lunes 24 de junio de 2024
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La vacunación en Chile

El país hermano registra una velocidad de vacunación asombrosa. El marco, condiciones y alcance de ese éxito, tendrá como consecuencia una mayor revalorización de los bienes públicos.

Con un promedio de 1,08 dosis diarias por cada 100 habitantes vacunados en la última semana, Chile se convirtió en el país que más rápido está administrando la vacuna contra COVID-19 en todo el mundo, superando a Israel. Esto afirman los datos del programa Our World in Data de la Universidad de Oxford, información que también difundieron las autoridades chilenas.

De los 15 millones de adultos a vacunar ya ha inoculado a un tercio y se propone lograr la inmunidad total para junio, momento en que se espera una segunda ola del virus con sus variantes.

¿Cómo se explica este fenómeno? Meses antes de desatarse la pandemia, Chile vivía un tiempo de agitación social, represión y muerte debido a su gran desigualdad social y a las presiones económicas agobiantes sobre los menos favorecidos –la mayoría-, a los que se aplacó con la promesa de una reforma constitucional; la primera ola de Covid-19 mostró los peores números de coronavirus en América Latina; y el presidente Sebastián Piñera ostentaba un índice de aprobación mínimo.

Los especialistas ven algunos factores que ayudaron al fenómeno de vacunación exitosa. Jenny Pribble, profesora asociada de ciencias políticas y estudios globales en la Universidad de Richmond, dijo a The Washington Post: “Creo que la pandemia ciertamente ha estado menos politizada en Chile que [en los Estados Unidos], desde el uso de tapabocas hasta los cierres y ahora las vacunas”. A lo que podríamos agregar que las movilizaciones sociales previas a la pandemia forjaron conductas de preservación y cuidado que fueron muy útiles durante la emergencia del virus.

Otra ventaja es la libertad de mercado que permitió la compra de vacunas –pese a la preferencia por las vacunas “occidentales”- con tantos fabricantes como fuera posible. Así, Pfizer-BioNTech, AstraZeneca, Johnson & Johnson y Sinovac, conforman un menú en el que la vacuna china ocupa casi el 60 por ciento de las dosis efectivamente disponibles. La Sptunik V se está negociando ahora. La predominancia de la Sinovac se debe a la velocidad de fabricación –un millón de dosis por día– y a los más sencillos recaudos de refrigeración que sus competidoras disponibles.

Chile, el país miembro de la OCDE con mayor desigualdad social, apeló en las negociaciones por los precios de las vacunas a su carácter de país en vías de desarrollo, para obtener la consideración de los proveedores. Otra razón, tal vez, para inclinarse por la Sinovac.

Otro factor de éxito es el sistema centralizado de salud de Chile y su programa nacional de inmunización que distribuye vacunas contra la gripe y vacunas infantiles todos los años, por lo que la infraestructura para las inoculaciones masivas ya estaba montada y que posibilita que la vacunación no sea concertada por cita personal. El Estado cita por grupo etario en determinados días a los que concurren sin problemas de aglomeración, por la capilaridad de su sistema.

Por ejemplo, el 1 de marzo pasado fueron citadas todas las personas de 64 años del país, pero sólo los de esa edad. También podían hacerlo las personas que trabajan en preescolares o escuelas primarias, entre 36 y 39 años de edad.

La desigualdad de Chile se refleja en su sistema de atención médica y, por lo tanto, en la vacunación: alrededor del 80 por ciento de la población depende de las clínicas públicas, que en ocasiones han tenido problemas presupuestarios, mientras que el 20 por ciento más rico recibe atención de la medicina privada.

Según los datos oficiales los municipios de ingresos más altos en la populosa región de Santiago tienden a tener una mayor proporción de residentes elegibles que han sido vacunados que los municipios de ingresos más bajos, donde la tasa de cobertura puede ser hasta un 30 por ciento más baja.

Esa desigualdad sugiere que el rápido lanzamiento de vacunas en Chile podría desacelerarse una vez que la mayoría de las personas en las áreas ricas se vacunen, y el enfoque cambia para las personas de las comunidades más pobres a las que es más difícil llegar.

No obstante, las vacunas contra el coronavirus se distribuyen a través del sistema público. Algunos predicen que este éxito inicial de la vacunación mejorará el índice de aprobación de la gestión presidencial, pero otros advierten que el efecto más grande podría ser una mayor confianza en lo que el sector público puede lograr con los recursos adecuados.

Otro factor opaca el éxito de la vacunación: Chile verifica un repunte de casos similar los peores momentos del covid-19 en el país y que lo llevaron a una estricta –y resistida- cuarentena. Según datos del Ministerio de Salud de ese país, desde finales de febrero los contagios subieron a los 5.000 nuevos casos por día.

Con niveles de ocupación de camas críticas del 95 por ciento, la vacunación ha producido un efecto de relajación de las medidas de cuidado, sobre todo en los 4 millones de veraneantes movilizados a distintos puntos del país, que hacen que los casos aumenten al mismo ritmo que el nivel global.

La ansiedad de la población por ver atrás el virus juega en contra. Las vacunas, como la Sinovac, que es la mayoritaria, requiere de la aplicación de dos dosis con intervalos de tres semanas y la mayor inmunidad se logra a partir de la segunda semana de la segunda dosis. Si Chile ha vacunado a un 20 por ciento de la población con la primera dosis, menos del 5 por ciento ha recibido dos dosis de la vacuna y está efectivamente inmunizado. Luego, es muy baja la proporción de personas inmunizadas, efectivamente. Eso ocurrirá cuando el 80 por ciento de la población haya recibido ambas dosis, situación que Chile prevé alcanzar a fines de marzo o principios de abril. Deseamos que así sea.

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