lunes 20 de mayo de 2024
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Liliana de Riz: “Las dos opciones electorales son variantes de la misma melodía, géneros autoritarios”

Por Astrid Pikielny

El panorama es desolador, dramático, inquietante, dice la socióloga Liliana de Riz. Y enumera: la fractura de la coalición opositora, que funcionó como elemento estabilizador del sistema político; el surgimiento de un “profeta” que, “motosierra en mano”, promete dinamitarlo todo y pone en cuestión el consenso democrático; y la resiliencia de un peronismo que vuelve a ser competitivo a pesar del fracaso económico y el drama social, su desprecio por la división de poderes y la independencia de la Justicia, y la colonización de un Estado que es “territorio comanche” para los negocios.

“Es una elección angustiante: es una sociedad castigada y destruida por una economía rota que coexiste con un tsunami político y que contempla el espectáculo de una pelea entre dos candidatos que no sabemos a dónde nos va a conducir. Esta elección es un final abierto e inquietante para la Argentina”, dice De Riz, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de la Argentina, a pocos días de un balotaje entre Sergio Massa, el candidato del oficialismo; y Javier Milei, el líder de La Libertad Avanza y al que de Riz considera un “cisne negro”, un emergente “esotérico” que ha reconfigurado el sistema político.

Para ella, la opción entre democracia y autoritarismo que se plantea es errónea y simplificadora. “Las dos opciones electorales son variantes de una misma melodía, géneros autoritarios, a la derecha o a la izquierda. Una melodía que hace del otro su enemigo: uno con la motosierra, el otro con la Constitución, porque si no hay una Justicia independiente, la Constitución no funciona”, explica De Riz, experta en sistemas electorales, partidos políticos y políticas públicas, autora de varios libros y especialista en política latinoamericana.

En días en los que intelectuales y referentes de la cultura, con historias, posturas e identidades muy diversas entre sí, hicieron un llamado a votar a Sergio Massa –en contra de Milei–, De Riz se desmarca y deja clara su postura. “No veo a Milei como la amenaza de una autocracia dada su debilidad institucional y la conformación de fuerzas políticas en Argentina. Podría tener un destino parecido al del presidente peruano Castillo, echado por juicio político. Y Massa me parece mucho más peligroso porque el peronismo ha venido violando leyes sistemáticamente y manejando el poder como la empresa propia”.

Además, De Riz reflexiona sobre la gestión de Alberto Fernández, que culmina el 10 de diciembre. ¿Cómo cree que pasará a la historia? “Es la imagen gráfica de la degradación de las instituciones políticas en la Argentina. Es como un don nadie al que le dieron un lugar que no merecía. La manera en que lograron poner a un nadie en el Sillón de Rivadavia es extraordinaria”.

–La primera vuelta electoral dejó un peronismo que, aunque hizo una mala elección en términos históricos, se volvió a mostrar competitivo; una coalición como Juntos por el Cambio quebrada y una fuerza como La Libertad Avanza que, a poco de la segunda vuelta, suma el apoyo de una parte del PRO. ¿Estamos frente a qué escenario?

–Estamos en un proceso de reconfiguración del sistema político después de una especie de tsunami, en el que una tercera fuerza apareció y entró al balotaje con un candidato excéntrico que descolocó completamente lo que era el viejo clivaje radicado en dos coaliciones –peronista y no peronista– que dio una Argentina estable, aunque con una economía destruida. A diferencia de Perú, nosotros tenemos la economía destruida pero no tenemos las calles con estallidos. Entonces, que esta coalición opositora, Juntos por el Cambio, se quiebre, es un dato gravísimo porque una oposición desunida nunca puede competir con un peronismo unificado. Pero la novedad del señor Milei es el pacto con un sector del PRO liderado por la candidata y el jefe del PRO. Ya no quedan dudas de que el PRO es un partido personal que tiene un jefe que decide por simpatía respecto de las ideas que supuestamente tenía Milei. Lo cual es también algo muy confuso.

–¿Por qué?

–Porque el liberalismo de Milei efectivamente es un rezo, es una fe, es un dogma: no tiene nada que ver con el pensamiento liberal, excepto en la economía, el “abramos todo”, una especie de darwinismo social. Veo que estamos de nuevo en un cono de sombras, en un proceso oscuro que llevará su tiempo largo. A partir de la emergencia de Milei, el sistema político ya no es el mismo.

–¿Cómo definiría el liderazgo de Milei?

–Es una especie de profeta imbuido de fuerzas del cielo, que en realidad emergió de las fuerzas mediáticas. La palabra esotérico es la que más le cabe, porque él empeora todos los eventuales preceptos de la política como la conocimos hasta ahora. Esta imagen de un león que ruge motosierra en mano, y que en nombre de una casta que viene a destruir dinamita todo, es una novedad que solo se entiende considerando el grado de furia que hay en esta sociedad frustrada, sobre todo los jóvenes o los varones, a los cuales les habla contra la política de género, contra el feminismo. Así como Trump fue un cisne negro en la sociedad americana y Orban en Hungría, claramente Milei es un cisne negro. Nadie iba a imaginar que este personaje esotérico que cierra su acto de campaña con bombas de un mundo en guerra de trasfondo de pantalla, que vocifera cualquier cosa, incluida la venta de órganos, que dice que la dictadura no era dictadura y que tiene un discurso brutal haya llegado a entrar al balotaje. Es una cosa muy sorprendente.

–Usted ha dicho que Massa fue capaz de transmutar en oposición y oficialismo a la vez, despegándose del fracaso de un gobierno en el que es una pieza clave. ¿Cómo describiría a Massa?

–La mejor frase la encontré en el Financial Times: dice que Massa es un hombre que no se guía por principios. Entonces, camuflado de candidato siendo ministro o viceversa, actúa como si este gobierno no fuera de él. Los mexicanos dirían “finge demencia”. Yo diría que su intención es una nueva máscara con la que el peronismo quiere convertirse en la sucesión del kirchnerismo. Ahora tenemos una nueva intención del peronismo, que supuestamente dejaría atrás –no estoy segura– a la veta kirchnerista del pasado. Se pueden hacer distintas hipótesis, pero lo que parece seguro es que hará lo que tenga que hacer si llega a ganar para seguir en el poder. Macri quiere seguir el cambio, sepultar al radicalismo y convertirse en el abanderado del cambio vía prohijados diferentes, ahora con Milei. ¿Será que espera un segundo tiempo? No lo sé, pero en todo caso se trataría de sepultar al radicalismo, que queda como neutral, “no está con el cambio”, dirían los que apoyan a Macri. Lo que sí vemos es la impudicia, porque que Massa apele a los 40 años de democracia replicando el discurso de Alfonsín, como se atrevió a hacerlo también Alberto Fernández, es realmente impúdico. Si hay algo que no tienen en común es precisamente lo que representó Alfonsín: un conjunto de principios que armaron el Estado de Derecho en la Argentina. Y Massa no tiene idea de cómo respetar el Estado de Derecho.

–Justamente por la ambición y el pragmatismo de Massa, algunos sostienen que, de ser electo, será el encargado de terminar con el kirchnerismo. ¿Cree que en ese caso comenzaría una etapa de deskirchnerización?

–Es muy probable que sea Massa el encargado de esa tarea, pero como si alguien venga a desratizar la casa y te saca las ratas, pero te trae otros bichos tan malévolos como, por ejemplo, las serpientes. Y uno no sabe si fue una solución porque lo que viene, claramente, no lo conocemos. Esta elección es angustiante: es una sociedad castigada y destruida por una economía rota que coexiste con un tsunami político y que contempla el espectáculo de una pelea de dos que no sabe a dónde nos va a conducir. Milei es lo desconocido y, por supuesto, Massa supo instalar el miedo al señor de la motosierra. Pero también Massa es otro desconocido, porque los que tenemos algunos años sabemos del modo en que él “camufla” un movimiento que termina finalmente cambiando para hacer lo mismo. Eso se llamó gatopardismo; o transformismo, en el caso del peronismo. Esta elección es un final abierto e inquietante para la Argentina.

–Es una encrucijada dramática.

–Sí, pero más allá de que la superficie está en llamas, encarnada por esta incertidumbre de futuros oscuros que prometen tanto uno como el otro, el drama tiene la profundidad de los problemas irresueltos de una Argentina que resiste a cambiar. Y yo diría que aquí hay una polarización tóxica que impide consensos que hagan posible políticas de largo plazo. Pero, además, es también la consecuencia de la carencia del sentido del Estado. El Estado es el lugar de los negocios, es el capitalismo de amigos, es la colonización hecha por las corporaciones políticas, empresarias, sindicales. Y es una especie de empresa que manejan empresarios sin ningún pudor por el conflicto de intereses. Entonces, tenemos un Estado colonizado por una dirigencia de intereses sin sentido del Estado y una polarización política. Toda esta dirigencia política carece de sentido del Estado.

–Las personas que rechazan estas dos opciones evalúan la posibilidad de votar en blanco, una opción calificada como “tibia, neutral y funcional a Massa”. ¿Qué lectura hace de eso?

–Lo que el voto en blanco expresa es el rechazo a la opción que a los electores se les dio. Si el voto en blanco es muy importante, eso quiere decir que la legitimidad del que gana está erosionada. Y entonces hay un argumento político detrás del voto en blanco. Si alguien le dice “usted tiene que elegir entre un ladrón confeso y un loco inestable”, la gente puede decir “no cuenten conmigo”. Hubo tradición de abstención en el radicalismo y voto en blanco en el peronismo. Yo creo que va a haber mucho voto no declamado, mucho voto silencioso, vergonzoso tanto para un candidato como para el otro.

–¿Coincide con los que plantean que en esta elección se juega entre la democracia y el autoritarismo?

–Me parece muy simplificador. Creo que las dos vertientes son bochornosamente peligrosas en cuanto al autoritarismo, porque ya sabemos que el massismo y el kirchnerismo podrán diferir en cuanto a la orientación de ciertas políticas, sobre todo en la economía, pero esta capacidad de ser mandamases, hacer las leyes a su medida, no respetar la división de poderes y tener la Justicia a su servicio no va a cambiar. No está la democracia por un lado y el autoritario nazi o como lo quieran llamar por el otro. Si uno toma una palabra que me disgusta mucho como es el populismo, porque es muy indefinido, a grosso modo podría decir: las dos opciones electorales son variantes de una misma melodía, géneros autoritarios, a la derecha o a la izquierda. Una melodía que hace del otro su enemigo: uno con la motosierra, el otro con la Constitución, porque si no hay una Justicia independiente, la Constitución no funciona.

–Algunos le critican a Macri el haber promovido el desgaste de la interna de Juntos por el Cambio, el haber hecho implosionar la coalición de forma unilateral y el no haberse colocado en el lugar del expresidente y el estadista que vela por intereses superiores. ¿Qué juego ha jugado Macri?

–Veo que entre Macri y Cristina Kirchner hay una cierta simetría y complementariedad de opuestos. Es un tipo astuto e inteligente que ve cómo viene la mano y dice “el cambio está acá, con el cambio iremos”, porque no hay nada peor que quedarte afuera si sos un ganador y sabés jugar al bridge, pero eso mismo hace que su perfil sea el perfil de un ingeniero que hace los cálculos para hacer una casa. Y si esta casa no funciona, traigo otra. Pero la política no es así, no es armar un edificio con suficiente equilibrio, sino decidir cuáles son los valores con los cuales vas a elegir a la gente que vive adentro. Y como no es simplemente un intercambio de intereses y favores, sino un conjunto de principios que hay que llevar adelante, esta es una figura que nos deja muy huérfanos del aliento que tendría un dirigente que conduce y al mismo tiempo que te da esperanza, te dice claramente cómo está anclado y reafirma que no “vamos con cualquiera para ganar como sea”. No es un partido de bridge en el que puedo hacer cualquier cosa porque, total, es algo lúdico; en la política está la vida de la gente en el medio.

–Algunos intelectuales han llamado a votar a Massa porque Milei encarnaría una práctica cesarista y autoritaria violatoria de la Constitución. Usted no firmó ese documento. ¿Por qué?

–Yo no firmaría nunca una solicitada a favor del voto a Massa con la disyuntiva de que “o es la democracia o es la autocracia o dictadura”. Quiero decir, si no hay opción entre esos dos candidatos, entonces uno llama a la abstención o al voto en blanco que significa protesta. Pero elegir entre Massa y Milei, con el supuesto de que Milei es una autócrata y Massa no lo es, no me cierra. No es solo el problema de que manejó mal la economía, es el problema de la continuidad del movimiento político, que cambiará o no de piel, pero al que no le importa la división de poderes, que ha hecho un uso descarado de los derechos humanos y que me parece más peligroso que un Milei. ¿Por qué? Porque en caso de ser electo Milei, con sus pocas bancas, sería débil y su destino me parece mucho más parecido al de Castillo, el presidente peruano, que finalmente fue echado con el juicio político, que al destino de un Orban o un Putin, figuras mucho más próximas a la astucia y la experiencia con que se maneja el señor Massa. Me siento realmente sorprendida de que se diga que hay que votar a Massa. Otro argumento que me pesa muchísimo es cuando se habla de un autócrata: Trump tenía al Partido Republicano detrás de sí; Bolsonaro tenía las fuerzas armadas; Fujimori tenía las fuerzas armadas y los grandes empresarios; y Chávez tenía una masa enorme de votos. Si Milei gana, no va a ser con una masa enorme de votos, no cuenta con las fuerzas armadas y no cuenta con lo más importante del llamado círculo rojo. No veo a Milei como la amenaza de una autocracia dada su debilidad institucional y la conformación de fuerzas políticas en la Argentina. Y Massa me parece mucho más peligroso porque el peronismo ha venido violando leyes sistemáticamente y manejando el poder como la empresa propia.

–Por último, ¿cómo cree que será recordado el gobierno de Alberto Fernández que está a poco de culminar?

–Bueno, es realmente una pregunta difícil porque es como un donnadie al que le dieron un lugar que no merecía. En realidad, era el que llevaba el portafolio de los que mandan, que se sentó ahí con cara de nada a ver qué era lo que pasaba y llegó la pandemia y lo pasó por encima, con una mujer, la “querida Fabiola”, que hacía fiestas en pandemia. Todo eso resulta un espectáculo tan penoso que va a pasar como la imagen gráfica de la degradación de las instituciones políticas en la Argentina. No es solo eso, pero es la imagen que condensa la degradación. La manera en que lograron poner a un nadie en el Sillón de Rivadavia es extraordinaria.

Publicado en La Nación el 4 de noviembre de 2023.

Link https://www.lanacion.com.ar/ideas/liliana-de-riz-las-dos-opciones-electorales-son-variantes-de-la-misma-melodia-generos-autoritarios-nid04112023/

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