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16 02 2020

Luciana Berman: "El techo de cristal limita la participación femenina en todos los ámbitos"


Autor: Esteban Lo Presti









Luciana Berman es Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, está cursando su maestría en la misma casa de estudios. Sus estudios se centran en temas de participación política de las mujeres en los poderes ejecutivos provinciales.

Decadas después de aprobadas la Ley de Cupo y un par de años después de aprobada la Ley de Paridad, ¿cuál es la situación actual de la mujer en política? ¿Ha podido romper el techo de cristal o crees que aun faltan herramientas que aporten en dicho camino?

Tanto la ley de cupo, como la ley de paridad y cualquier otra medida afirmativa que legisle a favor de las minorías son recursos institucionales para fomentar la participación, en este caso, política de las mujeres. Con esto quiero decir que una ley es una herramienta fundamental que aporta mucho al camino que recorren las mujeres en la política pero no es suficiente por sí sólo. El concepto de techo de cristal, que fue el pionero de otros como precipicio de cristal, teoría del laberinto, suelo de hormigón o piso de cemento, entre otros, trata de los factores de subrepresentación de las mujeres en distintos ámbitos de tomas de decisión. Decir que por la ley de paridad se han roto los techos de cristales que no permitían a las mujeres llegar a esos puestos de decisión sería totalmente errado e injusto. Sí hubo avances en materia de derechos políticos y eso es innegable, pero la paridad a nivel nacional no resuelve la subrepresentación de las mujeres a nivel provincial o distrital en ámbitos legislativos (legislaturas provinciales, Concejos Deliberantes) ni en ámbitos ejecutivos nacionales, provinciales y distritales (puestos electivos como presidencia, gobernación e intendencias y puestos no electivos como los gabinetes). 

Por otro lado, la ley de paridad nacional que fue sancionada en 2017 fue aplicada recién por primera vez en 2019. Por lo tanto, la composición del Congreso nacional que se renueva por mitades (Cámara de Diputados) y tercios (Cámara de Senadores) responde en parte, todavía, a la ley de cuotas. Recién vamos a poder ver las composiciones finales con la ley de paridad en su máximo esplendor en 2021 (Cámara de Diputados) y 2023 (Cámara de Senadores). De todas maneras, las listas para la cámara alta ya regían casi con paridad por un decreto reglamentario de la ley de cuotas que establecía que cuando los cargos en juego eran menores a tres, la lista debía estar constituida por un varón y una mujer.

De todas maneras, que sea necesaria una ley para lograr la igualdad en la participación política de las mujeres en el ámbito legislativo habla de que culturalmente nos falta mucho para lograr la igualdad. Pero es un avance que permite visibilizar estas problemáticas y concientizar. Se trata de lograr la igualdad formal para concientizar en la necesidad de lograr también la igualdad sustantiva.

Por último, los techos de cristal están presentes en todos los ámbitos, no sólo en el político. Los techos de cristal limitan la participación femenina en todos los ámbitos y, cuando alguna logra traspasar ese techo, el camino para lograrlo estuvo minado de obstáculos.

¿Hay correlación entre la sanción de las leyes a nivel nacional y su posterior aplicación en normas provinciales?

En realidad fue al revés. Argentina fue el primer país del mundo en aprobar una ley de cuotas para garantizar un tercio de candidatas en las listas para el Poder Legislativo nacional. A partir de esa ley, tres provincias sancionaron la paridad sin pasar antes por las cuotas: Santiago del Estero, Córdoba y Río Negro. Y antes de la sanción a nivel nacional, varias otras provincias hicieron lo propio. El puntapié lo dio la Provincia de Buenos Aires en 2016 y ese mismo año de sumaron Salta, Neuquén y Chubut. Por lo tanto, antes de la paridad a nivel nacional, muchas provincias ya habían sancionado su propia ley. Además, entre las cuotas y la segunda ola partitaria, la de 2016, ¡pasaron más de 20 años! El movimiento de mujeres reclamando por sus derechos durante todo este tiempo y, sobre todo, en los últimos años, fue un factor clave para despertar este espíritu paritario en todos los niveles. Tiene que ver con un clima de época y un momento clave para las legisladoras que aprovecharon para pelear por esto, en general, en multipartidarias.

Durante el periodo 2015-2019 podemos ubicar cuatro gobernaciones ocupadas por mujeres. En la actualidad (para el periodo 2019-2023) el número se redujo a uno. Es obvio que influye que para cargos ejecutivos no son válidas estas leyes. De todos modos, las mujeres se abrieron camino para ocupar provincias disímiles. ¿La existencia de las leyes que señalábamos antes, apuntan en la construcción de una "carrera" política?

Sí, claro, sin lugar a dudas. En realidad son dos las mujeres gobernadoras en este nuevo período. Alicia Kirchner reelecta en Santa Cruz y Arabela Carreras en Río Negro que, por primera vez, estrena gobernadora mujer. Algo curioso en una provincia pionera de la paridad allá por los 2000. Se podría haber esperado antes. 

Volviendo a la pregunta, que una mujer ocupe lugares expectables de obtener el cargo en una lista legislativa la vuelve visible, con posibilidad de codearse con los protagonistas "de la rosca" y empezar ellas mismas a formar su propia carrera. De todas maneras, en los casos donde hay leyes de paridad, vemos nuevamente los techos de cristal que estancan a las mujeres en lugares donde tienen que acceder por ley. Esto es: las mujeres ocupan cargos en las listas legislativas en cumplimiento de la paridad pero no asumen candidaturas, por ejemplo, ejecutivas que implican otro grado de responsabilidad política y, sobre todo, poder político. Esto explica que recién en 2007 una mujer haya llegado a gobernadora electa en todo el país (Fabiana Ríos en Tierra del Fuego). Claro que el factor de que sea un cargo uninominal interfiere en la posibilidad de armar listas paritarias, por eso yo me enfoco en las candidaturas y no en la cantidad de gobernadoras. Y el número es igual de desalentador: entre las cinco provincias que alguna vez tuvieron una gobernadora mujer entre 1983 y 2015, sumando Río Negro que tiene una ley pionera de paridad alentando la participación de mujeres en la política (legislativa) y Entre Ríos que tiene la cuota más baja del país (25%), la cantidad de candidatas mujeres a la gobernación no llega al 11%. No es casual. Esto de muestra que cuando los cargos que se disputan son menos y con un grado de poder político alto, como la gobernación, las mujeres no llegan a competir por ellos. Y aquí, nuevamente, los techos de cristal.

En un artículo reciente (https://ar.lejister.com/mobile/pop.php?option=articulo&Hash=ad19df15c5817dae6d9e179e0251d00e) , citas a dos especialistas en el tema para decir: "Como indican Archenti y Tula (2010), el cumplimiento de las leyes ha sido minimalista y burocráctico, ha servido para promover a las mujeres en carreras legislativas pero no ha significado una apertura en la participación en otros poderes de la misma manera". ¿Cómo se puede romper este techo de cristal en los partidos políticos?

Como te decía, los techos de cristal tienen que ver con cuestiones culturales machistas. La necesidad de una ley para regular las candidaturas en el Poder Legislativo no anula por sí sola esta cultura, ni la cambia, pero es un paso completamente necesario para empezar a hacerlo. Como sabemos, las candidaturas vienen de los partidos políticos, por lo tanto, es allí donde la cultura machista está más presente. Una gran virtud de la ley de paridad nacional es que regula también los cargos partidarios nacionales desde el cargo más alto hasta el final, al modificar la Ley Orgánica de los Partidos Políticos. Las leyes de paridad subnacional no necesariamente lo hacen y, tal vez, esa sea una forma de empezar a romper de a poco los techos de cristal. De todas maneras, los techos de cristal se van a romper enteramente cuando se acabe la cultura machista en todos los ámbitos de la vida. Y, para eso, este tipo de medidas son clave.

¿Es una caracteristica de todos los partidos o se acentúa más en unos que otros?

En mi opinión, los dos partidos más grandes y tradicionales de la Argentina son los más machistas. La Unión Cívica Radical sancionó la paridad al interior del partido el año pasado, pero durante años las personalidades más destacadas del partido fueron varones y, te diría, lo siguen siendo. Por el lado del Partido Justicialista en este nuevo gobierno, crearon un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, lo cual es un avance enorme y un triunfo de todas las mujeres y, sobre todo, de las mujeres al interior de todo el Frente de Todos. Sin embargo, en el gabinete hay sólo cuatro mujeres, representando menos del 20% del total del gabinete. También se vio esa imposibilidad de romper los techos de cristal cuando el presidente publicó una foto de una mesa de negociación por la firma del Compromiso Argentino por el Desarrollo y la Solidaridad ente el Gobierno nacional y organizaciones empresarias, sindicales y sociales ¡y eran todos varones!. Eso habla de que a las mujeres nos cuesta llegar a la rosca, no por incompetentes, si no porque ese espacio estuvo vedado durante años para nosotras y, recién ahora, estamos empezando a formar parte del sistema político en serio. 

En el artículo también indicás que: "las candidaturas a la vicegobernación han sido mucho más receptoras de mujeres que las candidaturas a la gobernación. Una posible explicación puede tener que ver con lo dicho hace algunos párrafos. Si bien las mujeres no han superado a los varones en esta posición de la lista, sí han sido más las candidatas a la vicegobernación que a la gobernación en cada año". ¿A que se debe esta situación?

Sí, hubo más candidatas a vicegobernadoras que a gobernadoras en las provincias que yo estudio (Buenos Aires, Catamarca, Entre Ríos, Río Negro, Santa Cruz, Santiago del Estero y Tierra del Fuego), pero siempre hablando en términos relativos, es decir, con respecto a las candidaturas a la gobernación. Antes dije que las candidatas a gobernadoras en esas provincias entre 1983 y 2015 fueron menos del 11%. En el caso de las candidatas a vicegobernadoras, el número asciende al 21%. Por eso digo que fue un cargo más receptor que el otro. Pero el número es muy pobre igual. En el trabajo explico que esto puede deberse a las pocas competencias que tiene un/a vicebogernador/a. En los casos de legislativos provinciales unicamerales, los/as vicegobernadores/as presiden la legislatura provincial; en los casos de  legislativos provinciales bicamerales,  los/as vicegobernadores/as presiden el senado provincial. Y no tienen voto, a menos que haya un empate. Es un rol relativamente importante, sí, pero no tiene los recursos políticos del/a gobernador/a. Tampoco tiene más funciones que esa y esperar que el/la gobernador/a, renuncie o se muera. Podría decirse, en algún punto, que el cargo es mucho más residual.