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02 06 2021

Memoria, verdad y justicia, también en los EE.UU.


Autor: Alejandro Garvie









Luego de décadas de olvido, el presidente norteamericano Joe Biden realizó un acto en conmemoración por los cien años de la masacre de Tulsa, Oklahoma.

Un 31 de mayo de 1921 comenzaron los ataques que culminarían el 21 de junio con 300 personas negras asesinadas por una turba enardecida de supremacistas blancos. Todo comenzó con la cuando se acusó a un joven negro de haberse propasado con una adolescente blanca y se extendió hasta el paroxismo de la cacería humana. Pero la acción criminal que devastó unos 1200 hogares y negocios prósperos de la comunidad denominada Black Wall Street fue enterrada en las décadas siguientes al punto de que, aún hoy, pocos saben que esto ocurrió.

En Oklahoma, durante décadas, las escuelas públicas del estado lo llamaron el “motín racial de Tulsa”, tergiversando por completo los hechos, tal vez para convivir con una verdad muy incómoda.

En Tulsa, la ciudad del Art Decó y del Mardi Gras, la noticia de los disturbios se conoció por la prensa de la época como un “enfrentamiento racial” y un “conflicto armado”. Pero las secuelas, de una comunidad asesinada y reducida a las cenizas, fueron relegadas a páginas interiores, antes de ser barridas debajo de la alfombra. Semanas después de terminado el episodio, en un lugar poco destacado de las páginas de The New York Times, se informaba que un gran jurado en Oklahoma había determinado que la “catástrofe” se había debido a las acciones de personas negras armadas y que las personas blancas que se involucraron no tenían la culpa.

La obliteración de estos hechos ha sido permanente. Los crímenes raciales que muchos norteamericanos no conocen incluyen el ataque del río Snake en Oregon en 1887, donde fueron asesinados 34 mineros chinos y la masacre de Sand Creek en 1864 de alrededor de 230 nativos Cheyene y Arapaho, en Colorado, perdieron la vida a manos de los soldados confederados. A menos de dos años de la masacre de Tulsa, en Rosewood, Florida, otra turba de personas blancas –compuestas en su mayoría por integrantes del Ku Klu Klan- destruyó el pueblo negro de Rosewood en la zona rural de Florida, matando a 150 personas negras, hecho que también comenzó por una acusación de abuso sexual y fue titulado como “motín racial” por los periódicos de entonces. Y la lista sigue.

Biden, sucesor de un presidente que alentó y alimentó a los grupos racistas de su país, al punto de arengarlos para que tomaran por asalto el Capitolio, se ha convertido en el primer mandatario en conmemorar desde la misma ciudad de Tulsa y con el testimonio de tres sobrevivientes de la masacre, el centenario de la tragedia.

En la ceremonia, pidió un minuto de silencio por las víctimas. Luego se persignó y dijo: “Algunas injusticias son tan atroces, tan horribles, tan graves, que no pueden ser enterradas, no importa cuánto lo intente la gente”… … “Solo con la verdad se puede curar”... …"Compatriotas: esto no fue un motín. Fue una masacre, una de las peores de nuestra historia, pero no la única. Y durante demasiado tiempo, olvidada por nuestra historia. Tan pronto como sucedió, hubo un esfuerzo para borrarlo de nuestra memoria, nuestras memorias colectivas”.

El presidente dijo que lo que sucedió en Greenwood “fue un acto de odio y terrorismo interno con una línea directa que todavía existe hoy” y expresó que el supremacismo blanco es una de las amenzazas terrorista más graves de los EE.UU.

La ciudad y el estado tienen la responsabilidad de “corregir el mal y reparar el daño causado”, dijo Laura Pitter, subdirectora del programa estadounidense de Human Rights Watch. “Necesitan tomar alguna acción, pero la acción que están tomando no es una acción que incorpore los puntos de vista o recomendaciones o aportes de los sobrevivientes”, declaró para Al Jazeera.

La Comisión del Centenario de la Masacre de la Raza de Tulsa de 1921 dice en su sitio web que su misión es educar a la gente sobre la masacre y su impacto, recordar a las víctimas y sobrevivientes y “crear un entorno propicio para fomentar el espíritu empresarial sostenible y el turismo patrimonial” en Greenwood y North Tulsa a través de eventos y otras actividades para conmemorar el centenario.

Pero los descendientes de los asesinados – que buscan una lógica reparación - han cuestionado cómo el nuevo centro histórico de Greenwood Rising los beneficiará, y los habitantes negros de Tulsa también han dicho que la revitalización del distrito de Greenwood ha beneficiado, hasta ahora en gran medida, a los dueños de negocios blancos, no a su comunidad.

Los últimos sobrevivientes y algunos descendientes también demandaron a la Ciudad de Tulsa y otras autoridades por privarlos de oportunidades económicas y acceso a una vivienda adecuada y atención médica, entre otras cosas, luego de la masacre. Acusaron a la ciudad de apropiarse del trauma y el terror sufrido por los sobrevivientes y descendientes de la masacre de Tulsa para su beneficio económico.

El importante reconocimiento que supone el acto presidido por Biden, uno paso más en su audaz inicio del mandato, es un avance para que haya memoria y verdad, la justicia llegará cuando se terminen de exhumar los cientos de cuerpos en fosas comunes que en este momento se están llevando a cabo, se repare a las víctimas y se identifique a los responsables.