viernes 19 de julio de 2024
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La necesidad y la urgencia no pueden llevarse puesto al Parlamento

Que el país está quebrado no es ninguna novedad. Que la principal responsabilidad del desastre recae en el gobierno saliente que extremó el gasto “ficticio” con tal de hacer populismo electoral e inflacionario, también. El tremendo desfalco que Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa le han hecho a la administración pública nacional algún día deberá ser tratado en sede judicial puesto que, políticamente, ya fue condenado.

Pero la derrota del populismo de quienes ahora se visten de republicanos y lloran por las supuestas violaciones a los preceptos constitucionales que hasta hace cinco minutos violaban sin contemplaciones, no debe cegarnos frente a una nueva realidad de estilo similar, trasfondo ideológico y objetivos prácticos diametralmente distintos y formas avasalladoras que amenazan con un brote autoritario.

La administración de Javier Milei está apurada y con razón. El país necesita soluciones de fondo de manera urgente y más que necesaria, pero esas razones no tienen por qué ser planteadas en términos de “todo o nada” enmascarando, de manera bastante obvia, la voluntad política de concentrar la suma del poder público.

Un nuevo populismo de derecha ha venido a reemplazar a un supuesto populismo de izquierda que nos fundió. La anticasta, integrada por todos aquellos “argentinos de bien”, llegó para liquidar de cuajo a la política tradicional, a las corporaciones y a cientos de derechos adquiridos por los “argentinos del mal”.

Milei apuesta a fondo profundizando la grieta: el que no quiera shock tendrá que tomarlo igual, sin chistar ni proponer alternativas razonables. De un lado los que están con el gobierno y enfrente los enemigos de las fuerzas del cielo.

Claro está que tras las modificaciones prácticas que impone el mega-DNU y propone la ley ómnibus remitida al Congreso se afectan intereses sectoriales y corporativos que han venido trabando el desarrollo hasta haber logrado que esa maraña de disposiciones, resoluciones y regulaciones enceparan al país en beneficio de algunos. Pero no es menos cierto que los paquetes legislativos presentados por el gobierno también favorecen claramente a determinados sectores concentrados en detrimento de otros.

Con todo, no es objeto de esta nota profundizar sobre vencedores y vencidos sino llamar la atención sobre la crispación que la “revolución Milei” está causando a nivel político y social, así como por sus posibles e inusitadas consecuencias.

La democracia no fue concebida para vivir en estado de “guerra institucional” sino de diálogo y búsqueda de consensos. Tampoco fue pensada como mecanismo para la implementación de revanchas ni la instauración de absolutismos cesaristas. La democracia nació para ponerle límites a los poderosos, buscar mayor equidad y no entronizar a nadie. No fue creada simplemente para consagrar o remover gobernantes con mayores o menores deseos de perpetuación.

La democracia republicana es otra cosa y el Congreso de la Nación tiene todas las herramientas para tratar leyes con premura. No tal vez a la velocidad planteada por el gobierno, pero sí con la solidez de lo debatido, compartido y duradero.

Un DNU de sentido A puede ser cambiado el día de mañana por otro de sentido Z. El país no se puede permitir semejante pendularidad ni quedar prisionero de antojos o arbitrariedades de época. Una ley o paquete de leyes abierta de cara a la sociedad tiene mayor legitimidad, respaldo y posibilidad de perdurar de manera sólida.

Dicen en el gobierno que los opositores “no la ven”, lo que yo creo es que ellos no ven a las instituciones de la democracia como adecuadas para resolver la crisis heredada. Por tal razón deslizan la idea de gobernar a fuerza de DNUs o de plebiscitos. De ahí a cerrar o disolver al Poder Legislativo la distancia no parece ser muy grande.

Por eso llamo la atención al gobierno sobre esta cuestión y lo invito a dialogar como corresponde con los representantes del pueblo y de las provincias elegidos democráticamente por el voto popular. Haber obtenido el 56% de los votos en un balotaje y el 29,9% para la conformación de su fuerza parlamentaria no otorga derecho alguno a extorsionar a legisladores mediante la generalización de que todos o algunos son coimeros ni a ponerlos en el lugar del antipueblo.

Dije una mil veces que quería que el kirchnerismo se termine para recuperar el diálogo y construir una nueva argentina entre todos. Quiero que a Javier Milei le vaya bien y no se equivoque exacerbando la confrontación para que podamos lograr lo mismo.

Publicado en Clarìn el 30 de diciembre de 2023.

Link https://www.clarin.com/opinion/necesidad-urgencia-pueden-llevarse-puesto-parlamento_0_cyppMCW9G3.html

 

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