miércoles 24 de julio de 2024
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La India, en las grandes ligas

El presidente Joe Biden recibirá con honores al primer ministro de la India, Narendra Modi, el tercer jefe de estado que tendrá ese tratamiento por parte del presidente estadounidense. Entretelones de un agasajo – y una agenda que incluye un discurso ante el Congreso – tan criticado como inevitable.

La India, el país más poblado del mundo y una democracia de tendencia autocrática dominada por el nacionalismo hindú y parte de los BRICS, es un jugador clave, el tercer lado del triángulo ente los EE.UU. y China. Atento a esta condición, Biden dejará de lado las críticas de los defensores de los derechos humanos que acusan a Modi de todo tipo de persecuciones y se sentará como anfitrión a habar de geopolítica.

Muchos presidentes han tenido que lidiar con gobernantes extranjeros poco o nada democráticos para promover los intereses políticos de Estados Unidos. Biden, cuando se postuló para presidente, destrozó la aparente indiferencia de Trump hacia el sufrimiento en todo el mundo y prometió poner los derechos humanos en el “centro” de su política exterior. Pero esa promesa electoral no le ha impedido hacer tratos con naciones como Arabia Saudita y Turquía.

“El gobierno de EE.UU. ha estado demasiado callado sobre el deterioro de la situación de los derechos humanos en la India bajo Modi”, dijo John Sifton, director de defensa de Asia en Human Rights Watch, “incluido el deslizamiento de la India hacia el autoritarismo y el aumento del discurso de odio y la persecución de las minorías religiosas”. Los funcionarios de la administración de Biden han dicho que no están ciegos ante estos casos, pero priorizan el rol de amortiguador de la expansión de China que tiene la India.

De ahí el interés de Biden en reforzar la alianza QUAD – creada en 2007 y tenuemente apoyada por Trump – formada por Estados Unidos, India, Australia y Japón, única institución en la que el país de Modi entra a tallar en el juego al que rehuía desde hace décadas: las batallas de las superpotencias. Tal vez, los fuertes combates en su frontera – de más de 3400 kilómetros de largo – con China en 2019 podrían haberle hecho cambiar de opinión. India es “el miembro crucial de la Quad”, afirmó en noviembre Kurt Campbell, responsable de la seguridad nacional en la región Asia-Pacífico – recientemente re denominada como región Indo- Pacífico – por la Casa Blanca en sus documentos de seguridad.

Las relaciones entre Estados Unidos e India lucen espléndidas pese a la reticencia de la India a imponer sanciones a Rusia después de su invasión de Ucrania y de abstenerse en todas las votaciones en la ONU contrarias al Kremlin. Todo lo contrario, si bien India no ha ofrecido a Moscú ninguna asistencia directa, continuar con las compras de su gas, ayuda, de forma indirecta a financiar la guerra de Vladimir Putin.

La cena es un indicador del ascenso de la India y de su posición estratégica, que desde diciembre pasado preside el G-20 y que como tal organizará la decimoctava reunión de ese foro a celebrarse en Pragati Maidan, Nueva Delhi.

El expresidente Donald Trump también trató de frenar la influencia de China, pero su aflicción por los derechos humanos siempre fue nula. Recibió con un ampuloso a Modi en una manifestación en Houston, en 2018, luego de que pudiera entrar a los EE.UU., país que en 2005 le negara una visa a Modi debido a su presunto papel en la masacre de 1000 musulmanes en el estado de Gujarat, donde fue primer ministro.

En febrero siguiente, Trump retribuyó la visita en Nueva Delhi y asistió a una manifestación masiva en su honor pocos días antes de que el mundo se precipitara en la pandemia de Covid-19. Muchos ciudadanos hindúes respaldaron a Trump, quien también mostró públicamente una antipatía hacia los musulmanes.

Modi fue uno de los primeros líderes con los que Biden sostuvo una reunión virtual y charló en forma privada con Modi durante el G-7 en Japón el mes pasado. El asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, estuvo en la India la semana pasada para ultimar los detalles de la cumbre, que los asistentes de la Casa Blanca prevén que incluirá nuevos acuerdos económicos, compromisos climáticos y acuerdos sobre semiconductores y otras tecnologías.

Está claro que ambas naciones no están unidas por los valores: mientras Biden representa el liberalismo global, Modi es exponente de un iliberalismo religioso y nacionalista. Sin embargo, los reúne el interés y una bienvenida capacidad mutua de dialogo que está cimentando un mundo multipolar que está asomando en camino hacia un nuevo orden internacional.

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