lunes 17 de junio de 2024
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Los próximos pasos del radicalismo

Siempre es un buen momento para recordar a los acontecimientos y a las personas que marcaron la historia de nuestro país. Hacerlo desde un clima de incertidumbre y dificultad, como el que estamos atravesando, nos da la posibilidad de mirar con otros ojos la actualidad. Sin lugar a dudas, el cumpleaños 40 de la democracia argentina es una gran oportunidad para pensar el futuro del país.

A primera vista puede resultar paradójico. Desde un presente electoral adverso, que nos encuentra afuera del balotaje para definir al próximo presidente, los radicales evocamos el triunfo histórico del 30 de octubre 1983, que le dio al partido la misión titánica de levantar los cimientos de la democracia que disfrutamos hoy.

El denominador común de ambas situaciones —clave para entender cómo se posiciona el radicalismo hoy— es el compromiso innegociable con la democracia y los valores que respaldan nuestra propuesta. Asumimos con responsabilidad el lugar que nos toca ocupar, escuchamos a la gente y nos hacemos cargo de nuestras obligaciones.

No pretendo aquí utilizar a Raúl Alfonsín para justificar decisiones actuales; extraer con pinzas frases aisladas, licuar el contexto original y soltarlas en los debates de hoy, no tiene ningún sentido. No es lo mismo rastrear la historia únicamente con nostalgia que utilizarla como fuente de aprendizaje e inspiración. Una lección que suele pasar desapercibida en la argumentación política.

Y si de inspiración hablamos, no se me ocurre nada más justo y pertinente que valernos del monumental ejemplo de Alfonsín para tomar fuerzas y nutrirnos de un lema fundamental: hay futuro después del 19N y el radicalismo va a ser un actor central en él. Orgánicamente, y como siempre, poniendo la cara frente a la sociedad, estamos dando los pasos correspondientes para desempeñar con responsabilidad el papel que las urnas nos asignaron.

En el período 2023-2027 el sistema democrático demandará equilibrio. Para lograrlo hace falta una oposición que reúna cinco atributos: peso territorial, destreza legislativa, liderazgos convocantes, vocación de poder y autocrítica.

Frente a un escenario donde ninguno de los candidatos representa los valores y el programa que impulsamos, a la sociedad argentina le ofrecemos lo mejor que tenemos: institucionalidad, coherencia y futuro. El mapa político está cambiando, es cierto; el modelo de dos grandes coaliciones dominantes que nació en 2015 ya no existe. Pero aún en este clima de incertidumbre hay una fija: el radicalismo será siempre oposición al populismo y al extremismo.

Tal como hizo Alfonsín —quizás mejor que nadie— el desafío es entender el tiempo que estamos viviendo para construir un futuro más justo y próspero. En esa dinámica están el radicalismo y los gobernadores de Juntos por el Cambio. Así como en esta campaña hubo errores de estrategia y comunicación, estoy convencida que los frutos de este posicionamiento se verán más adelante, cuando sigamos avanzando hacia un nuevo proyecto de gobierno.

Publicado en “InfoSaladillo”

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