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09 11 2020

La cuarentena educativa: ocho meses después


Autor: Mónica Marquina









El tema educativo no estuvo en la agenda del gobierno cuando comenzó la cuarentena. La conexión remota suplió al principio, y en parte, a la presencialidad, pero desde entonces no existió una decisión política de diagnosticar la situación, monitorearla y planificar una futura salida.

Durante meses buena parte del país no tuvo circulación del virus. Un artículo de Infobae, "175 departamentos del país tuvieron menos de 30 contagios desde marzo y aun siguen sin clases presenciales", de fines de septiembre indicaba en ese entonces que eran 175 departamentos del país los que no tenían circulación de virus. A la vez, las dificultades de conectividad en muchísimos hogares, fueron ampliando cada vez más la brecha de desigualdad educativa. Ninguna de estas dos realidades formó parte de la agenda del gobierno. Se consideró al país como una única región homogénea y se decidió cerrar todas las escuelas, cuando las realidades fueron diversas y cambiantes. Faltó un plan, sin dudas.

Se subestimó el impacto de la pérdida educativa -así como se subestimó la economía bajo el argumento de la prioridad única de la salud-, cuando en el mundo ya había convencimiento de que la educación debía ser una de las primeras actividades que comenzaran a funcionar porque, además de involucrar derechos, el impacto del cierre prolongado deja efectos graves muy difíciles de remontar.

Una propuesta concreta: “Volver a las Aulas” de la Fundación Alem

En el mes de agosto, desde la Fundación Alem elaboramos un documento, “Volver a las Aulas. Una hoja de ruta para la reapertura Educativa”, con un diagnóstico y una propuesta de 15 puntos de acción concreta para volver a la escuela de manera gradual, ordenada y segura; de forma similar a lo que se había presentado para salir de la cuarentena. La propuesta no era de abrir las escuelas de manera generalizada y de un día para el otro, sino comprendiendo la diversidad del país. Viendo lo que pasaba en el mundo, explicamos que las acciones debían ser graduales y probablemente intermitentes.

El primer punto de la propuesta era declarar a la educación como actividad esencial. Veíamos que más de cuarenta actividades ya se habían abierto mediante la ampliación del decreto 714/20, y que mientras los casinos empezaban a funcionar, la educación estaba ausente del listado. Entender a la educación esencial hubiera permitido, entre otras cosas, declarar la Emergencia Educativa, como lo establece el art 115, inc. f) de la Ley de Educación Nacional, asegurando los recursos extraordinarios necesarios para garantizar condiciones básicas:  la adecuación edilicia; la conectividad en escuelas y familias sin acceso, dado que al comienzo se trataría de aperturas mixtas; el acompañamiento a docentes con equipos tecnológicos; apoyo a los jardines de infantes que daban señales de no poder sostenerse; apoyo a los transportistas escolares, etc.

Junto con el documento se presentó en el Congreso un proyecto de Ley, encabezado por la Diputada Brenda Austin, que aún está a la espera sin voluntad oficial de tratamiento. Si bien al comienzo las urgencias sanitarias dejaron a la educación relegada, con el correr de los meses esta explicación ya no fue suficiente.

También se resaltaba en los puntos del documento que el 2020 no había terminado, cuando se comunicaba oficialmente que no se calificaría ni promocionaría, lo que desalentó a muchos chicos y chicas a continuar con la educación remota. Poníamos además el eje en las escuelas, las que debían estar abiertas y funcionando -lo que sucedió de manera muy limitada- con personal docente, directivo y de mantenimiento que comenzara a prepararlas, con turnos docentes para iniciar la revinculación del millón y medio de chicos desconectados. Esto es algo clave, porque no es verdad que el día que se decida abrir todo volverá a ser como antes. Los edificios estuvieron cerrados por meses, y además necesitan adecuaciones.

La propuesta concreta era comenzar a hacer ese trabajo durante los meses de la cuarentena, y no un día antes de la apertura. Eso requiere una planificación que se subestimó. Si bien las escuelas dependen de las provincias, hubo una clara decisión nacional de desalentar toda voluntad de apertura, generando acuerdos insuficientes en el Consejo Federal y creando Comisiones que dieron pobres resultados. Sólo a modo ejemplo, el acuerdo sobre el semáforo educativo que clasifica a las jurisdicciones según el grado de circulación del virus se acordó recién a comienzos de octubre; y recién en estos días de noviembre se informó que se está armando una base nacional de estudiantes para detectar a quienes necesitan acompañamiento de revinculación.

Los efectos de la cuarentena educativa son impredecibles pero palpables

Los efectos son inconmensurables, y cada día que pasa se agudizan más. Están las consecuencias en el aprendizaje, que se agravan en algunos tramos: los primeros años de alfabetización en la primaria; los últimos años de primaria y secundaria que implican el pase de nivel en 2021, así como la formación práctica imposible de reemplazar con la virtualidad.

Pero hay otros efectos que se han subestimado, como la interrupción de la socialización, concretamente el estar con los pares y con los maestros. Estos efectos en el ánimo de los chicos empezaron a hacerse más evidentes en los últimos meses, y son los que impulsaron movimientos de padres y madres (en twitter: @padresorg), y también de docentes (en twitter: @AulaAbierta6), exigiendo la apertura de las escuelas, cuando era claro que en algunas localidades ya era posible, pero la resistencia a la apertura comenzaba a tener ribetes políticos.

Claro está que quienes más sufrieron las consecuencias de la suspensión de la presencialidad fueron los sectores más pobres. En muchos rincones del país la escuela es la presencia del Estado, que no sólo educa. La escuela articula otras necesidades de salud, de alimentación, de ciudadanía. Detecta situaciones de violencia doméstica, es un lugar de encuentro. Salvo casos excepcionales, todo eso se debilitó de un día para el otro. Varios estudios, incluso oficiales, muestran que en este tiempo más de un millón y medio de estudiantes abandonaron la escuela. Esto es porque la educación remota chocó contra una pared: en algunas provincias el 40% de los alumnos y alumnas no contó con los medios de conexión; solo la mitad de las escuelas del país tuvo contacto frecuente con sus alumnos; más de la mitad de quienes se conectaron lo hicieron apenas con un celular, o compartiendo un único dispositivo en el núcleo familiar. Fue duro conocer a través de algunos estudios que había escuelas “zoom” y escuelas “whatsapp”, según el modo en que se vincularon con sus pares y docentes. A esta altura del año los contactos se redujeron mucho más, ya sin considerar el sector social. Hay cansancio, desgano, angustia. Lo dicen alumnos, familias y docentes.

Cómo empezar después de un año entero con las aulas cerradas

Comenzaría preguntando “cuándo” se empieza, y esto es ya. Hoy mismo. Es alentador ver que en algunas jurisdicciones están comenzando a realizarse en las escuelas encuentros en pequeños grupos, para reiniciar la socialización. Pero si se quiere una escuela educando en marzo, es ahora cuando hay que comenzar a trabajar. ¿Por dónde empezar?:

1. Acondicionando edificios escolares, adaptándolos sanitariamente y equipándolos tecnológicamente.

2. Detectando a los chicos y chicas desvinculados/as desde las escuelas, y a través de directivos y docentes, y no a través de promotores socioeducativos sin credenciales (1).

3. Planificando en cada una de las escuelas el regreso a clases, que no va a ser todos juntos de una vez. Por eso el plan en cada escuela debe combinar lo presencial con lo remoto, o con materiales de trabajo adaptados a cada escuela y grupos, incluyendo la preparación de contenidos por grupos, según cómo hayan avanzado en 2020. Esto lleva tiempo de trabajo docente.

4. Relevando a docentes, para distribuir tareas presenciales y a distancia, según sean personal de riesgo o no. También activando las Juntas de Clasificación (en muchas provincias suspendidas) para asegurar las designaciones de docentes suplentes que reemplazarán a quienes sean de riesgo y que no puedan estar en el aula. Estos últimos pueden asumir el trabajo remoto, para lo cual, con tiempo, puede reforzarse una actualización en educación mediada por tecnologías.

5. En las universidades, preparando planes de contingencia y acompañamiento para los ingresantes, quienes tuvieron un último año del secundario tan golpeado.

Hay mucho por hacer y debe empezarse ahora, aprovechando noviembre, diciembre y febrero. Será clave el compromiso del personal docente y directivo en preparar las escuelas para ese encuentro tan postergado y deseado. En la mayoría de los casos, bastará sostener y reforzar ese compromiso demostrado durante todos estos meses frente a pantallas y dispositivos.

Pero sobre todo hay una tarea que continuar, que es la de desterrar miedos, porque hasta que exista una vacuna segura, efectiva y masiva habrá que acostumbrarse a convivir con el virus, volviendo de manera gradual y probablemente intermitente a clases, con las previsiones, cuidados, y disposiciones físicas necesarias. Si llega la vacuna, mejor aún. Pero esa no debe ser una condición. En Europa, en plena segunda ola de contagios, se han vuelto a suspender actividades, pero las escuelas permanecen abiertas, porque los países están decididos a no cometer dos veces el mismo error.


1. El Programa “Acompañar: Puentes de Igualdad” propuesto por el Ministerio de Educación y acordado en el Consejo Federal en su acuerdo N° 369/20) incluye la participación de “Promotores Socioeducativos” para la revinculación y la creación de centros educativos comunitarios “CERCA”, junto a redes comunitarias, en todo el país, para contribuir en la disminución del abandono escolar.




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