sábado 18 de mayo de 2024
spot_img

Las circunscripciones uninominales, una pésima idea

El Poder Ejecutivo Nacional acaba de remitir al Congreso un extenso proyecto de ley, denominado ampulosamente “Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, en obvia referencia al famoso libro de Juan Bautista Alberdi que se suele mencionar como uno de los antecedentes que tuvieron en cuenta los constituyentes de 1853.

En la iniciativa, entre muchas otras reformas de todo tipo – algunas muy necesarias – se incluye la propuesta de sustituir el actual método de elección de diputados nacionales por el de circunscripciones uninominales. Se trata de una muy mala idea, que de concretarse traería graves consecuencias, degradando de manera profunda nuestro sistema representativo y constituyendo una regresión de imprevisibles consecuencias en la configuración del sistema de partidos políticos. Que no existan sistemas electorales perfectos y que todos combinen en mayor o menor medida ventajas y desventajas no debe llevarnos a un absurdo relativismo que nos impida reconocer cuando estamos en presencia de un retroceso, como claramente sucede en este caso.

La principal contraindicación del sistema de circunscripciones uninominales consiste en la afectación del principio de proporcionalidad entre sufragios y bancas obtenidas. En Entre Ríos, por ejemplo, además de perder una banca pasando de 9 a 8, tendríamos en cada elección que elegir 4 diputados, uno en cada uno de los distritos electorales en los que se dividiría la provincia. Un partido podría obtener el 100% de las bancas en juego si se impone en los 4 distritos, con una cantidad de votos mucho menor al 100%, incluso por debajo del 50%. El sistema D´Hont vigente asegura una proporcionalidad mucho más ajustada entre sufragios y bancas obtenidas.

El politólogo Miguel De Luca enumeró en Twitter antecedentes concretos de cómo el sistema de distritos uninominales a simple mayoría de sufragios puede ocasionar distorsiones graves en el vínculo representativo entre ciudadanos y legisladores. Una primera posibilidad que se puede presentar es que un partido con menos votos que otro obtenga más bancas. Esta posibilidad teórica no es una mera especulación, se verificó en la práctica en el Reino Unido en 1951 y 1974 y en Canadá en 1979, 2019 y 2021. Esta disfuncionalidad del sistema electoral británico ha llevado al Partido Liberal (sí, al Partido Liberal) a abogar desde hace años por una reforma que asegure mayor proporcionalidad.

Otra posibilidad es que un partido que obtiene un porcentaje significativo de votos en todo el país puede quedar con cero legisladores, si no logra imponerse en ningún distrito; sucedió en Barbados en 2018. De Luca enumera también algo que en la ciencia política es archi conocido, este sistema “empuja a la competencia entre dos partidos y sólo dos. Chau terceros, cuartos, quintos y demás partidos”. ¿Es saludable para la democracia argentina forzar de esa manera un bipartidismo que no se condice con la complejidad de visiones e intereses que surge de una sociedad cada vez más diversa? El propio oficialismo parece estar jugando con fuego en este sentido, en una arriesgada maniobra que le puede salir muy mal dentro de dos años si esta reforma prospera.

Un riesgo adicional mencionado por Miguel de Luca es el conocido como “gerrymandering”, término acuñado en 1812 en honor a Elbridge Gerry, gobernador de Massachusetts. El origen de la denominación se debe a una caricatura de Gilbert Stuart, titulada “The Gerrymander”, juego de palabras que combina el apellido del gobernador con la palabra inglesa salamander, o sea salamandra, por la caprichosa forma que había sido impuesta al distrito electoral. El geerrymandering consiste en una estratagema en la que el trazado de los distritos es objeto de una manipulación amañada para favorecer a determinado partido. Sucedió en la República Argentina durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón y sucede hoy, por ejemplo, en la delimitación del cuarto distrito electoral en la ciudad de Illinois, en Estados Unidos. Además, como resulta obvio, el sistema de circunscripciones uninominales dificulta la paridad de género en la composición de la cámara.

La diputada nacional Sabrina Ajmechet se pregunta; ¿“Por qué Perón optó por el sistema uninominal de circunscripciones?”, y ella misma brinda la respuesta: “Porque quería crear un congreso unánime, en el que la oposición tuviera mínima representación. En el Senado ya tenía unanimidad y este sistema le permitió en la Cámara de Diputados pasar, con un porcentaje de votos similar, de 45 diputados de la oposición a poco más de 10”.

En un resumen difundido por el Poder Ejecutivo se sostiene que con el sistema propuesto se “evita la lista sábana”. ¿Puede razonablemente hablarse de “lista sábana” en Entre Ríos donde las listas de candidatos a diputados nacionales están conformadas por cuatro candidatos titulares, y los que tienen chances de ser electos son uno o dos? La demonización de la “lista sábana”, en este caso, puede sonar más o menos agradable a los oídos de una sociedad hastiada, pero la verdad es que no tiene ningún asidero en la realidad.

El sistema electoral argentino tiene aspectos a mejorar pero no es con estas falacias que se lo logrará. La necesidad de reformas pasa por otro lado, la boleta única, por ejemplo. Es de desear que el Congreso de la Nación se aboque a debatir en serio estas cuestiones, deseche esta inoportuna e inconveniente propuesta y avance en cambio en modificaciones que sí pueden contribuir a lograr un mejor vínculo entre el soberano y sus representantes.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Fernando Pedrosa

Eurovisión 2024, entre la impostura y la cultura popular

Alejandro Garvie

La batalla del proteccionismo

Rodolfo Terragno

Contra la inmigración y el aborto