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23 10 2022

Lecciones desde Kiev


Autor: Maximiliano Gregorio-Cernadas









La Seguridad Internacional, prioridad por antonomasia de la agenda mundial pues atañe a la vida o muerte de los Estados, está compuesta de un sistema de equilibrio siempre suspicaz y ha sido convulsionada por la invasión de Rusia a Ucrania de un modo tan esencial que ningún Estado eludirá sus consecuencias, menos aún aquellos como Argentina, cuya seguridad externa ya era frágil.

Paradójicamente, la principal vulnerabilidad argentina radica en la indiferencia, subestimación e ignorancia de una dirigencia que excluye la cuestión de su agenda pues la considera “for granted”, la subordina a las urgencias de una crisis endémica y la reduce a lo bélico al tiempo que decreta la inexistencia de “hipótesis de guerra”, de lo que infiere que es abstracta y desdeñable, suscitando una responsabilidad, además de grave, absoluta, pues no corresponde a una ciudadanía legítimamente abrumada por lo inmediato instalarla motu proprio ni exigir hacerlo, cuando sí es propio de los líderes previsores ver más lejos que sus liderados.  

Otra categoría comprende amenazas geográficamente localizadas, como el dominio de sus mares por submarinos nucleares extranjeros, el saqueo de sus recursos ictícolas en el Atlántico, el imperio del narcotráfico sobre Rosario, la hidrovía y otras áreas, ubicuos “bombardeos” de droga desde avionetas extranjeras, la porosidad de la frontera nordeste para todo tipo de delitos, la vigilia del terrorismo internacional desde la Triple Frontera, los sospechosos grupos cubanos en la frontera norte, el violento accionar de grupos transnacionales separatistas pseudo-mapuches en la Patagonia, reiterados contrabandos de armas en la frontera con Chile, inquietantes disposiciones en populares ensayos constitucionales chilenos, o la flamante revelación de que misteriosos aviones extranjeros de gran porte frecuentan el país sin control.

Existe un tercer grupo más genérico: la difundida prédica de que las cuestiones de Seguridad, Defensa e Inteligencia, así como sus instituciones y personal, constituyen amenazas al pueblo argentino: opacas pero comprometedoras alianzas estratégicas con potencias imperialistas y ajenas a nuestros parámetros de orden, ley, libertad y seguridad, así como con otros Estados menores pero altamente conflictivos; debilidad en materia de ciberseguridad; el intangible pero devastador efecto de futuras pandemias como el Covid, superior al de una bomba atómica y que, sin duda, se repetirá, recordando nuestro fracaso y advirtiéndonos que, cuando un país sufre un ataque externo, adrede o accidental, que extermina en meses a casi 130.000 compatriotas, es evidente que constituye un daño abrumador para su seguridad.

El cuarto grupo atañe a cuestiones exógenas derivables del conflicto en Ucrania, como reordenamientos estratégicos mundiales, amenazas del uso de armas de destrucción masiva,  propagación del conflicto, eventuales intentos de las superpotencias por trasladar sus disputas a Latinoamérica, desplazamientos humanos debidos a catástrofes humanitarias, hambrunas y pestes, contaminación ambiental por ataques a instalaciones nucleares y gasoductos, perturbaciones del tráfico mundial de energía y productos, conflictos geopolíticos derivados del apetito por espacios ricos y seguros y recursos escasos y estratégicos, etcétera.

Pero acaso la más grave y aviesa de las amenazas a la seguridad argentina sea que su mayoría está amparada por los propios argentinos, pues sería una ingenuidad creer que hubiesen progresado tan exitosamente sin la complicidad de algún sector del propio Estado, que sólo se nutren de la ineptitud o de la ideología de los responsables de enfrentarlas, o que no responden a intereses económicos y de poder. Es público el apoyo oficial al garantismo frente al delito organizado, a la violencia pseudo-indígena, al accionar de sanitaristas cubanos, al sistemático y suicida descrédito de nuestras fuerzas defensivas, de seguridad e inteligencia, al amparo de vuelos misteriosos, la sospechosa impericia en el uso de tecnologías adecuadas, la inacción frente al narcotráfico, o la presunta connivencia de locales y extranjeros en el asesinato del fiscal Nisman, todos sucesos ostensiblemente contrarios a los intereses nacionales como para aducir el azar, el descuido o la estupidez. 

El “fuego amigo” es un clásico a vigilar en cualquier enfrentamiento y en todas sus formas, pues tan deletéreo para la seguridad externa es atraerse enemigos innecesarios (el tradicional antioccidentalismo populista argentino, la Guerra de Malvinas o el conflicto de Medio Oriente con Carlos S. Menem) como promover situaciones internas que la afecten.

Contrarrestando estos males, Argentina dispone de algunas ventajas: desde  Raúl Alfonsín se goza de un prestigio en materia de paz y seguridad que puede ser aprovechado (p.e., el Director General del OIEA, Rafael Grossi, es argentino); la distancia le brinda un margen de maniobra mayor que el de otros países y dispone de enormes recursos y espacios alejados de los conflictos mundiales, lo cual podría incluso favorecerla. Pero acaso el mayor provecho de la invasión rusa consista en ofrecer una excelente oportunidad para advertir a la dirigencia y a la ciudadanía acerca de la importancia vital de la Seguridad para un país que se creía seguro.

¿Qué debería hacer la Argentina frente a tales amenazas a su seguridad?

En general, lo fundamental consiste en tomar consciencia de que la vulnerabilidad de la seguridad argentina es estructural. Como sostenían Cicerón y Maquiavelo, la anticipación en esta materia lo es todo y, por último, de que la clave radica en la tecnología. Como afirmó Bacon, “Scientia est potentia”.

En un plano específico, se impone lo urgente: 1) involucrar a los líderes de la oposición en estos asuntos; 2) fortalecer los equipos integrados por políticos y expertos en el marco de las fundaciones de los partidos de la oposición, a fin de elaborar las políticas a implementar desde el 2023; y 3) ejercer una rigurosa, manifiesta y constante fiscalización de la política del Gobierno en estos temas, tanto en ámbitos legislativos y especializados, como en los medios de difusión.

En suma, es imprescindible recordar que, llegado el caso, la seguridad puede preceder incluso a la indigencia, pues los muertos no sufren más carencia que la de su vida.

Publicado en El Economista el 19 de octubre de 2022.

Link https://eleconomista.com.ar/politica/lecciones-kiev-n56905