martes 21 de mayo de 2024
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Los vasallos sean unidos

Una de las preguntas que nos formulamos hoy es la siguiente: ¿cómo  se explica que los Gobernadores de nuestro país salgan “en manada” contra  el fallo de la Corte, abonando el discurso de resistencia  a las decisiones del Poder Judicial, creado para interpretar y aplicar las leyes y la Constitución?

Conociendo la experiencia histórica de sus comportamientos y las deformidades de federalismo que hemos acumulado con su cooperación,  no deberíamos sorprendernos.

Se recuerda como “vasallaje” al  sistema que existió en el Medioevo, fundado en un pacto entre señores, labriegos y artesanos de la zona de poder de los patrones, por el cual les concedían  tierras, algún beneficio y protección,  a cambio de fidelidad incondicionada e integrar sus ejércitos.

Su eficacia radicó en una sensación de armonía y unanimidad del conjunto, acompañadas por compartir la misma religión y sus ritos, custodiados por Dios y el César al mismo tiempo.

El lubricante fue –continúa siendo- la discrecionalidad personal con la cual los poderosos administran los beneficios y castigos, sin otra atadura más que su voluntad. Se “libera” así a la población,  de  la pesada carga  de administrarse y decidir.

La posterior aparición de normas y procedimientos regulados por instituciones de inspiración democrática, problematizó esa relación. Las instituciones son un mecanismo complejo y colectivo,  donde se debe elegir y asumir responsabilidades.

Son consideradas, por lo general,  incomodidades- de alguna manera ineficaces- que retardan las decisiones, y rompen  la armonía.  Se siente amable y confortable confiar en el solo arbitrio de quien manda,   sin cuestionamientos inútiles.

Mucho  más,  si se tienen en cuenta la globalización y el gran desacople entre diversidad de la conformación social, medios tecnológicos y organizaciones institucionales gubernativas liberales históricas, -consideradas vetustas- cuyos resultados no satisfacen a la población en sus necesidades urgentes. Esto no es otra cosa que  un gran telón que impide apreciar las virtudes de la ley.

Aunque cueste aceptarlo esta es la relación de la mayoría de los Gobernadores, para explicar sus “acostumbradas sumisiones” a los caprichos del poder nacional. Como máximo, si huelen algún peligro, tratan de cambiar el elegido, pero sólo para asegurarse de poder continuar sus latrocinios.

Vale la pena destacar que a la discrecionalidad en el manejo de fondos enviados a las provincias, se agrega la tranquilidad de que luego no habrá controles de sus destinos, en  los Institutos de Vivienda, Direcciones de Vialidad –provinciales-, ATN o tantos otros asignados por la nación a  provincias y municipios amigos, en forma directa.

 Esto constituye un verdadero “bill de indemnidad” a futuro, para aumentar exponencialmente sus anchos y profundos bolsillos, y el de sus valijeros,  que se quedan con el diezmo o más, sirviendo de pantalla y dirigiendo las campañas electorales.

Podríamos considerar- de algún modo resumido y sin mayores pretensiones- que esta podría ser la historia de la patria grande, cada vez más estancada en un estadio terminal, y de las patrias chicas, sumergidas en el atraso relativo, salvo sus magnates gubernativos y amigotes.

La “madre del borrego”, el interrogante mayor, que tampoco debiera sorprendernos,  es cómo explicar que el Presidente, la Vicepresidente y otros lenguaraces, se alcen públicamente contra la Corte y sus pronunciamientos.

No debería llamarnos la atención  porque es un relato reiterado. Incluso se manifestó en una  disertación pública, donde los expositores fueron CFK y el inefable Giardinelli, -entre otros-  quienes plantearon el fin de la “democracia liberal”. Esto es:  la  desaparición de todo el armado institucional tradicional incluida la Constitución, la separación de poderes, los partidos políticos, y otros desatinos, a los que consideran expresiones “terminadas”, inmóviles y conservadoras, que  bloquean el avance popular justiciero.

En otro orden de cosas y fieles a otros aspectos del mismo relato, señalemos la línea que bajó desde su limbo dorado la Señora para sus seguidores.

No se aplaudió francamente a Messi, a  sus compañeros ni al equipo técnico que los dirigió. En todo caso, homenajearon a Maradona, y mencionaron la “pureza” de las celebraciones por ganar el Mundial, debido a la ausencia de la política clásica, permitiendo así  armonía y unanimidad, como indica Francisco, el gran beato afin al señor Putin .

Jorge Vilches, sociólogo internacional, ha expresado al respecto: “En la defensa de Putin coincide la ultraderecha con la ultraizquierdaen ese repudio a EEUU y a la Unión Europea, a la globalización, a la democracia liberal, al libre mercado y al pluripartidismo. Ambas hablan en nombre de un pueblo que desprecian, al que quieren pastorear y cambiar para imponer un proyecto totalitario. Son los que sueñan con una vanguardia transformadora, encabezada por un líder mesiánico, una persona que hable en nombre de todos para imponer su dictado. Ese es Putin, un tipo que sienta a su izquierda a Alexander Duguin, padre del nacional-bolchevismo, y a su derecha a Kirill, patriarca de la Iglesia rusa” (The Objective, 6 de abril 2022).

 Es que -reiteramos lo que ya hemos señalado- el populismo, no es una creación del  folclore latinoamericano. Se extiende a todo el mundo, invocando la resistencia fundada en  los miedos y el disgusto, sin alcanzar claridad constitutiva ni funcional,  ni ejemplos envidiables de democracia, por lo que siempre tiende al aislamiento en las relaciones internacionales.  En la medida en que sospecha competencia destructiva antes que cooperación.

El numen de “la razón populista, nativa fue el amigo Laclau, quien contrapone el populismo al institucionalismo y los consensos plurales. Los considera  fórmulas estereotipadas y erráticas, a través de las cuales se produce la distorsión deliberada del  proceso político.

Si el marxismo dejó escrita en la historia la frase mítica  “la religión es el opio de los pueblos”, bien podemos nosotros afirmar la idea de que el populismo es la nube rosada donde descansar la cabeza de “tantas injusticias liberales”, valga la ironía.

Así en ese limbo seguir escuchando únicamente la voz del amo. Ignorar la realidad tras la ficción: el sueño de aspirar a la unanimidad zombie. ¿Cantos de sirena del vasallaje? Claro que sí.

Pero no olvidemos que Ulises, atado al mástil en la barca Argos, se tapó los oídos con cera. No  escuchó a las sirenas. Logró zafar. Y regresó a Itaca.

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