jueves 29 de febrero de 2024
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Macron versus la derecha europea

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia son un calco de aquella del 2017. La derecha francesa y europea se enfrenta, ya no a una izquierda con poco protagonismo, sino a gobiernos liberales.

El domingo 10 de abril pasado se realizaron las elecciones presidenciales en Francia en el que ningún candidato obtuvo la mayoría necesaria, por lo que el acto se convirtió en una primera vuelta, con un 26 por ciento de abstención. El actual presidente, Emmanuel Macron, figuraba primero en todas las encuestas de intención de voto y confirmó su primacía. En la carrera al Elíseo le siguieron la ultraderechista Marine Le Pen y el candidato de la izquierda insumisa, Jean Luc Mélenchon, que quedó en un reincidente tercer puesto que lo deja fuera de la discusión. El próximo domingo 24 de abril será la segunda vuelta y el 28 se proclamará oficialmente el nuevo presidente de la Quinta República francesa.

Todo indica que pese a la acortada distancia –8 por ciento- que lo separa de Le Pen, el actual presidente logrará la reelección. Una reelección que es de vital importancia para la UE, luego de haber perdido a Angela Merkel como líder política, de haber sufrido el brexit del Reino Unido y de estar a las puertas de una Tercera Guerra Mundial. Con sus defectos y virtudes Macron es el último bastión liberal en una Europa amenazada por la derecha nacionalista, xenófoba e iliberal.

La propia Francia es un ejemplo de este avance de la derecha, propiciado tal vez, por las dislocaciones sociales que la globalización neoliberal – sobre la que se basa la UE – ha causado en cada país integrante de dicha comunidad.

Marine Le Pen, por primera vez desde 2002, es una candidata de extrema derecha que llega a la segunda vuelta, y con muchas más posibilidades que antaño. Cuando Le Pen perdió ante Emmanuel Macron, que obtuvo un 66 por ciento de los votos en la segunda vuelta de 2017 por, muchos observadores pensaron que el fenómeno político se diluiría. Y no fue así, porque la derecha se monta sobre los problemas a los que los liberales no han dado solución y tal vez nunca lo hagan.

Le Pen se muestra empática con un electorado ávido de hallar culpables a su situación económica y social, pero se muestra menos combativa. Ya no le hacen falta los discursos nefastos de su padre como aquel de 1984, en el que dijo: “los inmigrantes se quedarán contigo, comerán tu sopa y dormirán con tu esposa, tu hija o tu hijo”. Su hija –una derecha dinástica– se presenta como “alguien común”. La parafernalia anti inmigratoria que ella continuó –incluso sus colaboradores nazis del mutado Frente Nacional a Agrupación Nacional– ya es un relato victorioso y va a buscar ahora el apoyo de aquellos que no pueden pagar sus cuentas y están agobiados por la ola inflacionaria, producto de la guerra en Ucrania y que se suma a las penurias económicas que han sido achacadas a la globalización.

El éxito de la derecha francesa, que ahora cuenta con Éric Zemmour como un antisemita confeso y mediático, es producto de décadas de declinación francesa, desde el oprobio de la República de Vichy, la pérdida de sus colonias –dónde Argelia destaca– hasta el sometimiento a la dominación estadounidense o a la supremacía de Alemania en el concierto europeo. Todas esas frustraciones, muy bien condensadas en la literatura pesimista de Michelle Houellebecq, han sido capitalizadas por esta fuerza, en Francia y en el resto de los países de la UE, desde España hasta Polonia, por razones similares.

Luego de todos los avatres que incluyen los cuatro años de gestión de Donald Trump que alentó a los gobiernos de derecha iliberal en Europa y la pandemia. Macron se encamina a ser, junto con Olaf Scholz –el sucesor de Ángela Merkel– la endeble esperanza de los globalistas en una Europa convulsionada.

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