jueves 20 de junio de 2024
spot_img

Los alimentos almacenados mostraron un problema más grave: la gestión de Milei ya no está de estreno

El presidente Javier Milei decidió premiar la “experiencia y capacidad política” de Guillermo Francos, como explicó en el texto con el que justificó su designación en la Jefatura de Gabinete, dejando todavía en sus manos las atribuciones de la cartera de Interior.

Este abierto blanqueo de una necesidad hasta ahora no suficientemente valorada -que en la reducida tropa que ha reclutado hasta aquí Milei es sin duda cierto que solo Francos podía cubrir- fue retribuida por el ahora “superministro” con equivalente sinceridad: según él, es porque al jefe de Estado “la política se le complica”, no la entiende ni le interesa demasiado entenderla, y que hacía falta concentrar y jerarquizar esos roles políticos, para que no siguieran generando ruidos cada dos por tres.

El problema con la salida que por ahora Milei encontró es que mezcla demasiadas tareas, muy diferentes, en las mismas manos: una cosa es coordinar la gestión de las distintas áreas del Ejecutivo, otra llevar las relaciones con el Congreso, los gobernadores y los partidos de oposición.

Encima tampoco se despejó, para simplificarle las cosas a Francos, una de las incógnitas que había complicado a Posse: ¿cuál es la divisoria de aguas entre las atribuciones del Jefe de gabinete y las del triángulo áulico que el propio Milei compone con su hermana y Santiago Caputo, y que suele meterse en todo, pero no se ocupa sistemáticamente de casi nada, salvo de la comunicación? 

Es que el desorden, en el muy precario equipo de gobierno que hasta aquí logró conformar el libertario, viene en gran medida de arriba. Por caso, es lo que sucedió en las últimas semanas con las negociaciones sobre la Ley Bases: el círculo áulico participó de ellas, por ejemplo vetando la intervención de Villarruel en su propia área de influencia, el Senado, o ventilando en las redes y los medios, obstáculos que algunos senadores o gobernadores han interpuesto, y sus razones muchas veces inconfesables, con lo que le complicaron la vida a los encargados oficiales de hacer avanzar el trámite, Francos y compañía.

Es lo que sucede, también, en Capital Humano. Es ya bastante evidente que Sandra Pettovello es una fuente de problemas: no es casualidad que la suya sea el área de donde se despidió a más de la mitad de los muchos “funcionarios que no funcionaron” en estos primeros seis meses de gestión, todo un récord dentro de otro récord.

Sin embargo, Pettovello ha sido una y otra vez confirmada por Milei, y puesta a resguardo de cualquier objeción, porque según él es la ministra modelo; ¿va a poder Francos intervenir en esa área o ahí naufragarán de movida sus funciones de coordinación?, ¿otros ministros van a buscar que el Presidente les otorgue similares salvoconductos, para hacer lo que les plazca, y lo conseguirán?, ¿qué podría resultar de una gestión en que a su líder no solo “se le complican” los temas más pedestres de la política, sino que él se dedica a complicarlos más de lo que ya están?

Capital Humano es también la fiel demostración de otro problema, aún más grave, que se volvió visible en los últimos días: la administración ya no está tan de estreno como hace unos meses, empieza a tener pasado, y en algunos asuntos relevantes, ese pasado le pesa.

Las idas y vueltas con el asunto de los alimentos para emergencias y su vencimiento fue la mejor muestra: a medio año de asumir sus cargos, los funcionarios no pueden ya decir que no saben con qué recursos cuentan para atender necesidades muy inmediatas y urgentes; en este caso, que desconocen lo que hay en los depósitos de alimentos; ni Milei puede argumentar que la eventual pérdida de esos recursos es irrelevante, porque la tarea esencial de la ministra es “destapar curros” y la hace muy bien. 

Tampoco esta puede descargar toda la responsabilidad hacia abajo, y seguir echando gente alegremente, más rápido de lo que la recluta, porque el único común denominador de los despidos que va quedando es que ella puso la firma en todas las designaciones.

Con el lío de la provisión de gas pasó un poco lo mismo: el área de energía arrastra pasivos enormes de la anterior administración, pero ya se les empezaron a sumar los que agregaron en estos seis meses, por descuido, ignorancia o por excesiva atención a las pautas de ajuste, los funcionarios mileistas.

En el fondo, todos estos problemas conducen a una misma pregunta: ¿Cuánto tiempo más Milei puede mantener congelada la administración del Estado nacional, para gastar lo mínimo y hacernos creer que en serio puede sobrevivir un país y funcionar una economía sin sector público?

Para precisar un poco más la cuestión, ¿en qué áreas él puede insistir con esta tesitura, y desmantelar áreas del Estado que tal vez nunca aportaron mucho, o incluso generaron más problemas que beneficios, y en qué otras va a tener que empezar a gestionar, para lo que necesita gente que no solo destape chanchullos, también sepa hacer funcionar la máquina burocrática?

Los tiempos para resolver este intríngulis se van acortando. Y con la eventual aprobación de la Ley Bases puede que se acaben del todo. El empoderamiento de Francos va en la dirección correcta, sin duda: poner al frente a gente que no solo sepa, sino que también quiera que el Estado funcione, que haga tal vez menos cosas que antes pero las haga bien es lo que hace falta.

Pero está lejísimo de alcanzarlo, y el propio Milei va a tener que involucrarse, o por lo menos dejar de promover la idea de que eso no habría siquiera que intentarlo, porque promovería la ilusión de que el “estatismo” puede ser, en dosis moderadas, beneficioso.

Su ideología y sus obligaciones como presidente están, en esta materia igual que en la representación internacional de nuestros intereses, en pugna. Imposible saber cómo va a resolver esa tensión, pero es claro que se le va acabando el tiempo para ignorarla.

Publicado en www.tn.com.ar el 2 de junio de 2024.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Alejandro Garvie

Europa: Más crisis, más elecciones

Karina Banfi

Mujeres a la Corte

Alejandro Einstoss

Lo que falta es gestión, no la Ley Bases