El 27 de enero de 1966 Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid, le escribió una carta a José Alonso, secretario general de la CGT en la que le recomendó que “en política no se puede herir, hay que matar”. Cuatro años más tarde, Alonso fue asesinado. Otros oídos habían escuchado el consejo del ex presidente y procedieron a ejecutarlo. Los autores se identificaron como Comando Montonero Maza, Ejército Nacional Revolucionario. Y hubo que esperar cuatro años más para que lo relataran por escrito en la revista La Causa Peronista, año I, No. 8, el 27 de agosto de 1974.
José Alonso había sido un leal sindicalista que respondía a las órdenes de Perón; dos veces conductor de la CGT, proveniente del gremio del Vestido, se alejó del dirigente metalúrgico Vandor cuando éste intentó tomar distancia del líder. Sus asesinos le reprocharon sus contactos con los militares que derrocaron al presidente Arturo Illia.
Y tenían razón en ese aspecto. Alonso había caracterizado al gobierno radical como “el más hipócrita que tuvo la Argentina”. Cuando se produjo el golpe militar de junio de 1966 el dirigente peronista afirmó que estaba congratulado “de haber asistido a la caída del último gobierno liberal burgués, porque jamás podrá implantarse nada más”.
La noche del golpe, Alonso y otros dirigentes sindicales justicialistas celebraron con champagne en la Casa de Gobierno junto al dictador Juan Carlos Onganía. Desde Madrid llegó la orden de Perón: “Desensillar hasta que aclare”. Quizás Onganía no era tan malo.
El gobierno de Illia había sido asediado por los sindicatos. Y precisamente fue José Alonso quien organizó entre mayo de 1964 y julio de 1965 el llamado Plan de Lucha en nombre de la CGT que dirigía.
Seis paros generales y la toma de ochocientas fábricas en el Gran Buenos Aires fueron determinantes en la creación de un clima político y económico adverso que desembocó en el golpe de Onganía. Es curioso que los casi cuatro millones de trabajadores que participaron en esas jornadas cobraran los mejores salarios de las décadas siguientes.
Hoy, que vemos a políticos utilizar un lenguaje grosero y escatológico que amenazan con gravísimos desmanes si no ganan las elecciones, debemos convocar a la prudencia. Gane quien fuera, el respeto a la Constitución y a la decisión de la sociedad debe de ser inviolable. En diciembre, Alberto Fernández deberá colocar la cinta presidencial a su sucesor y prepararse para apoyar si gana el candidato peronista o convertirse en oposición responsable si gana otro.
No se trata de herir, ni de matar. Se trata de convivir democráticamente.
Publicado en Clarín el 7 de septiembre de 2023.
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