martes 23 de julio de 2024
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La Doctrina Discépolo

“La reinserción argentina en el mundo” es un propósito declamado como un mantra por casi todos los gobiernos argentinos al comenzar sus gestiones. Un supuesto por cierto alegórico, que remite a una escena mítica original: hubo un tiempo en el que “estuvimos en el mundo” y fuimos expulsados -o nos salimos- de ese paraíso terrenal, producto de las malas políticas y yerros de los gobiernos que se sucedieron. Hasta que llegamos a darnos cuenta, y por ello nos proponemos virar drásticamente el rumbo para volver a él.

Lo hemos escuchado a lo largo de décadas, en una y en otra dirección. ¿Fue hace 20, 30 o 80 o 90 años? El presidente Milei llevó mucho más atrás la línea de tiempo: hace cien años, dice, que nos quedamos “fuera del mundo”. Y algo de razón tiene, siempre aclarando a qué “mundo” se refiere: la crisis de la esfera de influencia británica y del modelo agroexportador que le permitió a la Argentina una exitosa inserción en el mundo, con crecimiento sostenido, instituciones políticas republicanas y progreso social, a partir de los años 30 del siglo XX, habría dejado a la Argentina “a la intemperie”.

El modelo de autarquía y sustitución de importaciones del peronismo (1946-1955) terminaría frustrándose, abriendo paso a un ciclo pendular de infructuosos intentos de “reinserción en el mundo” que se correspondería, a su vez, con la inestabilidad institucional y la crisis de legitimidad de nuestro régimen político. La Argentina, se escribirá entonces, se había convertido en un “paria internacional”.

La erraticidad de la política exterior, las relaciones triangulares con terceros países como gestos de acercamiento -o de distanciamiento- con las potencias dominantes y las diplomacias paralelas o dobles carriles de vinculación serían corolarios de estas fluctuaciones en el comportamiento internacional de la Argentina que tuvieron su máxima expresión en la derrota de Malvinas, en 1982.

Algunos de estos patrones de conducta persistieron y persisten hasta nuestros días. Como la introyección de la política internacional en los desacuerdos de la política nacional y la proyección de la política partidaria a la política exterior del país y la confusión entre la representación de un gobierno y la representación del Estado. Gestos y orientaciones que contrastan con la contribución de la diplomacia argentina a la paz, la seguridad y el derecho internacional, la participación destacada en los organismos multilaterales y la identificación con los principios de no intervención, no injerencia, autodeterminación y resolución pacífica de los conflictos.

Los gobernantes argentinos que salen a explicarle al mundo lo equivocados que estuvieron sus antecesores, no parecen darse cuenta de la incredulidad que despiertan en sus interlocutores. Sobre todo cuando se les señala que ellos mismos han vivido equivocados, como se encarga de hacerlo el presidente Milei cada vez que sale del país.

Una curiosa ironía la pretensión de reinsertarnos en un mundo que ya no existe, mientras nos peleamos a cada paso con el mundo que sí existe y del que formamos parte. Como escribiera Discépolo en aquellos otros años ’20, “verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa: yira, yira…”.

Publicado en Clarín el 6 de julio de 2024.

Link https://www.clarin.com/opinion/doctrina-discepolo_0_tua7oKb0zD.html

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