lunes 22 de julio de 2024
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Las sinrazones de la razón de Estado

Cuán difícil e incluso imposible es, a menudo, en las anexiones territoriales de un vencedor,” escribía Meinecke en su gran obra de 1924 dedicada a la razón de Estado “distinguir lo que es necesidad política práctica y lo que es mera complacencia en el aumento de poder”.

Para el historiador alemán, el Estado es un organismo “anfibio”, animado por dos tipos de impulsos: los unos “éticos”, que se concretan en el derecho y se relacionan con valores espirituales, y los otros “naturales”, vinculados al poder y a sus artilugios, la guerra ante todo.

Le pertenece al gobernante, según Meinecke, “descubrir fría y racionalmente los intereses objetivos del estado, tratando de librarlos de todo ingrediente emocional: pues, como decía Bismarck, el odio y la venganza son malos consejeros en la política.”

Se trata, por cierto, de una visión algo equívoca de la razón de Estado, donde el que decide se asemeja más al Príncipe de Maquiavelo que a un gobierno democrático y donde su impulso ético parece destinado, fatalmente, a sucumbir ante “los intereses objetivos del Estado”, otro concepto por lo menos ambiguo.

La historia nos enseña que su diferentes semblantes, lejos de basarse en elementos objetivos, arraigan más bien en prejuicios y percepciones sesgadas, visiones del mundo anticuadas y opiniones opinables de aquella parte de la población, a veces reducida, que, en un dado momento histórico y por ciertas razones circunstanciales, logra configurar su contenido.

En particular, el perseguir estos “intereses objetivos” con guerras nunca sirvió al atacante y perjudicó de forma grave al defensor y sus aliados (nadie lo sabe mejor que Alemania). Sin embargo, muchos, en Europa, se encuentran todavía atrapados en esta interpretación mortífera de la razón de estado.

Tanto es así que, en comparación, el llamado de Bismarck nos parece de un irrefutable progresismo; ojalá fueran ciertos políticos atentos a no caer en la trampa del odio y de la venganza.

Quizás no sea casualidad que de la misma tierra de Bismarck, nos llegue una de las versiones de la razón de estado más audaz y valiente, enunciada por Merkel en 2008, en ocasión del 60⁰ aniversario de la fundación del estado de Israel, y retomada más de una vez por Scholz en estos últimos meses: se trata de considerar la seguridad de Israel como un elemento crucial de la razón de Estado (Staatsräzon) de Alemania.

No es posible entender este llamado sin referirse a la noción de Vergangenheitsbewältigung, una de estas extraordinarias palabras compuestas alemanas imbuidas de historia y rigor, que se podría traducir como “afrontar el pasado”, en el sentido de asumirlo y tratar de elaborarlo por el medio, entre otros, de políticas públicas.

Es lo que tendrían que hacer todos los países con su Historia o, más propiamente, con las historias de las cuales se compone su pasado, ya que toda Historia está jalonada por luchas y enfrentamientos, represiones y supresiones, olvidos y memorias encontradas.

Es lo que supo hacer precisamente Argentina al enfrentar su última dictadura –siendo uno de los puntos álgidos de este proceso el Juicio a las Juntas de 1985. Es lo que nunca consiguió Italia frente a su proprio pasado fascista y que, al revés, sí, logró en el caso de la discriminación vivida por la población alemana que quedó adentro de sus confines después de la Primera Guerra Mundial; lo hizo, en este caso, con instrumentos jurídicos e instituciones fuertes y memoriosas, que acompañan todavía un ejercicio cotidiano y paciente de convivencia.

A nivel de la Unión Europea, se está comenzando, cautamente, a promover visiones compartidas de eventos traumáticos del pasado adentro y afuera de sus confines (ligados a guerras, migraciones o colonialismo), para poderlos rememorar juntos y encontrar medidas de “justicia histórica” por el trámite de procesos, indemnización o amnistías.

Se trata de un camino cuesta arriba y el fortalecimiento de los partidos de extrema derecha racista, algunos de las cuales han llegado al poder con libres elecciones, lo muestra con sobra. Pero es la única manera de consolidar los cimientos de una real seguridad adentro y afuera de la UE.

El pasado al cual se refieren Merkel y Scholz es obviamente aquel del nazismo y de la Shoah y la atención puesta en evitar su repetición es, según el destacado periodista John Kempfer, una “brújula moral para el estado y la sociedad” alemana que causa respeto y admiración (The Guardian, 4/11/ 2023).

¿Pero….cómo hacerlo? No quiero opinar sobre la “guerra cultural” que se ha difundido en Alemania y en Estados Unidos entre los que tildan, de antemano, toda crítica al gobierno Netanyahu como anti semita y los que, al revés, leen el conflicto arabo israelí a la luz de las categorías de imperialismo y colonialismo (de Israel y de todos lo que lo sostienen).

Quiero referirme más bien al tema de cómo Alemania y Europa en su conjunto pueden contribuir a la seguridad de Israel. El factor crucial no es la defensa de las fronteras, sino la convivencia de los pueblos: la seguridad de los israelíes no es sino la otra cara de aquella de los palestinos, ya que toda seguridad, a nivel personal como estatal, no puede ser ni particular (exclusiva de uno), ni absoluta, sino que tiene que apoyarse en la colaboración, en la reciprocidad, en el reconocimiento mutuo; tiene que abarcar contención y compasión en igual medida. Imposible hablar de eso a los jefes militares, pero, cuando regresen a sus cuarteles, con esa masa habrá de ser moldeada la paz.

Publicado en Clarín el 27 de febrero de 2024.

Link https://www.clarin.com/opinion/sinrazones-razon_0_mZfG8aj4n9.html

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