viernes 19 de julio de 2024
spot_img

Ludolfo Paramio, in memoriam

Asus 75 años ha fallecido Ludolfo Paramio. Con él se va una de las figuras más representativas de la izquierda española desde la Transición, pero también un profesor querido por sus alumnos y discípulos,  un polemista mordaz,  y un hombre sensible y generoso siempre. Paramio no perjudicaba a nadie, y si podía ayudarte lo hacía.  Su ironía —que era proverbial— estaba  siempre contenida por su natural empático y compasivo. Podía ser sarcástico con uno, y no te sentías agredido. Al contrario, estando la broma siempre envuelta en un fondo de cariño, te hacía reír aun siendo tú mismo el objeto de la mofa. Conseguía que te rieras de ti mismo, lo que es un maravilloso ejercicio de higiene psíquica y mental. La ironía es una modalidad de las inteligencias superiores que las defiende tanto de las certezas dogmáticas cuanto del escepticismo paralizante. Y era la modalidad en la que a menudo se manifestaba la inteligencia de Paramio. Tanto que llegó a dominar como nadie el arte de la auto-ironía; y es muy posible que ese difícil arte lo mantuviera internamente limpio y sano a lo largo de su vida. Deja Paramio una obra respetable, deja memoria de una oratoria brillante, pero deja sobre todo un recuerdo lleno de afecto entre quienes lo conocimos y admirábamos.

Porque los que lo conocimos, lo admirábamos. Para empezar, Paramio era doctor en ciencias físicas, y tenía muy buena formación en metodología de las ciencias sociales y en epistemología de la ciencia. Eso lo convertía en un sociólogo o en un polítólogo extraordinario en su generación. Podía mantener una conversación culta sobre biología molecular o física cuántica, al tiempo que escribía sobre la crisis de la izquierda, las teorías de la justicia o las dinámicas políticas en Latinoamérica.  Que además conociera las diferencias entre individualismo y holismo metodológico, o entre explicación funcional e intencional, o estuviera al corriente de las limitaciones metodológicas de la sociología histórica y del método comparativo, todo ello hacía que su trabajo —incluso el divulgativo— tuviera un rigor y una claridad tan admirables como infrecuentes en el gremio. Paramio era admirable también por su ambición intelectual y su altura de miras. Dirigió durante décadas Zona Abierta, una de las revistas más importantes de España en ciencias sociales hasta su extinción. Y desde ella, Paramio abrió la puerta a las propuestas y debates más importantes del momento en la academia internacional. En sus páginas se dieron a conocer el marxismo analítico y la propuesta de la renta básica de ciudadanía, e importantes debates sobre el Estado moderno, los partidos políticos, el capital social, el nuevo institucionalismo, los movimientos sociales, la participación política o el federalismo.

Pero Paramio no era un mero académico contemplativo, un socialista de cátedra, sino un intelectual políticamente activo e integrado en una organización política. El PSOE tiene el honor de haberlo tenido como uno de sus principales intelectuales orgánicos.  Con seguridad, una de las diferencias entre aquel PSOE y el actual es que aquel PSOE, en el gobierno o en la oposición, contaba entre sus filas con una intelligentsia poderosa, y muy señaladamente con la figura de Ludolfo Paramio. Paramio fue el alma mater del Programa 2000 y el intelectual del partido que más en serio se tomó la tarea de refundar la socialdemocracia del sur de Europa en un momento crítico para la izquierda europea en general. Porque esa tarea coincidió con una doble crisis: la de la tradición marxista, tanto teórica como política, y la de la propia socialdemocracia ante los inicios de la globalización y la ofensiva neoliberal de los años 80. Tras el diluvio es el libro de Paramio más representativo de ese intento de renovación intelectual del pensamiento socialdemócrata en España.

Hace poco se le hizo un homenaje en la Fundación Ortega y Gasset. En su intervención, Paramio hizo una importante reflexión sobre la generación de intelectuales y políticos activos a la que él pertenecía. Fue una reflexión de atardecer, hegeliana. Y dijo: “nosotros todavía teníamos una suerte de filosofía de la historia que nos permitía pensar que lo que hacíamos —nuestras políticas, nuestras polémicas— se orientaba en una dirección de progreso social”. Lo que hacían tenía sentido, sentido histórico y sentido moral. Esa intelligentsia se integró en los resortes del poder, y sin duda disfrutó de sus prebendas, pero fue una generación afortunada porque sus convicciones se acompasaron bien con sus políticas reformistas. El propio Paramio reconocía también que las cosas eran ahora diferentes y que su generación estaba perpleja. Su generación de alguna manera había entendido lo que hacía, había participado de una especie de misión histórica, había tenido ante sí un horizonte de transformación social en el que creía —consolidar la democracia, sentar las bases de una equitativa prosperidad, modernizar las instituciones para hacerlas más eficientes, la plena integración de España en Europa— y tenía claro un conjunto fundamental de ideas que esa izquierda ilustrada supo asimilarse de la tradición liberal: la importancia del pluralismo, de las libertades básicas, del respeto al adversario y de la posibilidad de establecer consensos transversales, entrecruzados. Eran otros tiempos.

Paramio llevaba ya años retirado de la vida política. En su casa, en familia, gozaba de uno de sus inveterados placeres privados: la novela policíaca. Entre sus manos tenía un libro de su admirado Elmore Leonard. Nos lo imaginamos poniendo un disco de vinilo de Mecano, del que tenía la discografía completa, o repasando de vez en cuando un viejo comic, tema en el que era un reconocido experto. En sus últimos días, lo suponemos tranquilo, reconciliado con su propia biografía, consumadas sus ambiciones, satisfecho de lo realizado, sin grandes remordimientos y acompañado de sus seres queridos.

Descansa en paz, querido Ludolfo, y sabes que los que aprendimos de ti, los que disfrutamos de tu generosidad, los que pudimos presenciar tu brillantez, los que sabíamos de la bondad de tu alma, no te olvidamos y te recordamos con una sonrisa en el corazón.

Publicado en Diario Red el 15 de junio de 2024.

Link https://www.diario.red/articulo/actualidad/ludolfo-paramio-in-memoriam/20240615120241031518.html

spot_img
spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Fernando Pedrosa

EEUU después del atentado a Donald Trump: no es la economía, estúpido

David Pandolfi

Quino

Rodolfo Terragno

Los riesgos de la ultraderecha