martes 18 de junio de 2024
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Las idas y vueltas de Milei: el módico costo que paga por ser pragmático

Siempre, en todos lados, los días previos a la asunción de un nuevo gobierno son frenéticos y están llenos de rumores, desmentidas e idas y vueltas de las nuevas autoridades. Pero esa tendencia es particularmente marcada en el caso del presidente electo, Javier Milei, por la gravedad de la situación que tendrá que enfrentar en cuanto asuma y la enorme incertidumbre que genera su falta de experiencia, la ausencia de un partido con un equipo mínimamente organizado y la necesidad de tejer alianzas con otros actores para incrementar su base legislativa y sus chances de sobrevivir.

No llama demasiado la atención que improvise, que insinúe designaciones que al cabo de pocas horas o días se desmienten y con ello abandone opciones de política que parecían firmes, a favor de otras bastante distintas. Es más, en alguna medida que esté haciendo todo eso no deja de ser una buena noticia: desmiente otro motivo de preocupación, mucho mayor, que campeaba en la sociedad y las elites, en particular en esos actores que ahora él tiene que atraer, o que sumó a su coalición electoral, pero solo a medias, por la negativa, es decir, apenas para evitar que ganara Massa. 

Ese otro motivo de preocupación era su fanatismo e inflexibilidad doctrinaria: la perspectiva de que quisiera orientar su estrategia política con la exclusiva guía de “las ideas de la libertad”, tamizando las designaciones y las medidas a adoptar con el credo libertario, es decir, con criterios extraídos de libros de texto y cerrados a cualquier consideración que no se ajustara a sus premisas teóricas. Algo de eso va a haber, seguramente, pero bastante menos de lo que él mismo había prometido. Y menos mal.

Donde más claramente esta flexibilidad, pragmatismo y las consecuentes idas y vueltas están a la orden del día es en el terreno que más las necesita: la gestión de la economía. La entrada en escena de Luis Caputo para Economía indica que se privilegia la experiencia y practicidad para generar confianza en un programa financiero, monetario y fiscal, y deja en segundo plano la fidelidad con los planteos de campaña y la doctrina ideológica. Una muy buena noticia dadas las muy altas chances de que si se intentaba ser fiel a sus promesas lo más probable es que el gobierno fracasara a poco de iniciarse.

Pero no es este el único ejemplo de este bienvenido y bastante inesperado ataque de pragmatismo. También está el caso del reemplazo de Carolina Piparo, hasta la semana pasada confirmada para tomar las riendas de la ANSES, en pago por sus esfuerzos en la campaña bonaerense y pese a su absoluto desconocimiento de ese organismo, por Osvaldo Giordano, quien no solo tiene mucho más expertise en temas previsionales, sino que trae bajo el brazo un acercamiento a sectores del peronismo cuya colaboración será crítica para el próximo gobierno. Para ampliar sus alianzas legislativas, y para evitar que esa fuerza en bloque acompañe la oposición dura que ya el kirchnerismo empieza a esbozar. 

También fue revelador de este giro pragmático, y de la flexibilidad ideológica que lo anima, lo sucedido durante la última semana con los ambiciosos planes de participación en el Ejecutivo que venía impulsando para sí la futura vicepresidenta: Victoria Villarruel aspiraba a controlar Defensa, Seguridad y Justicia, e igual que Píparo, durante la campaña había obtenido cierto aval de Milei para esas pretensiones. Aval que ahora este dejó de un plumazo en el olvido, para asegurarse objetivos mucho más importantes que el de consolidar el apoyo de sectores de derecha dura, por otro lado, convengamos, muy poco representativos: Seguridad fue para Patricia Bullrich, una aliada que se ha ido autonomizando más y más de Macri, pues no quiere quedar de vuelta sometida a sus manejos, y que puede ser mucho más eficaz que el expresidente para atraerse a otros sectores de JxC.

Justicia quedó en manos de Mariano Cúneo Libarona, alguien que asegura mucha mejor relación con la Corte y el resto de la familia judicial que los representantes vernáculos del bolsonarismo; y Defensa sigue por ahora vacante, y si Milei quiere realmente volverse confiable para los demás gobiernos de la región y en general para las democracias occidentales seguramente también se privará de entregarlo a esa facción que tiene mucho menos peso en nuestro país, incluso en nuestras Fuerzas Armadas, que en las de Brasil, afortunadamente, y, por tanto, tiene mucho menos que aportar en el gobierno que está por iniciarse. 

Con todas estas idas y vueltas, es cierto, puede que Milei se gane en algunos sectores malas credenciales como un incumplidor serial de los compromisos asumidos: para sus más fieles seguidores su primera semana como presidente electo no trajo casi buenas noticias, la dolarización y el cierre del Banco Central quedaron prácticamente descartadas (por más que tanto Milei como Caputo se ocupan de aclarar que siguen siendo “objetivos para algún momento en el futuro”), varios de los mileistas originarios y más entusiastas se han quedado sin trabajo, pese a los sacrificios que hicieron por la causa; y, en cambio, se está premiando a unos cuantos recién llegados, en algunos casos pese a haber sido detractores del movimiento libertario hasta hace muy poco.

Pero ese puede ser un costo módico a pagar, si a cambio logra convencer a sectores más amplios, y que va a necesitar para gobernar, de que no es tan fanático y cerrado como ellos pensaban. Milei, todos sabemos, es un gran comunicador. Pero lo peor que le puede pasar es quedar preso del mensaje que transmitió para llegar al poder. Ahora necesita ganar crédito como organizador y como negociador, dos destrezas que nunca ha ejercitado y que son tan o más necesarias para gobernar, que el arte de convencer. En alguna medida podrá adquirirlas sobre la marcha, y lo que no logre aprender, podrá conseguir que otros se lo provean. Pero tiene que hacerlo rápido, porque el tiempo corre. Eso, tiempo, va a ser seguro, lo que más le va a faltar.

Publicado en www.tn.com.ar el 26 de noviembre de 2023.

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