miércoles 22 de mayo de 2024
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Nayib Bukele: el tirano centroamericano moderno

El pintoresco líder populista de derecha acaba de ganar las elecciones en El Salvador por el 85 por ciento de los votos lo que le asegura la suma del poder ya que al Poder Judicial ya lo había cooptado para abrir su instancia de reelección.

El Salvador tiene una población de 6.336.000 personas, un PIB de unos 28 mil millones de dólares y una deuda del 80 por ciento de ese PIB.

Cuando Bukele llegó a la presidencia en 2019 uno de sus desafíos más importantes – y promesa de campaña – fue terminar con la violencia generalizada en las calles del país. Y aunque sus métodos no han sido muy ajustados a derecho, con su prisión modelo y mano dura, ha limpiado las calles de las temibles maras.

El ex alcalde de Nuevo Cuscatlán (2012) primero y, posteriormente, de San Salvador (2015) hizo ese tramo inicial de su carrera política dentro del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), del cual fue expulsado en 2017, a partir de lo cual creo el partido Nuevas Ideas (2018).

Es obvio que su capital político es el carisma y una férrea voluntad de poder. Ambas cualidades han proyectado su imagen al mundo como presidente moderno y firme, aunque extravagante. La modernidad se la ha dado su discurso pro tecnológico, el equipo de influencers que lo asesora, y que haya adoptado el bitcoin como moneda de curso legal. Pero detrás de esa fachada, El Salvador sigue siendo pobre y con un desempeño económico que lo mantiene en ese estado.

El Salvador tiene pendiente abordar sus problemas económicos estructurales que durante el propio mandato anterior de Bukele sólo han empeorado, signados por el bajo crecimiento económico, una balanza comercial deficitaria y una infraestructura deficiente aún para el floreciente turismo.

Bukele es un ejemplo de la debacle de la democracia liberal en el continente – y en el mundo – desmantelando las instituciones y el sistema de partidos de “la vieja política” responsabilizándolas de la falta de respuesta a los problemas cotidianos de los ciudadanos.

De ahí su propuesta de partido único, la poca transparencia – o ninguna – en las cuentas públicas y un modelo de toma de decisiones reducida a un círculo áulico. En su caso, la mesa chica está conformada por sus hermanos Karim, Ibrahim y Yusef, hijos todos de Armando Bukele Kattan, un empresario polirubro hijo de palestinos y fundador de la primera mezquita en el Salvador (1992). Ernesto Sanabria, el secretario de Presidencia, es otro de los funcionarios más cercanos. Pero podríamos decir que estamos en presencia de una monarquía caribeña en proceso de consolidación mediante el aplastante voto popular.

La primera declaración de Bukele luego del triunfo del domingo, fue: “Sería la primera vez que en un país existe un partido único en un sistema plenamente democrático. Toda la oposición junta quedó pulverizada. El Salvador este día ha vuelto a hacer historia”. Esto es indudable, tanto como que en los últimos cuatro años 200.000 personas cayeron en la pobreza extrema.

Tiene un inmenso apoyo y la suma del poder público, ahora Bukele debe dar respuesta a problemas más complejos. Para este empresario y político su país es una start up, quien dice que, tal vez, no lo logre.

 

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