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12 05 2021

Lo que faltaba: una chispa en Medio Oriente


Autor: Alejandro Garvie









Razones de antaño, de política doméstica y de hastío del pueblo palestino, explican la escalada de violencia entre Israel y la guerrilla palestina. La comunidad internacional ha sido displicente durante los últimos años con respecto a los diálogos por la paz. Y eso debe cambiar.


Del enésimo capítulo de una guerra interminable – casi parafraseando a la serie de la gran Almudena Grandes - israelíes y palestinos vuelven a derramar la sangre de unos y otros en torno a la ciudad santa de Jerusalén. Claro que, al revés de las Sagradas Escrituras, David enfrenta a Goliat, pero con la camiseta cambiada.

A una serie de ataques con cohetes que fueron neutralizados por el eficiente escudo antimisil, el gobierno derechista de Benjamín Netanyahu aplicó la regla del escarmiento: “Hamas y la Jihad Islámica han pagado, y pagarán, un precio muy alto por su agresión”, dijo el primer ministro en un discurso a los israelíes el martes por la noche, lanzando la operación “Guardianes de los Muros” y dejando en claro que las acciones seguirán por un tiempo indeterminado.

Sin canales de diálogo, sin presión internacional para que Israel se siente a negociar; sin vacunas para los habitantes de la franja de Gaza, que Israel ha dispuesto para toda su población; con la demolición de los barrios palestinos en Jerusalén Oriental; unos disturbios “domésticos” en las mezquitas de Aqsa y Omar en las que la policía israelí reprimió a los palestinos, fueron el detonante de la nueva situación, por el lado palestino.

La ola de disturbios se extendió por ciudades de población árabe en Israel y partes de la Cisjordania ocupada. Dos días de ataques israelíes en Gaza, que está controlada por Hamas, dejaron 48 palestinos muertos y más de 300 heridos en Gaza el miércoles por la tarde.

Los cohetes disparados, en respuesta a este ataque, por el grupo guerrillero Hamas sobre las ciudades israelíes de Ashkelon, Tel Aviv y Lod, mataron a seis personas e hirieron a unas 100.

Dentro de Israel, las protestas y los disturbios se sucedieron en las ciudades mixtas judío-árabes y centros de población árabe en todo el país salió a exteriorizar su hastío por la discriminación y su solidaridad con la población de Gaza que está bajo fuego del ejército de Israel. Los ciudadanos palestinos de Israel se amotinaron en la ciudad mixta de Lod e incendiaron una sinagoga y docenas de automóviles.

Con decenas de muertos y cientos de heridos, Hamas intenta mostrarse triunfalista para renovar su mala imagen – entre los palestinos – de fuerza política autoritaria, violenta y de mala gestión cuando llegó al gobierno del territorio, en 2007. “Hemos logrado crear una ecuación que une los frentes de Jerusalén y Gaza", se ufanó el líder, Ismail Haniya, en un discurso grabado en Qatar y transmitido por un canal de televisión afiliado a Hamas. “Son inseparables. Jerusalén y Gaza son uno”.

Por el lado de Israel, el conflicto es funcional a la estrategia de Netanyahu consistente en ahondar las divisiones entre los partidos de oposición que actualmente negocian una coalición para sacarlo del poder. De modo que la metralla le está dando el oxígeno indispensable para seguir siendo primer ministro, a pocos días de lo que aparecía como una posible derrota política en el Parlamento.

“Es la historia de todas las guerras anteriores entre Israel y Hamas”, dijo Ghassan Khatib para el New York Times, un experto en política de la Universidad Birzeit en la ocupada Cisjordania. Ambos gobiernos “salen victoriosos y el público de Gaza sale como perdedor”.

La operación inicial de Israel parece confirmar esta idea, porque si bien el ejército israelí dijo que sus objetivos en Gaza incluían los sitios de fabricación de armas de Hamas y la Jihad Islámica – un grupo guerrillero más pequeño -, así como instalaciones militares y dos túneles, el Sr. Soboh, un funcionario palestino de 31 años, preguntó por qué Israel había atacado un edificio civil. “No es un cuartel militar, no representa ningún peligro para Israel”, dijo en el lugar en el que murieron una anciana y un niño con parálisis cerebral, reproduciendo la ya sempiterna imagen de los “daños colaterales” de estas refriegas.

La comunidad internacional, y en especial el presidente norteamericano Joe Biden que ha irrumpido como el portador de llaves que abren puertas a soluciones pragmáticas, deben redoblar sus esfuerzos para frenar esta ola de violencia política, volver a reabrir el diálogo y aquietar las aguas de un conflicto que todos saben que no tiene solución pero que debe mantenerse en el nivel de intensidad más bajo posible.