sábado 22 de junio de 2024
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Mayores riesgos sistémicos

Como un ángel exterminador o el cuarto Jinete del apocalipsis montado en su Caballo bayo, el virus aparece como un fenómeno profundamente disruptor, disciplinante tal vez de sociedades opulentas (como las define Galbraith) y, a la vez, “purificador”. 

Ante este escenario de plena incertidumbre, cabe preguntarnos qué de nuevo tendrá el orden post-Covid; en mi opinión, habrá mucho de lo “viejo” en ese pretendido nuevo orden. Veamos algunos aspectos. 

Persistencia de preexistentes tensiones sistémicas. La competencia estratégica entre China y Estados Unidos modelará el orden global durante las próximas décadas. Lo hará de forma más aguda en el campo de las nuevas tecnologías que, por cierto, incluyen las biotecnologías. Nos acostumbramos a evaluar el logro de supremacía en términos de Inteligencia Artificial aplicada a redes 5G, pero no consideramos otros campos, como el biológico el cual, por cierto compone el core de selectas tecnologías de punta detalladas en el Plan China 2025. 

Y es poco probable que mientras en la superestructura mantengan disímiles principios de acción internacional sostenidos por dialécticos modelos económicos y regímenes políticos, desistan de planes que apuntan a escalar el conflicto bilateral atendiendo la multidimensionalidad de potenciales escenarios bélicos: espacio exterior, mundo submarino, los espacios polares, y el cyber espacio. Tras bambalinas, casi invisible pero aún más letal, ambos contendientes juegan el peligroso juego de la experimentación de armas biológicas. Un factor de mayor riesgo sistémico en esta nueva Guerra fría.

En tal sentido, poco difundido es el hecho de que Estados Unidos y China cuentan con sendos programas nacionales sobre desarrollo de armas biológicas (BWP) que forman parte de sus respectivas estrategias de defensa. En el caso de Estados Unidos, los antecedentes destacan la iniciativa del entonces Secretario de guerra Henry Stimson cuando en pleno desarrollo de la II G.M solicitó a un grupo de científicos investigar las consecuencias de una posible “guerra biológica (BW)”; la iniciativa evolucionó en los 60 bajo la conducción de Robert McNamara y el Proyecto 112 lo extendió al campo de experimentación en civiles.

Ya en el siglo XXI, durante el gobierno de Obama, la National Strategy for Countering Biological Threats reuniría conocimientos aportados por diferentes agencias gubernamentales para conformar una “estrategia comprehensiva” destinada a combatir cualquier amenaza biológica; finalmente en 2018, el presidente Trump anunció la National Biodefense Strategy, plan ejecutivo que avanza sobre la anterior y combina recursos y capacidades científicas provenientes del campo militar y civil.

Por su parte en 1951, mientras un millón de soldados peleaba junto a Corea del Norte, Mao dispuso que el Ejército Popular de Liberación (EPL) contara con una Academia de Ciencias Médicas Militares (AMMS) con el fin de investigar la guerra nuclear, biológica y química.

Contaron como antecedentes para tal determinación, los programas de armas biológicas estadounidenses, el británico, el empleo de agentes virales por parte del ejército imperial japonés (unidad 731) contra tropas y población civil durante la ocupación de China.

Posteriormente, en 1954 estudiantes y científicos chinos fueron enviados a la ex URSS para recibir capacitación en microbiología y enfermedades infecciosas.

El fin de la (Primera) Guerra fría, provocó una profunda reconversión doctrinaria y organizacional del EPL al incorporar nuevos “frentes de batalla”. Como resultado, según la doctrina sobre “guerras de alta tecnología” definida por el Presidente Xi Jinping, las “guerras del futuro” también se han de librar en el campo biológico.

En este orden, enfoques rectores a nivel político-militar, las conciben como un nuevo punto crucial a considerar en la estrategia nacional de defensa y sus implicancias son expuestas en diversas elaboraciones teóricas (War for Biological Dominance, Guo Jiwei) o por otros estrategas como Zhang Shibo. En la actualidad, el BWP de China continúa bajo estas premisas.

En síntesis, el nuevo viejo mundo será diferente pero en matices; en la superficie las tensiones sino-estadounidenses persistirán bajo predecibles escenarios, mientras tanto una riesgosa competencia se verifica tras bambalinas en el campo del desarrollo de armas biológicas, y no están solos. Un mundo distinto, por cierto, y probablemente más inseguro.

Publicado en Clarín el 12 de abril de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/mayores-riesgos-sistemicos_0_JTtK-OM3D.html

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