miércoles 24 de abril de 2024
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Max Gregorio-Cernadas rescató la decisión de Alfonsín por la integración de Argentina con Brasil 

El ex embajador, diplomático de carrera, narró aspectos íntimos  del proceso que llevó adelante el gobierno radical para lograr avanzar en la integración de Argentina y Brasil y desterrar los “temores” del vecinos país a partir del desarrolló que había alcanzada el enriquecimiento de uranio durante la última dictadura.

En una entrevista con el programa ‘Diálogos’, que se emite por youtube, Maximiliano Gregorio Cernadas, quien se desempeño con embajador argentino en Hungría, Croacia y Bosnia, entre los años  2016 al 2020, reivindicó la importancia que adquirió la decisión de Raúl Alfonsín, durante su mandato presidencial, de llevar adelante la integración entre la Argentina y Brasil; reveló que uno de los obstáculos que debió superarse para lograr ese proceso fueron eran los recelos generados por la cuestión de la seguridad a partir de que en el país vecino desconfiaba ante la presunción de que aún existían los trabajos de enriquecimiento de uranio en la planta de Pichileufú, situada a unos 60 kilómetros de la Ciudad de San Carlos de Bariloche; remarcó la actitud del entonces Jefe de Estado de persuadir a las autoridades brasileñas de que esa labor había quedado bajo la órbita de la Cancillería y que toda esa producción tenía objetivos eminentemente pacíficos y manifestó que Alfonsín creyó en su momento que esa unión entre los dos países era “clave para salir de la lógica de la guerra fría” que entonces imperaba en el mundo.

Max Gregorio Cernadas, quien se desempeño como ex embajador en Hungría, Croacia y Bosnia entre los años 2016 y 2020 fue entrevistado por el periodista, Facundo Guadagno y a partir de sus primeras consultas en ese mano a mano, el ex diplomático abordó aquella situación que generaba la labor de enriquecimiento de uranio que existía durante la última dictadura y que al recuperarse la democracia en 1983, se constituyó en una cuestión que producía recelos en Brasil que Alfonsín debió sortear a través del diálogo perseverante para desterrar la idea de que ello significara una amenaza para el país vecino.

El ex diplomático reseñó que el contexto internacional previo a la recuperación de la democracia en la Argentina con la llegada al poder de Alfonsín “era realmente, por donde se lo mirara, espantoso” a partir de que “en primer lugar acabábamos de salir de una guerra perdida que había sido llevada a cabo por un gobierno militar a contramano de toda nuestra tradición pacífica y de cooperación internacional con el mundo”, refirió al aludir a la Guerra de Malvinas. “Por otro lado, el gobierno militar había creado alineamientos extraños, a veces cruzados, más complejos de los que uno podría creer en principio” porque “alguien podría decir que los militares se llevaban bien con Estados Unidos (y era) todo lo contrarios. Justamente por el tema de los derechos humanos nuestra relación con Estados Unidos era muy mala y, por otro lado, uno podría decir que el gobierno militar se llevaba muy mal con la Unión Soviética Y no. El gobierno militar se llevaba muy bien con la Unión Soviética curiosamente por (la cuestión) de la venta de granos”.

En ese marco, Cernadas  apuntó al pasar un detalle curioso: “Hay que recordar cómo estaba abierto el cine Cosmos en la que se podían ver todas las películas soviéticas sin ningún problema”, aunque después introdujo como otro aspecto eminentemente político el hecho de que “el PC (Partido Comunista) argentino estaba protegido por el gobierno militar”. Y completó: “También en la Argentina el gobierno militar estaba enfrentado con muchos países, con las otras dictaduras militares de Latinoamérica porque, como se recordará, casi todos los países de Latinoamérica estaban bajo gobiernos similares al nuestro por lo que nuestra relación con Chile era pésima y  habíamos estado al borde de un conflicto bélico con ellos”, evocó para rememorar lo sucedido en la Navidad de 1978.

Pero Cernadas retrotrae la situación anterior planteada antes de forjarse la integración con Brasil a una cuestión que tuvo relevancia y que Alfonsín debió dejar despejada en procura de allanar el camino hacia aquel exitoso proceso. “La Argentina había alcanzado para esa época, hacia el fin del gobierno militar, algunos desarrollos tecnológicos” a los que se los denominaba “de tecnología sensibles o duales; duales, porque como su nombre lo indica son tecnologías muy sofisticadas que pueden ser utilizadas con fines pacíficos realmente extraordinarios, pero también pueden ser utilizadas con fines bélicos”, detalló.

“Entre ellas había dos principales en las cuales habíamos avanzado de manera extraordinaria a nivel internacional que era el enriquecimiento de uranio que se anunció pocos meses antes de que Alfonsín  asumiera, incluso Alfonsín había ya ganado las elecciones cuando se anunciaron esos avances”, precisó y puntualizó: “El enriquecimiento de uranio es una tecnología muy sofisticada que aún dominan muy pocos países en el mundo, no más de 10, que permite, al enriquecer uranio darle varias utilidades en sentido pacífico” como “con un poco de enriquecimiento de uranio mejorar el rendimiento del combustible en los reactores nucleares” pero contrasto ello con otro carácter. “Si se lo enriquece en un porcentaje más alto pude servir para una bomba de modo que ese desarrollo tecnológico que habíamos alcanzado era sumentamente peligroso para el resto del mundo y, por lo lato, habíamos avanzado muchísimo en lo que se llamaba en aquella época el ‘proyecto Cóndor’ que era vector que podría servir para lanzar perfectamente satélites al espacio pero también servía para lanzar cualquier otra cosa a mil kilómetros de distancia de modo que la combinación de poder hacer una bomba atómica y, al mismo tiempo, poder fabricar un vector para arrojarla, producía pánico, por supuesto, sobre todo en Brasil”, describió Cernadas.

Dijo luego que en el contexto de la ‘guerra fría’ Estados Unidos era uno de los proveedores de urania a la Argentina. “Y ahí surgió una combinación de problemas. Por un lado, los Estados Unidos dejaron de proveernos precisamente por el tema de los derechos humanos pero también porque el gobierno militar argentino estaba avanzando con ese desarrollo que de alguna manera los norteamericanos lo veían como peligroso, De modo que la provisión de uranio enriquecido se cortó. Entonces se comenzó aquí la búsqueda, para poder combinar esta tecnología de enriquecimiento de uranio por nuestra cuenta”. Añadió: “Tanto en aquella época, como durante el  gobierno de Alfonsín, e incluso hoy, una cosa es dominar la tecnología del enriquecimiento de uranio  y otra cosa es enriquecer uranio en cantidades suficiente (en el plano) comercial como para que eso tenga algún sentido”, explicó, aunque puso de relieve que “Para eso se requiere una gran inversión de dinero durante mucho tiempo. Ni durante el gobierno militar, ni el de Alfonsín, ni hasta ahora, incluso, se hizo. De manera que lo hemos seguido adquiriendo pero de manera más transparente y clara por distintos proveedores internacionales”.

Tras esa reseña, el ex embajador Cernadas remarcó que la integración con Brasil “estaba en la cabeza de Alfonsín tenía; fue una estrategia que surgió del propio Alfonsín. Él tenía muy en claro que quería avanzar hacia una integración con Brasil pero había un impedimento muy serio, muy grave. Cuando asumió todavía estaba el gobierno militar en Brasil y a la vez un impedimento también muy grave era precisamente el tema de la seguridad”, puntualizó para luego referirse específicamente a los temores que en el vecino país provocada la cuestión del enriquecimiento de uranio. Y graficó: “Si uno tiene miedo que el vecino de al lado de su puede ser agresivo porque tiene un arma y en cualquier momento lo puede usar con uno porque discute o por cualquier problema, es muy difícil que uno pueda hablar de otro tema; todos los demás temas quedan supeditados a esto porque es un tema esencial, es la vida de los habitantes;  difícilmente imposible avanzar en cuestiones de integración comercial con un país que estaba sospechando que nosotros teníamos una bomba y que la podríamos lanzar sobre ellos.

“De modo que Alfonsín tuvo muy en claro que el primero de los temas que tenía que despejar era estas suspicacias y resquemores de Brasil sobre qué era lo que nosotros que estábamos haciendo con estos desarrollos tecnológicos. Y estos desarrollos tecnológico, y vale aclararlo tenía índole pacífica, un objetivo pacífico”, pero Cernadas se ocupó de precisar “estos desarrollos se habían hecho básicamente bajo la tutela de las Fuerzas Armadas durante el gobierno militar”, tras lo cual comenzó a desarrollar los pasos que encaró Alfonsín y, en tal sentido, recordó que “Alfonsín resolvió que esta cuestión era algo que había que transparentar; que había que ponerla en manos civiles, bajo el control de las instituciones del sistema democrático, del Congreso y tenía que estar, además, como parte de la política integral de la Cancillería porque, paradójicamente, si bien eran temas por esencia diplomáticos (hasta ese momento) no pasaban por la Cancillería”, refirió y hasta precisó que durante la última dictadura “cada fuerza, la marina o el ejército tenían su propia política exterior con respecto a estas tecnologías que ellos mismos dominaban”.

Cernadas remarcó: “Alfonsín pensaba que esto tenía que  cambiar y lo cambio. Decidió que fuera un tema de la Cancillería con el canciller (Dante) Caputo y el vicecanciller Jorge Sábato y a través de la Cancillería se creó una oficina nueva que fue la Dirección de Asuntos Nucleares y Desarme que permanece hasta hoy con la misma función, con alto nivel de rigurosidad técnica, que se tenía que encargar de  estos asuntos y, por supuesto, dentro de la gran estrategia, la pieza clave era la relación con Brasil” y precisó luego que “una de las funciones más importantes que tuvo esa oficina que integré como joven diplomático recién ingresado fue trabajar estrechamente con quienes se desempeñaban en la CONEA, en el INVAP y con la Comisó Nacional de Investigaciones Espaciales. Era trabajar con ellos, dialogar mucho, charlas con ellos. Y otra de las estrategias más inteligentes y más interesantes que adoptó esa oficina, su jefe que era el ex embajador (Adolfo) Saracho fue nutrirse de jóvenes diplomáticos que provenían de la escuela de servicio exterior de la Nación y decidió incorporar gente nueva, funcionarios nuevos e irradiarlos, como decía él, para  conocer estos centros de investigación y de producción de tecnología”.

“En ese trabajo fuimos ganando la confianza pero no sólo había que ganarse la confianza de los brasileros; primero había que ganar confianza interna, es decir establecer esas vinculaciones intraburocráticas muy difíciles de hacer en la Argentina; lo fuimos logrando”, destacó Cernadas, quien remarcó que “nosotros comprendíamos y eso era parte de la estrategia de Alfonsín (y por lo tanto) lo mismo que se hacía con Brasil había que hacerlo con los Estados Unidos; había que sentarse a dialogar con ellos y hacerles entender que nosotros no estábamos buscando una bomba”, graficó.

Cernadas refirió que hubo por entonces conversaciones en temas nucleares con el Departamento de Estado de los Estados Unidos. “Estuve en las dos primeras y era una agenda abierta sobre todos los temas sobre los que ellos desconfiaban; nosotros les contábamos lo que estábamos haciendo y la tarea era persuadirlos de que nosotros estábamos en un desarrollo tecnológico propio pero no militar y que no estábamos amenazando  la seguridad mundial”, rememoró el ex diplomático en otro pasaje de la charla con ‘Diálogos’ y su conductor Facundo Guadagno. El ex diplomático sumó otro dato: “Había una situación delicada. No hay que olvidarse que Estados Unidos tenía una política muy agresiva  de apoyo a gobiernos militares de Latinoamérica; a veces apoyaba a la contra-insurgencia; a veces apoyaba a agentes de inteligencia que estaban trabajando en otros países, es decir estaba en su propia ‘guerra fría’”. Y lo que tenía muy en claro Alfonsín con Caputo era que nosotros teníamos que salir de esa dialéctica; teníamos que evitar que la ‘guerra fría’ permaneciera en la Argentina porque de alguna manera era como habíamos vivido hasta ese entones. Los movimientos insurgentes que estaban en la Argentina, todo el mundo lo sabía, eran apoyados y financiados por Cuba y por la Unión Soviética. Era una convicción que tenía Alfonsín y Caputo en cuanto que buena parte de nuestros problemas estratégicos estaban vinculados a la ‘guerra fría’ por lo que había que salir de esa lógica”.

Y completó: “Uno de los puntos más fuertes para salir de esa lógica era un entendimiento con Brasil; era una integración en nuestra región pero para hacer esa integración en la región la condición sine qua non era ponerse de acuerdo y confiar el uno en el otro; había que generar confianza  y eso fue un trabajo muy arduo. Yo estuve en las primeras reuniones sobre temas nucleares con los brasileros y puedo asegurar la cara de desconfianza que tenían todos ellos; todos nos miraban con cara de desconfianza”, describió al rememorar aquellos contactos. Y apuntó: “Nosotros íbamos con una propuesta; la propuesta surgió de Alfonsín; la propuesta de acercamiento fue de Alfonsín. Alfonsín invitó a (José) Sarney a visitar la planta de enriquecimiento de uranio durante el gobierno democrático. Es decir que nosotros íbamos con una apertura y ellos con una gran desconfianza. Aún hoy el desarrollo nuclear brasilero esta, buena parte, en manos de la marina que es algo que acá ya no sucede desde el ‘83”.

“Alfonsín creyó que el acercamiento con Brasil y la integración regional era clave para salir de esta lógica de la ‘guerra fría’ y también a través del Movimiento No Alineados”, insistió Cernadas, quien en otro tramo de la entrevista, puso de relieve, por otra parte, la determinación con que actuó el Presidente Alfonsín para llegar al Acuerdo de Paz con Chile en torno al conflicto limítrofe por el Canal de Beagle con el que quedó desterrada otra de las hipótesis de conflicto con un país vecino con el que Argentina estuvo al borde de entrar en el terrero bélico en 1978, lo que fue evitado a partir de la mediación del Papa Juan Pablo II. “Ahí hubo un gran trabajo de El Vaticano como del Servicio Exterior (de la Argentina)” para llegar a ese entendimiento que fue convalidad por la población en una consulta popular en nuestro país que se realizó en 1985. “Fue un gran logro de Alfonsín”, enfatizó Cernadas, quien ya sobre el final de la entrevista, se encargó de ponderar la política exterior que llevó adelante el gobierno de Alfonsín y puso de relieve también la “muy buena imagen” con la que se recuerda al su canciller, Dante Caputo.

 

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