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08 03 2020

Necesidad de tolerancia


Autor: Rodolfo Terragno









La intolerancia del gobernante, al igual que su soberbia, devasta al pueblo y arrasa con la justicia. Lo dijo Voltaire en 1728. El filósofo francés atribuía la intolerancia a los dogmas y al fanatismo. El fanatismo, a su juicio, era alimentado por la Iglesia y las facciones políticas, que inculcaban “supersticiones” para “embrutecer” a los súbditos y convertirlos en militantes incondicionales.

“La Iglesia” era, en él, sinónimo de “religiones”. “Facciones políticas” eran los llamados “clubes”: unos, partidarios del sistema monárquico; otros, clandestinos, contrarios a la monarquía. Hoy diríamos que era un enfrentamiento entre partidos de derecha y de izquierda.

Dogmas y fanatismo, que conducen a la intolerancia, suelen tentar a quienes ejercen el poder y a quienes aspiran a ejercerlo. Las crisis político-económicas agudizan la intolerancia y tienden a dividir a los pueblos.

Como una metáfora de lo que ocurre en las sociedades, en el río Uruguay bagres y tarariras nadan juntos; pero cuando viene la correntada los bagres van por un lado y las tarariras por otro. Es así como las crisis separan a las sociedades. Pero los bagres y las tarariras tienen una ventaja: cuando la correntada desaparece, ambos vuelven a nadar juntos.

En política, las crisis pueden dejar intolerancias perdurables. Hacen falta líderes que toleren la intolerancia y se esfuercen en unir partes. Cuando esto ocurre, se advierte que la intolerancia pudo haberse resuelto mucho antes. La historia contemporánea de la Argentina ofrece ejemplos de intolerancia/tolerancia, sobre todo en la relación del peronismo con el radicalismo.

El enfrentamiento comenzó con la crisis política de 1945, que convirtió a Perón en héroe de la clase obrera y líder de un gobierno fuerte. Durante sus dos primeras presidencias, oficialismo y opositores se entregaron a una intolerancia creciente. El líder de la oposición, Ricardo Balbín, acusaba a Perón de ser un dictador. Perón lo mandó a la cárcel.

En 1955 Perón fue derrocado (con el beneplácito de Balbín ) y tomó el camino del exilio. Desde entonces, y por 23 años, el peronismo tendría prohibido presentarse a elecciones. En 1971 Perón volvió como “león hervíboro” y forjó un proyecto de unión nacional. Balbín fue a darle un abrazo, coincidió en la necesidad de tal unión y, cuando Perón murió, dijo en el funeral: “Este viejo adversario hoy despide a un amigo”. Nada de eso había impedido que compitieran, lealmente, en las elecciones de septiembre de 1973.

La de Perón y Balbín fue una reconciliación tardía, pero dejó una lección: la tolerancia no tiene por qué esperar tanto. Por cierto, hay situaciones que no pueden admitirse. No se trata de coincidir siempre y en todo. No se trata de renunciar a principios.

No se trata de legitimar lo ilegítimo.

A veces, al iniciarse un proceso, la intolerancia es inevitable, y ése fue el caso del enfrentamiento radical-peronista. Lo que no puede ser es imprescriptible. Hay un ejemplo de intolerancia y posteriores coincidencias.

En 1931, la dictadura de José Félix Uriburu confirió al flamante abogado Arturo Frondizi una medalla de oro por su excepcional carrera universitaria. Frondizi la rechazó porque la distinción provenía de una autoridad ilegítima. Pero tampoco la aceptó durante el gobierno constitucional de Perón, al que también consideraba ilegítimo, en este caso por su ejercicio abusivo del poder. Sin embargo, en 1958, desde el exilio, Perón llamó a votar por Frondizi. Y en 1973 Frondizi se sumó a un frente para ayudar al nuevo Perón a ganar su tercera presidencia.

Cuando se trata de diferencias políticas o ideológicas, siempre hay un punto en el cual las partes enfrentadas pueden tolerarse.

En tiempos de la confrontación radical-peronista, las divisiones tenían que ver con las libertades públicas, la nacionalización de empresas, el gremialismo, el capital extranjero y la política exterior.

Hoy son las recurrentes crisis económicas las que han abierto la “grieta” que separa a la derecha neo-liberal de la izquierda estatizante. La derecha defiende –y cuando tiene poder ejecuta-- una política que favorece la concentración de riqueza en determinados sectores, a los cuales atribuye mayor capacidad de expandir la economía y elevar, proporcionalmente, a todos los sectores sociales. Es la teoría del “derrame”. Frente a las crisis económicas, este sector defiende el ajuste de las cuentas públicas. No es lógico pensar que cada uno de quienes apoyan esto se un explotador.

La izquierda defiende –y cuando tienen poder ejecuta-- una política que privilegia la pronta redistribución de ingreso. Espera que esto revitalice el mercado interno y financie el desarrollo con equidad. Frente a las crisis económicas, emite moneda, se resiste a pagar deudas pre-existentes y contrae nuevas. No es lógico pensar que cada uno de quienes apoyan esto sea un tirabombas.

Por supuesto, hay, entre derecha e izquierda ciertas diferencias objetivas no conciliables. El problema surge cuando una y otra se convierten en dogma y fanatismo. Las crisis económicas necesitan ser enfrentadas con criterio pragmático, aceptando que no todas son iguales, que cada una tiene causas múltiples y que no hay remedios milagrosos.

En épocas de recesión, el Estado debe inyectar recursos para reavivar la economía, y eso significa aumento del gasto público. En épocas de inflación, el Estado debe hacer ajustes para sustraer circulante, y eso significa disminución del gasto público. Hay en toda crisis posibilidad de coincidencias parciales que permitan aunar fuerzas para contrarrestarla.

Lo impide la intolerancia recíproca. Alemania mantiene su fuerza, en medio de la crisis de la Unión Europea, merced a un acuerdo entre la derecha y la izquierda, que comparten el gobierno sobre la base de un un programa común de 14 capítulos y 175 páginas que no representan una fusión de ideologías. Son nada más (y nada menos) que expresión de una tolerancia mutua para responder a problemas coyunturales.

Publicado en Clarín el 8 de marzo de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/necesidad-tolerancia_0_ouk6xtMg.html