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13 09 2021

La elección como referéndum


Autor: Rodolfo Terragno









Edward Rolf Tufte, profesor emérito de la Universidad de Yale, es una autoridad en ciencias políticas, especializado en elecciones y estadísticas. En un artículo publicado en 1975 en American Politics Science Review, Tufte sentó un principio que han sostenido desde entonces destacados politólogos norteamericanos: “Las elecciones legislativas son un referéndum sobre el desempeño del Presidente y la política económica de su gobierno”.

El principio puede extenderse a otros países democráticos con un sistema presidencial de gobierno y elecciones legislativas al promediar un período presidencial , como es el caso de la Argentina, Brasil o México.

En los Estados Unidos, esas elecciones (también llamadas “de medio término”) son objeto de gran número de estudios académicos y han producido una extensa bibliografía. Es que tales elecciones son, desde 1790, una característica del sistema presidencial de gobierno que estableció la Constitución norteamericana de 1757.

Hay distintas teorías sobre las causas de la satisfacción o la insatisfacción con el Presidente y su política económica. Gerald H. Kramer, experto en Sociología del Voto (una rama de la Sociología Política) precisa que en ambos casos el resultado del referéndum se origina en “cambios en las condiciones económicas entre la elección presidencial y la subsiguiente elección intermedia”.

Aunque las elecciones son sólo legislativas, los votantes no evalúan el comportamiento que han tenido los legisladores, de los cuales la mayoría tiene poca o ninguna información. Gary C. Jacobson, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de California, y experto en opinión pública y elecciones, dice que “los votantes recompensan o castigan al gobierno, votando por los candidatos oficiales o los opositores”, según la evolución de la economía y la distribución social.

Eso, salvo cuando haya circunstancias excepcionales, como una guerra o una catástrofe, en cuyo caso no es la performance económica sino el manejo de tales situaciones lo que se premia o castiga el electorado.

Otro famoso cientista político (Valdimer Orlando Key Jr., más conocido como V.O.Key) postulaba que, ante la imposibilidad de cambiar el gobierno en elecciones de medio término, los votantes disconformes procuran aumentar la representación legislativa de la oposición”, a menudo sin tener en cuenta quiénes son los candidatos a representantes o senadores.

En ocasiones cuesta entender los motivos de la inconformidad del electorado. Esto ocurre cuando se castiga al Presidente, no por una mala gestión sino porque se esperaba más de él. Desde 1792, en los Estados Unidos perdieron elecciones de medio término George Washington, Abraham Lincoln, Franklin Delano Roosevelt y John Fitzgerald Kennedy.

Todas estas teorías sobre el comportamiento de los ciudadanos descartan a quienes son leales a un divisa en cualquier circunstancia.

Los académicos citados se refieren al electorado independiente y racional, que a menudo inclina la balanza. Son esos electores los que garantizan la alternancia de los partidos en el gobierno y pueden evitar que el poder legislativo esté dominado por el mismo partido que detenta la presidencia.

Eso limita el abuso de poder y somete a los gobernantes a un control democrático.  Es un criterio que no compartía Kennedy, quien confesó una vez, refiriéndose a la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo: “La mayoría del pueblo cree que los poderes divididos son preferibles a los poderes unificados.  Yo no estoy de acuerdo”.

Hay autores que comparten aquel juicio de Kennedy. Más aun, desacreditanlas elecciones de medio término, cualesquiera fuese su resultado. Sostienen que juzgar a un gobierno a los 24 meses de su instalación, impide consensuar política de Estado y obliga a los a un inoportuno proselitismo oficial.

Es lo que piensa Yascha Mounk, un joven cientista político alemán: “Todo Presidente se resiste a adoptar medidas cuyos efectos positivos no se percibirán durante su mandato. Si ese mandato queda menguado a los dos años, le será muy difícil hacer algo que no sea meramente simbólico o complaciente”.

Sin embargo, esa disfunción se da, no cada 24 meses, sino cotidianamente merced a las encuestas o los medios de comunicación, que (aun involuntariamente) amplifican las voces disidentes y suelen poner a los gobernantes en el sillón de los acusados.

Con todo, ni las encuestas ni los medios de comunicación tienen el valor de una elección intermedia. En los países donde el voto es obligatorio, la elección de medio término abarca a toda la población. El resultado es un hecho institucional que tiene el valor de una sentencia. Ratifica al gobierno o le exige cambios.

Esta vulnerabilidad de los gobiernos les impone un deber de prudencia y conciliación. “La necesidad tiene cara de hereje”, y estar sometido a un juicio a perentorio debería hacer que todo Presidente evitara un autoritarismo de corto plazo y una guerra sin cuartel contra la oposición. Al contrario, le convendría evitar que una elección intermedia lo convirtiera prematuramente en un “pato cojo”.

Es difícil, como lo es que los opositores no se valgan de la vulnerabilidad del poder. Pero esa vulnerabilidad afecta o afectará a todos. A los que son y a los que pueden serlo.  En todo caso, la principal necesidad, y el mayor riesgo, recaen sobre quienes tienen la obligación de demostrar que el Presidente es un buen Presidente y que su política económica, si no ha rendido frutos, es porque aún es temprano para que maduren.

El referéndum les dará más poder o les quitará parte del que tienen.

Publicado en Clarín el 12 de septiembre de 2021.

Link https://www.clarin.com/opinion/eleccion-referendum_0_sUm7XyuhD.html