qué. Y el qué es la revalorización de las pensiones y la reconstrucción del Pacto de Toledo.

P. Usted ha presidido el primer Gobierno de coalición desde la recuperación de la democracia. Pasó de no conciliar el sueño con la expectativa de gobernar con Podemos a hacerlo durante cuatro años muy intensos. ¿Qué balance hace?

R. Muy positivo. Es uno de los gobiernos más transformadores y reformistas de la historia de nuestra democracia. Hemos aprobado 200 leyes. Ahora no necesitamos ya aprobar tantas sino consolidar estas.

P. ¿Qué no repetiría de lo que ha hecho en el Gobierno de coalición?

R. No nos ha sobrado impulso reformista, pero sí nos han sobrado decibelios en el debate interno del Gobierno de coalición progresista.

P. ¿Repetiría la coalición?

R. El PSOE sale a ganar las elecciones. Todos los candidatos aspiramos a gobernar en solitario. Pero asumiendo una realidad fragmentada, entiendo que después del 23 de julio conformaremos un Gobierno de coalición progresista con Yolanda Díaz y con Sumar. Que, por cierto, puede ser un Gobierno de coalición más fácil y más funcional, porque hemos trabajado de manera leal y eficaz en todas las leyes que han tenido que ver con Yolanda Díaz y con lo que representa hoy Sumar.

P. Hablaba antes del error del solo sí es sí. ¿Se arrepiente de no haber prescindido de Irene Montero en el Gobierno, como le pedían algunos en el PSOE?

R. Son públicas y notorias las discrepancias que mantuvimos desde el PSOE con Irene Montero sobre esta cuestión. Lo que yo intenté desde el primer momento es llegar a un acuerdo con mi socio de coalición. Desgraciadamente, no pudo ser así. Asumo el error de la ley en primera persona y me disculpo y pido perdón sobre todo a las víctimas de estas agresiones sexuales. A partir de ahí, yo, sobre todo, lo que he antepuesto siempre es la estabilidad institucional y política. Creo que el desempeño de este Gobierno de coalición progresista ha dejado un buen sabor de boca entre los progresistas de este país. Pero insisto, el contexto al que nos estamos enfrentando es tan inédito, por grave, por complejo, que, evidentemente, eso tiene su repercusión electoral.

P. La división del feminismo ha desgarrado a un movimiento que goza de enorme vitalidad. Usted ha vivido la fractura dentro de su partido y ha ocurrido durante su mandato. ¿Qué responsabilidad asume en esta fractura de su Gobierno?

R. Creo que todas aquellas personas, hombres y mujeres, que nos consideramos feministas tenemos que ser conscientes de que el feminismo es sobre todo integrador. Hacer del feminismo una herramienta de confrontación social es un error. Tenemos que reconstruir esa unidad en el feminismo, volver a dotarla de su capacidad de integración social.

P. ¿Ha sido otro error mantener al frente del CIS al cuestionado José Félix Tezanos, que tampoco acertó en el 28-M?

R. Se podrá o no estar de acuerdo con las interpretaciones y las estimaciones que se puedan hacer desde el CIS, pero, desde luego, lo que no se puede discutir es la calidad, la transparencia y la publicidad de todos esos datos brutos. El PSOE está tres puntos por detrás del PP y, por tanto, la victoria es posible. Yo creo que hay partido y creo que merece la pena que esa España progresista salga a votar. La desmovilización que vimos el pasado 28 de mayo de esa España progresista trae como consecuencia que hoy tengamos en muchos ayuntamientos y comunidades autónomas gobiernos del PP con Vox.

P. Acabaron el año 2022 provocando mucha tensión política, con las reformas atropelladas de la sedición y de la malversación para atender a sus socios parlamentarios de ERC. ¿Calcularon mal el efecto social de esas reformas que el Tribunal Supremo ha ignorado, con lo cual apenas tendrán efecto?

R. La política es resolver problemas, aportar soluciones a graves conflictos que han minado la cohesión y la unidad de España, como es el conflicto en Cataluña. Durante siete años, la Administración del PP negó el conflicto. Y también echó gasolina a ese fuego que provocó el independentismo. Yo sé que es difícil, que he tenido que tomar decisiones que hay gente que no comprende, pero pedí ese voto de confianza y ahí están los resultados. Hoy en Cataluña el independentismo no tiene el apoyo social que tuvo hace cinco años y la primera fuerza política es constitucionalista. Yo creo que, con los hechos, también con mis errores, he demostrado que he trabajado por esa estabilidad y por esa convivencia.

P. Europa parece estar entre dos gigantes a punto de iniciar una batalla. ¿Cuál debe ser su papel en el nuevo orden internacional y cuál el lugar de España?

R. Europa puede ser el arquitecto de ese nuevo orden internacional. Podemos serlo en la inteligencia artificial, planteando una perspectiva humanista de la transformación digital. De hecho, una de las propuestas que le hice al presidente [Joe] Biden en mi visita a Washington fue por qué no trabajamos conjuntamente Europa y Estados Unidos en un reglamento, junto con otras grandes naciones del mundo, para controlar el desarrollo de la inteligencia artificial. Europa tiene que ser una voz que se escuche con claridad. ¿Y eso qué implica? Que esté conformada por unos Estados miembros que tengan gobiernos que apuesten no por negar estos desafíos.

P. Uno de los reproches más frecuentes de la oposición a su presidencia durante estos años es que la ha ignorado en política exterior. Por ejemplo, en la relación con Marruecos, que incluyó un giro histórico a propósito del Sáhara. ¿Eso cambiaría en una nueva legislatura? ¿Estaría dispuesto a compartir con la oposición estos desafíos?

R. Nosotros siempre hemos tendido la mano en esto y en otros muchos asuntos a la oposición. Cuando estaba negociando los fondos europeos, el PP fue allí a boicotear su aprobación. Cuando acordamos con la Comisión Europea la reforma de las pensiones, allí que fue también de nuevo el PP a boicotear. Y cuando aprobamos la solución ibérica, de nuevo boicotearon. Hemos tenido enfrente una oposición desleal y que solamente ha primado el bloqueo con Casado y con Feijóo. Ha sido francamente difícil llegar a grandes acuerdos de país con la oposición.

P. Feijóo dice: “Si no gano, yo me voy”. Usted, si no gana, ¿se iría?

R. Yo entiendo que me haga usted esa pregunta. Pero, ¿qué candidato sería yo si antes de salir al terreno de juego estuviera especulando con qué va a pasar de mí o de mi equipo si no gano el partido? Nosotros salimos a ganar. Hemos gobernado para las mayorías y ellos han hecho una oposición no para las mayorías, sino para unas élites que no se presentan a las elecciones, pero que están muy presentes en la explicación de muchas de las posiciones políticas de la derecha en nuestro país.

P. Con usted como secretario general, el PSOE ha sorteado el destino del Partido Socialista francés, del Partido Socialista griego, los socialdemócratas italianos que han estado o están a punto de desaparecer. Si pierden ahora las elecciones, ¿el PSOE corre riesgo de fracturarse o emprender esa senda?

R. Si algo hemos visto a lo largo de estos años, ha sido precisamente la ruptura del PP en dos. Primero en tres y ahora en dos. El PSOE es un partido que mantiene un 28% de apoyo electoral, después de una pandemia y en plena guerra. Hay pocos partidos políticos en Europa que tengan un respaldo social como el que tiene el PSOE. De la victoria del PSOE depende que España continúe avanzando cuatro años y esa responsabilidad es intransferible. Necesitamos más tiempo para que se consoliden las reformas. Tiene que echar raíces la reforma educativa, la de las pensiones, la laboral. No pueden ser pisoteadas ahora mismo, justo cuando están empezando a dar sus frutos

P. ¿Qué es el sanchismo?

R. El sanchismo es la vieja estrategia de la derecha cuando está en la oposición. Es deshumanizar, caricaturizar, pintar al líder progresista que está al frente del Gobierno como una persona egoísta, que no tiene ningún tipo de escrúpulo y que hace cualquier cosa por mantenerse en el poder. Lo hicieron con Felipe, llamando felipismo al socialismo; lo hicieron con José Luis, llamándolo zapaterismo; y lo hacen conmigo, llamándolo sanchismo. Pero el sanchismo, el felipismo, el zapaterismo, no dejan de ser el socialismo, que es la principal fuerza transformadora que ha tenido este país, por fortuna, durante los últimos 40 años de democracia.

P. ¿Por qué cree que funciona el antisanchismo?

R. Bueno, pues porque hay una España conservadora que, evidentemente, asume y asimila esos postulados y esos discursos que generan odio. “O Sánchez o España”. Me recuerda a lo que decía Trump. “O EE UU o socialismo”. Si yo les digo “o Feijóo o el planeta Tierra”, “o Feijóo o la felicidad”, “o Feijóo o Europa”, ¿ustedes qué me dirían? Que este señor me está tomando el pelo. Yo no dudo de que ellos quieran a España y que sientan a España. La sienten y la quieren de una manera distinta a la mía, pero yo la respeto. Considero que eso es España también. Aquí lo que hay es una disyuntiva clara y es si España avanza o España retrocede. Si tiene un presidente de Gobierno progresista o tiene a Feijóo de presidente y a Abascal de vicepresidente. Por eso anticipé las elecciones, porque creo que es importante que España clarifique y dé un mandato inequívoco a quien vaya a ser el próximo presidente del Gobierno. Nosotros tenemos el orgullo, el proyecto, el plan y los hechos que atestiguan que España necesita y merece cuatro años más de políticas progresistas.

Publicado en El País el 18 de junio de 2023.

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