jueves 22 de febrero de 2024
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Nadie se merece un Milei

Milei es para muchos votantes como el “hombre de la bolsa”. ¿Se acuerdan de la amenaza de mamá cuando éramos chicos? “Si te portás mal va a venir el hombre de la bolsa y te va a llevar”. Milei es el cuco con el que la gente de a pie esta haciendo cundir su escarmiento a la dirigencia política. Algo habrán hecho. PERO…

En la fábula infantil, la gran diferencia era que el “hombre de la bolsa” no existía. Este sí existe y no viene a llevarse a la casta: viene a llevarte a vos –con un mercado en blanco de tus órganos incluidos–.

Un amigo que no lo votó en las PASO y ahora lo está pensando me dijo: “este país se merece un Milei aunque sea por unos meses”. Simplemente le respondí: “los Presidentes, no se eligen por unos meses”.

Los Presidentes no se eligen por unos meses. PERO…

¿Cuánto tiempo permanecieron en el cargo, personajes similares a Milei en América Latina?

Fernando Collor de Mello en Brasil, un producto de la televisión, sin partido político y de ideas ultra liberales, resistió dos años antes de caer con el primer juicio político a un presidente Sudamerica. Los motivos fueron la corrupción y la impopularidad de sus políticas económicas.

Abdalá Bucarán, también mediático de derecha y moralista, fue presidente de Ecuador solo cinco meses, hasta que el Congreso lo expulsó por “incapacidad mental”.

Corrijo entonces: sí puede haber un presidente por algunos meses. Pero a un costo institucional altísimo. Nuestra Democracia, nuestras escuelas, nuestros hijos, no se merecen un Milei.

Milei es un diputado sin ninguna experiencia de gestión, surgido de un programa de televisión llamado Animales Sueltos y potenciado hasta la fama por otro programa del mismo holding llamado “Intratables”. Gracias a la televisión, logró en poco tiempo hacerse de un perfil público, el de un animal político intratable, que a los gritos divide el mundo entre él y la casta.

¿Como se relaciona Milei con el resto de la comunidad? Todos los que no están con él son ratas, lacras y otras inmundicias. En su particular estatificación social, hemos visto cómo otorga la etiqueta de “casta” o “ratas socialistas”, según su conveniencia y humor indiquen.

Un día pueden ser fulano o mengano. Otro día: podes ser vos. O acaso yo, por tan sólo estar escribiendo este artículo.

Uno de sus perros se llama Milton, en honor a Milton Friedman el economista patriarca de la escuela de Viena, que fue el ministro de economía en las sombras del dictador Augusto Pinochet.

En ese gobierno se puso en práctica el primero de los programas neoliberales en América Latina, receta que luego implementó Martínez de Hoz en la dictadura de Videla y tantos otros gobiernos que endeudaron al subcontinente y destruyeron las industrias regionales.

Desde ese espacio ideológico, Milei nos propone:

Cerrar el Banco Central y dolarizar (se olvida del fracaso del 2001).

Habilitar la libre compra-venta de absolutamente todo, ya sean riñones, armas y bebés recién nacidos.

Reemplazar el Congreso por plebiscitos violando la Constitución Nacional.

Privatizar la educación y que cada ciudadano reciba un cheque para pagar sus estudios.

Esta breve lista de ideas elegidas de una interminable zaga de delirios, nos permite entender por qué Milei es un producto que hace furor en la televisión. Con sólo cambiarle el atuendo, sería suficiente para que luzca como un comediante. Peluca –tal el apodo que recibe– es sólo una estratagema para ocultar su verdadera esencia skin head.

Tiene a todos creídos que es un experto en economía y solo repite de memoria los libros de Friedman y Hayek, autores que vienen fracasando desde hace más de 50 años con otros émulos como Martinez de Hoz y Cavallo.

Miente cuando cita a Alberdi y recita la Constitución Nacional al mismo tiempo que promete violarla. Su estrategia de apelar a plebiscitos tampoco es nueva, autócratas y dictadores como Napoleón Bonaparte, Pinochet y Chávez llevaron a cabo plebiscitos para violar las constituciones de sus países. Se propone llegar a ser presidente respetando la Constitución para luego violarla, establecer una relación plebiscitaria directa con el pueblo e imponer un nuevo populismo.

Del mismo modo en que en nombre del emprendedorismo, promete a los jóvenes trabajo y oportunidades que, con la reforma laboral que planea, jamás tendrán.

Su parecido a Hitler es inevitable y no es por su relación con la comunidad judía, con quienes se esfuerza en demasía en demostrar constante afecto. Lo es por sus praxis políticas, Milei representa al igual que Hitler y Mussolini una vía electoral legal para la posterior instauración de un sistema autoritario en la Argentina.

Las juventudes que hoy lo votan, serán las mismas que luego, se verán obligadas a organizar la resistencia. Nuestros jóvenes, no lo merecen. Como tampoco se lo merecen los jubilados –a quienes Milei les recortará jubilaciones–, ni nuestros docentes –a quienes Milei acusará de Comunistas y le recortará salarios–.

Por otro lado, el contexto político y social le juega a favor a Milei y esto también tiene notoria similitud con otras etapas nefastas. En la Alemania pre-nazi, la inflación se presentaba como un problema insoluble y el desprestigio de la clase política era enorme. El Presidente de aquella época, Hindenburg, sumó a Hitler a su gobierno pensando que aplacaría la crisis y extendería la democracia. El resto de la historia es conocida: campos de concentración, Awszwitz y 6 millones de muertos. En la Argentina de hoy, algunos sectores políticos decidieron no confrontar con Milei, pensando que iban a subirse a su ola en la que inevitablemente van a terminar ahogándose.

Ningún argentino se merece un Milei Presidente. No lo merecen los jubilados, no lo merecen las familias del Corralito, no lo merecen quienes todavía mantiene activa la memoria de la guerra de Malvinas o la saga de la recuperación democrática.

Ni siquiera lo merecen aquellos que la gente de a pie piensa que está castigando.

Si alguien piensa que con Milei castigará a los corruptos de la política, el sindicalismo o la justicia, se equivoca. Esos están esperando esta oportunidad, hasta tal vez lo voten a Mileipara luego celebrar, cuando el animal político intratable devenido en Presidente autoritario, caiga por un juicio político.

Si Milei gana, es posible que, finalmentenada cambie en la Argentina. 

No es tiempo de abdicación de los moderados, ni de especulación. Una fuerza antisistema amenaza la Democracia. Por eso, nuestra sociedad debe decir de nuevo: NO PASARÁN. Porque como nos lo demostraron Estados Unidos, Brasil y la Unión Europea, nadie se merece a un Trump, a un Bolsonaro, a un Hitler, a un Mussolini. Nadie se merece a un Milei.

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