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04 10 2020

La participación digital es la esperanza de la democracia


Autor: Gabriel Palumbo









La democracia liberal-delegativa está siendo desafiada y cuestionada de manera sistemática, tal vez como nunca antes. Expertos, intelectuales, formadores de opinión y una parte importante de la ciudadanía consideran que la democracia falla en dar respuestas suficientes a las complejas demandas actuales.  

Participación. En Latinoamérica, pero no solo en ella, el desencanto democrático ha tomado el camino del populismo, que, con bases muy simples –pensamiento mágico y supuesta encarnación del sentido popular- aparece como una opción posible frente a las dificultades crecientes de la vida económica, las tensiones sociales y la desigualdad. 

Si bien esto se ha agudizado en los ultimos tiempos, la democracia, casi por definición, siempre está en crisis. Para muchos analistas, la distancia entre representantes y representados explica en parte la desconfiaza ciudadana.  

Una de las respuestas habituales a esta recurrencia problemática es el incremento de la participación ciudadana y a lo largo de las últimas décadas las democracias han propuestos diversas formas de ejercerla. A la primera ola de participación, explicada fundamentalmente por la salida de procesos autoritarios, le siguió cierta desazón por los resultados y una merma en el involucramiento de los ciudadanos con la política. La respuesta a este proceso, a nivel nacional y regional, fue apelar, en la teoría y en la práctica, a diferentes formas y mecanismos de democracia directa. La sociedad era virtuosa y la política estaba viciada, por eso una mayor y más directa participación de los actores sociales ayudaría a transformar y mejorar la política. Sin embargo, después de un tiempo de prueba y error, el malestar volvió a los escritos académicos, a los gabinetes, a los partidos, a las organizaciones de la sociedad civil y a los ciudadanos.  

Las respuestas que se esperaban encontrar no aparecieron, las virtudes sanadoras de la participación se mostraron insuficientes y la relación entre la política y la ciudadanía no mejoró. Los niveles de confianza en la democracia no crecieron y el quantum de participación cívica no aumentó en densidad y en relevancia decisional. 

Digitalización. Es indudable que la experiencia biográfica y social más importante de los últimos tiempos es la incorporación de nuevas tecnologías y la digitalización de los procesos. A la luz de esta inteligencia, la mejor estrategia, tal vez, sea la de reformular las preguntas para entender cómo puede la tecnología ayudar a mejorar la calidad de las democracias. Se hace necesario pensar en cuál puede ser su aporte para establecer una mejor relación entre los decisores políticos y la ciudadanía evitando los extremos de la tecnofobia y el solucionismo tecnológico.  

En el mismo sentido, la era digital es una realidad concreta que tranformará los actores políticos y los colocará en otros roles, modificando tanto el papel del Estado como el comportamiento y la metodología de la política y de las organización y el activismo cívico. ¿Cómo hacer para que esto termine mejorando la experiencia democrática? 

Durante el año pasado se llevó adelante una investigación con el objetivo de identificar las motivaciones y las formas en que la ciudadanía está utilizando las herramientas digitales para potenciar su participación política. La iniciativa, que tomó como parámetros temporales las elecciones de 2015 y 2019, fue realizada bajo el auspicio y apoyo de Luminate, una organización de filantropía global que tiene como objetivo colaborar en el desarrollo de sociedades más justas y equitativas. 

El estudio mezcla metodologías cuantitativas, surgidas de plataformas de participación digital (fundamentalmente Change.org) y cualitativas en base a entrevistas a diferentes actores del ecosistema de participación política. 

Según la investigación, la participación digital está promoviendo modificaciones importantes en la relación entre la ciudadanía y los decisores políticos, ampliando los espacios de proximidad. Esto sucede, fundamentalmente, porque bajan las barreras de acceso y de incentivos haciendo más fácil, más efectiva y más mensurable la participación ciudadana.  

La búsqueda de visibilidad y la capacidad para entrar en la agenda de medios es uno de los incentivos más importantes para la participación digital de los ciudadanos. La relación entre el esfuerzo que se requiere y la efectividad es mucho mayor con las herramientas digitales que con otras formas de participación. El ejemplo de ficha limpia es muy interesante para ver estos efectos. 

Debate público. La participación digital, previsiblemente,  aumenta en períodos electorales y provoca un efecto infrecuente para nuestra cultura política, ya que promueve el asociacionismo cívico como posibilidad cierta y concreta de presionar sobre los decisores políticos. 

El trabajo permite observar también como lo digital propone espacios de participación offline y genera espacios de pedagogía cívica, mejorando la capacidad de implantación de temas en el debate público. De sistematizarse estos ejercicios, la participacion digital podrá colaborar en mejorar la conversación pública, mejorando a su vez la calidad de la democracia. 

Otra dimensión muy significativa que puede interpretarse mejor gracias a la investigación es la cuestión de la accountability. Las formas digitales están abriendo posibilidades que otras opciones no pudieron lograr en relación a las capacidades de control desde la ciudadanía hacia el poder político. Al mismo tiempo, genera la posibilidad, desde los ambitos institucionales, de mejorar la comunicación y los espacios de proximidad con el ciudadano. 

La investigación dio lugar a la realización de un webinar en el que participaron actores institucionales, activistas cívicos y expertos de Argentina, Colombia y España. En el encuentro se renieron mas de 250 participantes y se debatió sobre el papel de la tecnología en el desarrollo de la democracia, teniendo en cuenta, además, el particular escenario de pandemia y el impacto que puede tener en las futuras sociedades democráticas.  

La participación digital llegó para quedarse y el desafío de la totalidad del ecosistema es potenciarla para que mejore la calidad institucional y la experiencia democrática, teniendo como única certeza lo que escribio Daniel Innerarity, presente en el seminario, en Una teoría de la democracia compleja: “Hoy podemos asegurar que en el siglo XXI lo digital es lo político”.  

Publicado en Perfil el 4 de octubre de 2020.

Link https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-participacion-digital-es-la-esperanza-de-la-democracia.phtml