sábado 13 de abril de 2024
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Milei y los procesos de cambio

La irrupción de Javier Milei en el escenario político ha servido como detonante de un proceso de cambios que tiene como actor principal buena parte de la sociedad argentina. Proceso en movimiento, que se inicia durante la última campaña electoral con una masa ciudadana que, desoyendo los augurios de estudiosos y analistas de la política, permite que Milei entre al balotaje. Esta diferencia entre entendidos y masa ciudadana no es casual, sino que nace cuando se privilegia una de las dimensiones de la democracia liberal en desmedro de la otra: la defensa de la libertad por parte de los primeros; y las condiciones materiales de existencia por parte de la segunda. Disociación que, en lo conceptual, fue resuelta, cuando la democracia se “solapa” con el liberalismo político, como lo enseñara Giovanni Sartori en su Teoría de la democracia. Autor que en el capítulo XIII de esa obra destaca que “el liberalismo es ante todo, la técnica de limitar el poder del Estado, y la democracia, la inserción del poder popular en el Estado” y que “mientras el liberal se preocupa por la forma del Estado, el demócrata se interesa por el contenido de las normas emanadas del Estado”.

El proceso que se iniciara cuando las mayorías populares escucharon los cambios propuestos por Milei da un paso más con los resultados del balotaje, cuando casi un 56% de los argentinos votan por Milei. Resultado que, pese a su contundencia, no augura un camino fácil para la solución de los problemas sociales, nacidos de un estancamiento económico que viene de décadas. Pero ese resultado electoral da pie para la posibilidad de otra vuelta de tuerca en este proceso de cambios, centrado en la superación de las dificultades para llevar adelante un plan de gobierno que deje atrás nuestras carencias socioeconómicas. Dificultades que se alimentan tanto de errores del oficialismo como de resistencias en otros actores de la política, para aceptar medidas que vayan más allá del liberalismo político, las que servirían para atender las necesidades materiales de las mayorías.

Los errores del Gobierno han sido muchos y variados: el discurso de asunción de espaldas al Congreso; el desubicado discurso en Davos; el no haber sabido fijar prioridades claras en la tarea de superar las falencias mencionadas, así como el mal manejo en su relación con otros poderes del Estado. En cuanto a las fuerzas políticas que no están en el Gobierno, se requiere que hagan un cambio drástico respecto de lo que vinieron haciendo por décadas, cuando no se ocuparon de los cambios estructurales que se requerían para crear riquezas y empleos genuinos. No reconocer ahora la necesidad de esos cambios, pese a la gravedad de la situación socioeconómica y el peso de la herencia recibida, sería un error equiparable a los del oficialismo.

La gravedad de la situación, así como la urgencia en corregirla, obliga a construir consensos que sirvan para superar los obstáculos que están en la raíz del estancamiento económico y de sus efectos sobre la vida de los argentinos. Consensos que servirán para saldar las deudas de la democracia por medio “de las normas emanadas del Estado”, promoviendo un desarrollo económico que ponga a la democracia al servicio de las necesidades materiales de las mayorías, sin descuidar la observancia de la institucionalidad liberal republicana.

Publicado en Perfil el 18 de febrero de 2024.

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