viernes 19 de julio de 2024
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La reconfiguración del mapa ideológico europeo y sus implicancias geopolíticas

Descifrar el “estado del mundo” requiere analizar lo sucedido en la Reunión del Grupo de los 7 y en las elecciones parlamentarias europeas. El G7, que constituye el 43% del PIB mundial, centró su agenda en Ucrania: decidió utilizar los intereses de los fondos rusos, U$S300 mil millones congelados en los bancos europeos, en la compra de armamentos.

La presión estadounidense hizo posible que cedieran los gobiernos europeos, permeables a los pedidos de la Banca, históricamente administradora de capitales rusos por ahora preservados. Previamente, los EE.UU adoptaron una serie de sanciones para debilitar la economía de guerra rusa, obligando a la Bolsa de Valores de Moscú a suspender las transacciones en dólares y euros.

Esta decisión también buscó desconectar a China de Rusia, obstaculizando las actividades de las Cámaras de Compensación. Esta desconexión está concebida para obstaculizar el comercio ruso-chino, sancionando a empresas chinas que exportan a Rusia insumos para la fabricación de armas. Finalmente, el G7 condenó a China por deslealtad comercial, particularmente en el sector automotriz que por exceso de capacidad expande sus exportaciones.

Las elecciones parlamentarias europeas constituyen una disrupción geopolítica mayor que se explica en dos niveles: los resultados electorales y las implicancias que ellas tienen sobre los dos países históricamente motores de la Unión: Alemania y Francia.

Las fuerzas políticas pertenecientes al espacio de la derecha han logrado avances notorios, pero ese triunfo no puede sobredimensionarse. La conducción política de la Unión Europea -Comisión, Consejo y Diplomacia- seguirá en las mismas manos: una centroderecha que suma a los partidos social-cristianos, social demócratas y liberales, pero en el Parlamento las fuerzas de derecha han incrementado sustancialmente sus bancas. Sin embargo, ese bloque no es homogéneo. Así en materia de política exterior las diferencias son notables.

Mientras Giorgia Meloni está comprometida en la defensa de Ucrania y alejada de las intereses del Kremlin, otras fuerzas sí están históricamente ligadas a Moscú. Es el caso de Orbán en Hungría y del “lepenismo” francés, que en su momento recibió ayuda financiera de la banca rusa. En este punto existe un interrogante no menor: ¿quién ejercerá el liderazgo, Meloni o Le Pen?

La realidad es lábil, así se explica porque algunos partidos de derecha, que venían de ganar elecciones nacionales, acaban de ser derrotados, por ejemplo en Holanda, los Nórdicos y Portugal. ¿Quién garantiza la unidad interna de estas fuerzas, cuando se observan desprendimientos en el seno de la derecha en países como España, en este caso en desmedro de Vox?

También en Europa Central las implicancias de la invasión a Ucrania se hicieron sentir en países como Rumania y Polonia que buscan protección. Finalmente, en la composición del bloque pro-derecha se destaca la importancia del voto juvenil.

Aquí se imponen dos reflexiones: ellos se alimentan de la misma fuente informativa, las redes, y han cambiado de referencia ideológica. Hasta hace poco tiempo esos sectores adherían al ecologismo. Conclusión: el voto joven mutó y los partidos verdes perdieron votos.

Mas allá del nuevo mapa ideológico europeo, existe una nueva realidad. Desde su fundación Alemania y Francia constituyeron el núcleo motor de la integración europea. Como señala Timothy Garton Ash, la idea del fin de la historia encontró su lugar en tierra germana donde se hizo realidad el sueño hegeliano de la inevitable expansión de la libertad. Desde la era Merkel los problemas se acumularon al privilegiarse el corto plazo. La socialdemocracia también adhirió a este sueño: la seguridad garantizada por la OTAN; el mercado centrado en China; el gas ruso disponible en la red de gasoductos que financiaron el armamentismo ruso. Tal vez el epítome de este “modelo” fue la decisión de Angela Merkel en el 2008: rechazó la idea del presidente Bush de impulsar el ingreso de Ucrania a la OTAN. Esa sociedad post-heroica entró en crisis y se creó un vacío que facilitó el surgimiento del Partido Alternativa Alemana, hoy segunda fuerza política nacional y primera en la ex Alemania Oriental.

La derrota de Emmanuel Macron también perforó el blindaje europeo. La disolución del Parlamento no será gratuita, el riesgo financiero es elevado y el ajuste hasta el 2027 implica 70.000 millones de Euros de ahorro. Según economistas del Instituto Bruegel, al disolver el Congreso Macron habría apostado al fracaso del nuevo gobierno que debería ajustar la economía con una deuda 110 % del PIB y con un déficit superior al 5%.

En estas circunstancias la advertencia del especialista del fascismo Antonio Scurati, es válida: “el fascismo surgió en mi país hace cien años en un momento de crisis de confianza en la democracia, similar a la que hoy atravesamos. Fue entonces, como ahora, una crisis de confianza en el futuro, una disminución de la esperanza”. El pesimismo también se advierte en un reciente discurso de Macron en la Sorbona: entre otros conceptos fraseó “Europa puede morir”.

Revalidar la región sería necesario. Sudamérica debe advertir los peligros y las oportunidades. Ejemplo, ¿qué sucederá con el postergado acuerdo Mercosur/Europa? Existe una urgente necesidad de definiciones de política exterior, por esa razón nuestra Cancillería debería explicitar su política latinoamericana basada en valores y en la defensa de los intereses estratégicos, para los cuales el Mercosur es un multiplicador de poder.

Publicado en Clarín el 25 de junio de 2024.

Link https://www.clarin.com/opinion/reconfiguracion-mapa-ideologico-europeo-implicancias-geopoliticas_0_mF3Xp5Xwb1.html

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