lunes 20 de mayo de 2024
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Las Filipinas de los Marcos

Ferdinand “Bongbong” Marcos, hijo del homónimo y legendariamente corrupto presidente de Filipinas se alzó con la presidencia de ese país, este 10 de mayo, en una parábola política que reinstala a la dinastía en el poder formal.

Ferdinand Marcos fue presidente autócrata de Filipinas entre 1965 y 1986. Junto a su mujer, Imelda Remedios Visitación Romuáldez, ejerció un gobierno brutal y corrupto. Tras imponer la ley marcial en 1971, según Amnesty Interantional, Marcos encarceló a unos 70.000 opositores, torturó a la mitad de ellos y asesinó a unos 3.200. En 1986, un levantamiento popular pacífico obligó a la familia presidencial a huir a los EE.UU. con una fortuna calculada en 10.000 millones de dólares.

Ese dinero, entro otras cosas, explica la carrera presidencial de Ferdinand Marcos Jr. por el Partido Federal de Filipinas. Pero no es un advenedizo. En 1980 junto a su padre, fue proclamado vicegobernador de Ilocos Norte – para lo cual abandono sus estudios de MBA en los EE.UU. – y luego gobernador, desde 1983 y hasta que emprendió la huida familiar de Manila en 1986.

En noviembre de 1991, la presidenta Corazón Aquino permitió que los miembros de la familia Marcos regresaran al país para responder ante la justicia que ya en Hawái la había obligado a pagar 2000 millones de dólares en concepto de indemnizaciones a unas 9000 víctimas de su estado terrorista.

Ya en suelo filipino, el hijo del dictador fue elegido congresista (1992-1995). En 1998, ganó la elección para Gobernador de Ilocos Norte – obvio territorio político de los Marcos – cargo que ocupó durante nueve años. Y finalmente, fue congresista y senador (2010-2016).

En 2015, Bongbong se propuso dar el salto para recuperar el sitial ocupado por su padre. De entrada, se postuló como vicepresidente en las elecciones de 2016, pero las perdió ante Leni Robredo (las elecciones a vice, en Filipinas son separadas de las de presidente). En esos comicios, Rodrigo Duterte, el admirado de Donald Trump, fue elegido presidente.

Seis años después, los filipinos han reinstalado a un Marcos en el gobierno, en lo que parece una amnesia general respecto del pasado reciente. Aparte del dinero en cantidad – hoy indispensable para hacer política – la campaña de Marcos se basó en la asunción de que los votantes actuales no conocieron la dictadura, dado que no ha habido en la educación y en la cultura filipina especial interés en mantener viva la memoria de ese período oscuro del país.

Es más, Imelda Marcos – apodada la “mariposa de hierro” – ha estado muy activa, dedicando su tiempo y dinero en defender el legado de su esposo. Su influencia en la política de Filipinas es innegable, dado que durante los 21 años de gobierno de su marido ocupó la gobernación de Manila y varios cargos ministeriales, a la vez que, por momentos parecía que ella era el polo fuerte del poderoso matrimonio. Por ellos, luego de ser candidata a la presidencia en 1993 volcó toda su influencia para apuntalar la candidatura de su hijo de 64 años.

Tras una campaña moderada y que no tocó los temas espinosos del pasado, Ferdinand Marcos llevó adelante una gran operación de desinformación en redes sociales, basada en la plataforma TikTok, dirigida especialmente a los jóvenes que no recuerdan el régimen autócrata, corrupto de su padre, para “limpiar” el pasado de su dinastía.

Marcos Jr. obtuvo más de 30,5 millones de votos en los resultados no oficiales con más del 96 por ciento de los votos escrutados. Su retador más cercano, el vicepresidente Leni Robredo, un campeón de los derechos humanos y las reformas, alcanzó los 14,5 millones, y el campeón mundial de boxeo Manny Pacquiao quedó tercero con 3,5 millones.

Pero las curiosidades negativas no terminan en este asombroso regreso. La compañera de fórmula de Marcos es, nada más y nada menos, que la hija del presidente saliente: Sara Duterte, actualmente alcaldesa de la ciudad sureña de Davao – en Mindanao – bastión político de los Duterte.

Este futuro gobierno de hijos del poder autoritario ha causado alarma en los defensores de los derechos humanos que no sólo agitan el pasado de Marcos, sino el presente de la “guerra contra la droga” de Duterte caracterizada por las ejecuciones sumarias y extrajudiciales propiciadas por el presidente saliente – de las que nadie habló en la campaña electoral – y que ya están siendo investigadas por la Corte Penal Internacional.

La situación general en Filipinas es mala debido a la inflación y los estragos de la pandemia que ha golpeado de lleno al turismo, principal fuente de ingresos del país. Este presente sombrío causa añoranzas de la época de la dictadura en las que “se vivía mejor” y Bongbong ha propagado este mensaje, ahogando, incluso, a los que han recordado que Imelda Marcos – que hoy tiene 92 años – tuvo que afrontar unos 900 juicios civiles y penales, la mayoría desestimados por falta de pruebas, en tanto que las pocas condenas fueron anuladas luego de ser apeladas.

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