jueves 22 de febrero de 2024
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La democracia en peligro

Tanto en los EE.UU., como en Brasil, Perú, Colombia y en la Argentina, los partidos o coaliciones de gobierno y la oposición se acusan mutuamente de antidemocráticos. Sin considerar quien tiene razón, esa dinámica es la que socava el sistema todo.

Los países de Europa no están exentos de este fenómeno y España se encamina a ser el próximo escenario de esa contienda en la que todos perdemos, tal como lo demuestran las constantes caídas de la valoración positiva de las reglas democráticas en la consideración de la ciudadanía en ambos continentes.

Las teorías conspirativas propagadas por la derecha internacional han sido el principal impulsor de acontecimientos graves como la toma del Capitolio en 2022 y su clon en Brasilia, la semana pasada. Luego del ataque de las turbas bolsonaristas a los edificios de los tres poderes federales de Brasil, el ex asesor de Donald Trump y adalid de la derecha internacional, Steve Bannon, dijo en su podcast War Room, que el asalto y la destrucción de edificios gubernamentales fueron la consecuencia del fraude electoral en ese país. “No voy a retroceder ni una pulgada en esto”, dijo en una entrevista y exhortó al presidente Lula Da Silva a que “abra las máquinas y sea transparente con la elección pasada”.

Es evidente que Bannon muestra el caso de Brasil para reforzar la idea de la “gran mentira” en su país, porque la cantidad de votos – seis millones en la primera vuelta y dos en la segunda – son demasiados para un fraude.

Un informe del ejército – al que los bolsonaristas acudieron para voltear la asunción de Lula – describió los riesgos técnicos para el sistema electoral de Brasil, pero no encontró señales de fraude electoral.

Bannon dijo que se ha mantenido en contacto permanente con el diputado electo Eduardo Bolsonaro, e hijo de Jair Bolsonaro. Y las instituciones políticas conservadoras de EE. UU. también se han aliado con el expresidente Bolsonaro que está de viaje por Florida.

El influyente grupo conservador CPAC ha realizado conferencias en Brasil en los últimos años en las que han aparecido Bolsonaro y sus aliados. Y a mediados de noviembre, Eduardo Bolsonaro asistió a la gala del America First Policy Institute, un grupo de expertos inspirado en Trump que llevó a cabo un evento en el club Mar-a-Lago de Palm Beach de Trump, donde el ahora flamante diputado se unió más tarde a una mesa en el patio con Trump y la candidata a gobernador Kari Lake, la presidenta de AFPI Linda McMahon y los asesores de Trump Sergio Gor y Boris Epshteyn.

En medio de todo este barullo que es más o menos conocido surge una pregunta: ¿Por qué se denuncia fraude si el voto es electrónico? O de otra manera: ¿No será el voto electrónico un elemento susceptible de ser considerado manipulable?  En la serie Ozark, que ahonda en las entretelas del poder estadounidense, un senador ha desarrollado un sistema electrónico de votación manipulable e indetectable que quiere introducir en tres estados. Un mundo perfecto en el que los poderosos cierran el control que desde la década del ’70 han establecido sobre la política en ese país, amañando el sistema para que excluya a la mayor cantidad de gente posible y permitiendo un financiamiento sideral de las campañas.

En una aparición en video en CPAC México en noviembre, Bannon dijo que las protestas “han ido más allá de los Bolsonaros, esta es una pelea en la que fueron más allá de la constitución, usaron ‘estas máquinas’ (las comillas son mías), el poder judicial, para sacarnos de los medios y no lo vamos a tolerar, va a ser muy interesante ver cómo se desarrolla eso”. El video de su discurso fue compartido por Eduardo Bolsonaro en las redes sociales. Esto pretende investir las acciones sediciosas de una autonomía y una legitimidad popular como una exteriorización del descontento y la indignación sin necesidad de que líderes como Trump o Bolsonaro se hagan cargo de haber generado este fenómeno político inédito.

Si la alternativa al populismo es esta derecha desaforada, y bajo los efectos de un cambio en el orden mundial, la democracia, tal como la conocemos, tiene los días contados.

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