martes 21 de mayo de 2024
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Las fuerzas del cielo y la revelación de Dios

I. Podríamos elaborar una larga lista acerca de los problemas de nuestro país. Sin embargo hay un punto decisivo que merece destacarse. Me refiero a la paz social. Basta para ello observar los ajustes de cuentas que se producen entre fracciones de la clase dirigente en la mayoría de los país latinoamericanos, ajustes en los que abundan las ejecuciones, para apreciar que en esta Argentina maltrecha la violencia política no ha instalado sus reales, una virtud que obedece a diversas causas pero que merece ser reconocida, incluso por aquellos que afirman con la certeza del dogma de fe que la Argentina es un país inviable. No quiero pecar de optimista a la violeta o mimetizarme en Cándido, el personaje descrito por Voltaire, pero este país, a pesar de todo lo que conocemos y padecemos, preserva notables reservas democráticas y culturales que trascienden la coyuntura de un gobierno y que no podemos desconocer. No soy partidario de este gobierno, no lo voté y tengo muchas críticas para hacerle, pero en principio admitamos que más allá de los irritantes desbordes verbales del presidente, las libertades funcionan y las instituciones también. No son perfectas ni plenas, pero están presentes y ponen límites a las fantasías autocráticas de más de un gobernante.

II. Milei es hoy el presidente de los argentinos por la sencilla razón de que una mayoría de los argentinos así lo decidió. Está donde está como consecuencia de los errores, las torpezas y las miserias de los gobiernos pasados. “Voto bronca”, han calificado algunos a esta decisión; “voto” esperanza, han dicho los dirigentes oficialistas. En todos los casos, fueron los votos los que han decidido y el futuro dirá acerca de las consecuencias de esa bronca o de esa esperanza. El presente es el que tenemos: complicado, difícil, injusto para los sectores socialmente más vulnerables. El gobierno a pesar de todo dispone de un notable crédito social, crédito otorgado por la promesa de la mítica luz al final del túnel; crédito ganado por un presidente del cual se podrán decir muchas cosas menos que sea corrupto o que esté en el poder para enriquecerse él, su familia y sus amigos, virtud valiosa para un país hastiado y asqueado de la corrupción de fracciones de su clase dirigente tradicional cuyos beneficiarios más destacado -aunque no los exclusivos- han sido los peronistas en versión menemista, versión kirchnerista o versión capanga provincial o cacique del Conurbano; por último, crédito otorgado porque las sociedades odian el vacío y ninguna de las fracciones de la oposición hasta la fecha está en condiciones de presentar algo confiable o algo diferente a las soluciones económicas que propone Milei.
III. Los créditos por definición otorgan un respiro pero no son ilimitados. Además, siempre se otorgan con una promesa a cambio. Hasta la fecha lo que gravitan son los rigores del ajuste considerado inevitable, tanto por oficialistas como por opositores. En algún momento habrá que rendir cuentas, en algún momento se exigirán resultados. ¿Optimista o pesimista? Ni una cosa ni la otra. Realista en todo caso. No espero milagros, pero tampoco estoy dispuesto a prolongar la temporada en el infierno. Yo espero que a Milei le vaya bien, es decir, que asegure una gobernabilidad cuya manifestación más clara sea la integración de las grandes mayorías nacionales a una vida medianamente digna, pero no descarto que no pueda cumplir su promesa y mucho menos descarto que todos aquellos que hoy lo apoyan el día de mañana sean los primero en pedir su cabeza. Conozco a los argentinos y sé de sus volubilidades y con qué facilidad detestan lo que ayer amaron. Milei hoy se da el lujo de tomarse licencias verbales, políticas y hasta viajeras. Todo bien. Que aproveche y disfrute de su luna verbal, él y su hermanita. Pero las lunas de miel se terminan y después vienen la sucesión de días con sus exigencias cotidianas.
IV. Las exaltaciones verbales le han valido a Milei el apodo de “loco”. E incluso más de uno lo votó con la convicción de que en este país desquiciado solo un ”loco” podría sacarnos del pantano. Pues bien, ya tenemos al “loco” en la presidencia. Puede que sus desplantes retóricos sostengan esa identidad que tan buenos resultados electorales le ha dado, pero todos sabemos, y él lo sabe en primer lugar, que un país no se gobierna con locuras. Milei puede padecer algunos desequilibrios nerviosos -se dice que todo hombre que ejerce el poder a su manera lo padece- pero a la hora de la verdad, no mastica vidrio. Su liberalismo conservador y de derecha es absolutamente racional; su pretensión de concentrar el poder en su persona es racional y también es racional su liderazgo con las masas, liderazgo de clara filiación populista. Milei hasta la fecha no ha usado el mítico balcón populista, pero su intención de relacionarse con el “pueblo” sin mediaciones institucionales es evidente y, a la hora de la verdad, es tan populista como el balcón de Perón y los festivales rumbosos de Cristina en los patios de la Casa Rosada. Milei, dicho de una manera rápida y con los matices del caso, es un clásico populista de derecha. Esa identidad es más que evidente. Él se encarga de confirmarla todos los días. Y, además, lo hace en todos sus viajes, ocasión en la que no deja de pasar la oportunidad de reunirse con los exponentes más notorios de la ultraderecha internacional. Esa identidad que a veces dice liberal, a veces dice ser anarco libertaria no lol inhibe de practicar un singular misticismo alrededor de las fuerzas del cielo y la revelación, un misticismo reñido hasta donde yo conozco con la tradición liberal ¿Está bien o estás mal? Que yo diga que para mí está mal no tiene ninguna importancia, porque lo que vale es que está en su derecho de hacer lo que mejor le parezca en materias de idea e identidades. Y si por otra parte, catorce millones de argentinos han votado a un candidato de liberal, de ultraderecha y místico, desde el punto de vista de la legalidad democrática no hay más nada que decir.
V. También pertenece a las canteras del populismo generar periódicamente conflictos con los medios de comunicación, con los adversarios políticos y con la Justicia. Milei en ese sentido no se ha privado de nada y es un populista hecho y derecho. Sus insultos a periodistas y directores de diarios, transforman a Cristina y Néstor en tímidos y obsequiosos republicanos; la propuesta para la Corte de un juez controvertido y en más de un caso repudiado como Ariel Lijo, es un bizarro homenaje a la casta; las declaraciones de Bertie Benegas Lynch con principios centrales de la ley 1420, no solo que expresan el pensamiento íntimo de los principales líderes de la Libertad Avanza, sino que pone en evidencia sus flagrantes contradicciones con el ideario liberal en materia educativa de la Generación del Ochenta. Milei dirá que es liberal pero de hecho está más cerca de Menem que de Roca y de Néstor que de Alberdi. Nada de ello lo inhibe en considerarse un león y jactarse de que es el segundo presidente más famoso del mundo, vanidad y narcisismo que, según dicen nuestros críticos latinoamericanos, nos distinguen de manera inequívoca, como ese argentino, al decir de un chiste mexicano, que sorprendido por una tormenta en una excursión campestre pretendió convencer a los anfitriones que no le teman a los relámpagos porque solo se trata de fotos que Dios le está sacando a él.
Publicado en El Litoral el 12 de abril de 2024.
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