jueves 30 de mayo de 2024
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No hay mejor política que el crecimiento del empleo privado

“Nunca desperdiciemos una buena crisis”. La frase es de Churchill y la popularizó durante la crisis del 2008 Rahm Emanuel, el Jefe de Gabinete de Obama. Con esa frase como guía, Obama no solo enfrentó la emergencia del 2008: también realizó cambios institucionales que fortalecieron el sistema financiero internacional frente al riesgo de nuevas crisis. Hace poco, Emanuel reiteró la frase en el Washington Post. Ahora propone “aprovechar” la crisis para mejorar el frágil sistema de salud de Estados Unidos.

Con ese espíritu, deberíamos mirar el futuro. Hoy el país no tiene un fondo anti cíclico, ni crédito internacional y ni una moneda estable. El único recurso es la emisión y el impuesto inflacionario para ayudar a sostener a la gente sin trabajo y a las empresas en peligro. Con suerte, el Estado va a aportar un 3% del PBI para enfrentar la pandemia. Después de la crisis, deberá lidiar con el exceso de liquidez.

Un reciente artículo de Hernán Lacunza pone en blanco y negro nuestra debilidad: para la emergencia: Chile pone 15% del PBI, Perú el 11%, Brasil el 7%, Paraguay y Uruguay el doble que nosotros.

La primera es que habrá otros shocks externos: por sequías o excesos de precipitaciones -porque el cambio climático está para quedarse-, por caída de los precios de las exportaciones, por disrupciones en el comercio global, por cambios tecnológicos que afecten el empleo, por nuevas pandemias o por circunstancias que –como la actual crisis- no se pueden prever.

La segunda es que si no cambiamos, los shocks nos van a encontrar cada vez más débiles.

Hay –al menos- cuatro temas para cambiar: Primero: Una gestión del presupuesto sujeta a normas en los tres niveles de gobierno: eso supone llegar a un consenso de todas las fuerzas políticas y sociales para el presupuesto del 2030 y para los presupuestos intermedios hasta dicha meta. En ese año deberá haber un equilibrio estable y un fondo anti cíclico para enfrentar los futuros riesgos. Dar a las pautas presupuestarias entidad constitucional, que impida a los tres poderes del Estado gastar sin recursos. Eso incluye al Poder Judicial: adecuar los fallos que tengan impacto presupuestario a las posibilidades de pago del Estado.

Segundo: Sustituir paulatinamente los subsidios a la pobreza por inversión en educación. Si antes de la pandemia la pobreza era del orden del 35% pero llegaba a más del 50% entre jóvenes y niños, la nueva prioridad deberá ser la mejora de la calidad y la equidad de la educación. Está probado en la experiencia internacional y también en la vida de los hijos de los inmigrantes que llegaron a nuestro país, que la forma de salir de la pobreza es la educación. Cuanto mayor sea el porcentaje de nuestros jóvenes y niños que se formen como técnicos, profesionales, empresarios, artistas, científicos o docentes menor será la pobreza y mayor la capacidad para atenuarla. Dos principios deberían ordenar la educación: responsabilidad ciudadana y capacidad para el trabajo.

Eso compromete más inversión y la convocatoria a expertos. Pero sobre todo un cambio en los incentivos de todos los actores del sistema educativo, desde los gobernadores hasta los padres y los alumnos.

En tercer lugar, recordar otra frase de Churchill: “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar y muy pocos lo miran como el caballo que tira el carro”. Muchos políticos que viven de los que tiran del carro ven a los empresarios como lobos o como vacas.

En algunos casos, esos mismos políticos, inventan supuestos empresarios para robar fondos públicos.

Las empresas tiran un carro demasiado pesado y son pocas. Si en Europa o Estados Unidos hay más de cien por cada mil habitantes, en Chile hay 50, en nuestro país apenas hay 15. Sin una mayor base empresarial el país no tiene destino.

La creación y el fortalecimiento de empresas argentinas es prioridad. Terminemos con la fantasía de “vienen las inversiones”. Las inversiones no “vienen”. La inversión es un fenómeno endógeno y las vocaciones empresarias son argentinas y se deben apoyar y alentar.

Eso supone, reducir paulatinamente la carga impositiva y burocrática a las empresas y priorizar la gestión del desarrollo económico en los tres niveles de gobierno.

Cuarto: Cambiar los incentivos de los gobiernos provinciales y municipales. Mientras muchos de esos gobiernos vivan de la plata que viene de arriba y de los votos que se consiguen abajo, se alimenta una red clientelar que agranda el empleo público subnacional y se limita la creación y el fortalecimiento de empresas.

Una nueva ley de coparticipación debe establecer premios a la mejora de la educación y a la gestión del desarrollo de cada una de las provincias. No hay mejor política pública que el crecimiento del empleo privado, formal y competitivo.

Publicado en Clarín el 3 de mayo de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/mejor-politica-crecimiento-empleo-privado_0__SirDOQMK.html

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