menu
26 09 2020

Juan Ignacio Roccatagliata: "Nuestro país debe pensarse como una potencia intermedia"


Autor: Esteban Lo Presti









Juan Ignacio Roccatagliata, politólogo y diplomático de carrera, especialista en temas de Asia y Oceanía, fue uno de los diplomáticos argentinos que trabajó en la negociación de la Declaración de Líderes del G20 en la Argentina (2018) y ha estado a cargo de la Dirección de Cooperación Multilateral de la Dirección General de Cooperación Internacional de la Cancillería Argentina. Recientemen publicó el libro La Argentina como potencia media, en Eudeba, y sobre los temas y aspiraciones de nuestro país y su inserción en el mundo, hablamos en esta entrevista.


Hay un concepto que atraviesa tu último libro, La Argentina como potencia media,  y es el de la construcción de una identidad de país. ¿A qué haces referencia con ese concepto? ¿Qué significa el mismo?

El libro busca dar un impulso para repensar las identidades existentes. Identidades de grupo, de partido, nuestras nociones establecidas acerca de lo que la Argentina es, cómo llego a ser y sobre lo que podría alcanzar. Propone no solamente repensar estas identidades y nociones establecidas, también revisar el modo de interacción social en un contexto lógico de identidades, nociones e intereses plurales. Toda sociedad es plural y difícilmente tenga una identidad únivoca en todos los planos del pensamiento y la interacción social. Sin embargo, existen nociones básicas que reúnen la diversidad y orden los modos de interacción, debate público y gobierno.

La noción de la Argentina como potencia media implica, en primer lugar, una posible identidad que se construya a partir de un clivaje externo y no interno. También genera un marco de reflexión que pone en cuestión varias ideas que hemos considerado como verdades incuestionables en el último siglo.

La importancia de estas identidades es que el contenido de las mismas y el modo de interacción social que éstas promueven, son el contexto en el cual se dirimen las diferencias y se generan, o no, los consensos sociales que permiten que una sociedad progrese desde la cooperación.

¿Esa identidad de país, se construye a lo largo del tiempo? ¿Puede sufrir alteraciones?

Las identidades cambian a lo largo del tiempo, claro. Son construcciones sociales y, por lo tanto, podemos cambiarlas. La pregunta es si consideramos que esto es necesario y por qué. La evolución de una sociedad y sus posibles cambios, incluyendo sus identidades, tiene como pre requisito un debate público basado en la razón argumental y la búsqueda común de la verdad y soluciones conjuntas a problemas compartidos.

Si el debate público se reduce a a argumentar para defender un prejuicio o una postura preterminada sin contrastar los argumentos con evidencia empírica y sin vocación de buscar con el otro un camino común, las sociedades se pueden evolucionar. El debate público, en este caso, se estanca en la mera defensa de identidades e ideas heredadas.

Cuestionar esas identidades y nociones sobre la Argentina es lo que puede lograr la transformación de la interacción social. El libro parte de la base de que esa transformación es necesaria para comenzar la senda del progreso material y social y evitar la repetición cíclica dela imposición de visiones e identidades sociales de unos sobre otros.

¿Por qué decís que Argentina puede aspirar a ser una "Potencia Media"? ¿Cuáles serían los fundamentos materiales e institucionales para dicha aspiración?

La idea de potencia media no es nueva en relación con la Argentina. La propuesta es que esa noción sea una identidad social que permita esa transformación de la interacción social. El concepto de potencia media comporta ciertas ideas que ponen en cuestión miradas heredadas sobre la historia, la economía y la geografía de nuestro país.

La idea de potencia media tiende a buscar un lugar al país en nuestro imaginario que se aleja de la idea de un país pobre y completamente irrelevante al tiempo que también se aleja de la idea de un país con infinitas posibilidades y recursos. El libro, sin ser exhaustivo por supuesto, busca poner en cuestión varias ideas fijadas en el imaginario de gran parte de la sociedad argentina.

Una potencia media tiene un rol en el escenario regional e internacional y este rol se sostiene en una base que podríamos llamar, material. Es decir, la estructura económica, cultural, social y geográfica.

Entender esta base material y la complejidad del tejido social, productivo y geográfico resulta esencial al momento de pensar el camino del desarrollo de nuestro país. Clivajes como liberalismo o proteccionismo en materia comercial, discusiones sobre la exportación de recursos naturales o bienes con valor agregado son algunos ejemplos de falsos dilemas sostenidos en concepciones sobre nuestro país que precisan de ciertos cuestionamientos y reflexión.

¿Puede nuestro país “vivir con lo suyo” como si pudiera autoabastecerse de todo bien e innovación tecnológica? ¿Puede la Argentina, por otro lado, vivir solamente de las exportaciones de recursos naturales? La demografía, la geografía, los recursos naturales y el nivel de desarrollo tecnológico de la industria indican que nuestro país debe pensarse como una potencia intermedia en la cual las exportaciones agropecuarias, de energía, la minería y el turismo pueden ser el motor que traccione las exportaciones y el crecimiento, pero en el cual también se requiere sostener un entramado productivo menos competitivo pero que sostiene el tejido social y el empleo. Por otra parte, no todas las regiones tienen las mismas capacidades “naturales” para competir en los mercados externos. Tener presente que se trata de un país complejo nos lleva a pensar que las condiciones para nuestro desarrollo como sociedad también requieren políticas públicas complejas que generen las condiciones necesarias para que la sociedad civil y el sector privado con sus diversos intereses y características propseren.

Soluciones o visiones totalizantes no pueden comprender la complejidad de una sociedad que muestra niveles de desarrollo muy altos en ciertos sectores sociales y regionales y muy bajos en otros. Un país con recursos suficientes como para que sean la tracción del comercio exterior y la integración al mundo pero no lo suficiente como para ser una gran potencia o simplemente ser ricos con la exportación de dos o tres recursos naturales como algunos países petroleros o países como Australia.

La comparación con este último caso es excelente tanto por las similitudes (base sobre la cual se suele comparar a ambos países) como por las diferencias (no solamente culturales e institucionales). Las diferencias institucionales son centrales, por supuesto. Un sistema que goza de consenso social y que es parte de la identidad social como es la democracia liberal permite resolver las diferencias en modo equilibrado, permitiendo políticas de largo plazo. Permite, además, el crecimiento de la sociedad civil en todos sus aspectos: cultural, científico, económico, artístico, deportivo. Sin embargo, la relación entre recursos naturales y población es incomparable con un país como el nuestro. La Argentina tiene importantes vetas de recursos naturales como señalé, pero estadísticamente, estos recursos no se ubican en niveles mundiales tales que permitan decir que nuestro país puede vivir mayormente en forma próspera de la exportación de un, dos o tres recursos. Al mismo tiempo, sin el desarrollo, atracción de inversiones y promoción de estos sectores competitivos de nuestro país tampoco existe camino al desarrollo y bienestar.

¿Cuáles son los valores e ideales de la Argentina en el siglo XXI? ¿Hay un lazo de continuidad con la Argentina de fines del siglo XIX o con la del siglo XX?

La noción de potencia media implica, además de una base material, la promoción de ciertos valores en el escenario internacional. Nuesatro país ha sido, sin grandes diferencias entre las distintas administraciones, líder en muchos valores. No obstante, en el libro se hace hincapié en una visión de futuro en el contexto de un mundo que se debate entre la cooperación y la fragmentación.

Si bien cada país defiende naturalmente sus intereses nacionales, el libro se enfoca en aquellos valores que considero necesarios para el bienestar de la humanidad en el próximo siglo: una nueva idea de progreso material y social, el cosmopolitismo y la empatía (esta no entendida como un sentimiento o emoción solamente sino como parte de la razón argumental).

Estos tres valores deben entenderse dentro del marco de la modernidad. Se trata de renovar valores que se encuentran en el corazón mismo de las sociedades “occidentales” respecto al progreso material, educativo, social, respeto a los derechos humanos, la diversidad y la cooperación como valor por sobre la idea de conflicto.

Lo interesante de estos valores es que tienen un doble rol como parte de una política exterior y como parte de la promoción de los mismos al interior de nuestro país y, en particular, a través del sistema de educación pública. Lo interesante aquí es que el doble rol en la construcción de nuevas identidades sociales en la Argentina y la política exterior.

¿Qué pasa cuando, coyuntural o estructuralmente, los países no generan confianza para atraer flujo de inversiones o capitales o, peor aun, para mantener los que ya están instalados?

La idea de potencia media implica, por el potencial y limitaciones implícitas, una inserción en un sistema económico, comercial y tecnológico global con el fin de promover el bienestar.

Los ejemplos de desarrollo desde la posguerra hasta nuestros días muestran que la inserción en este sistema global es lo que ha permitido tanto a países de la Europa mediterránea y oriental como a países asiáticos dar un salto al desarrollo. El entramado manufacturero y de servicios de alta calidad en nuestro país también es una muestra de los beneficios de la atracción de inversiones y de la importancia de la inserción en los flujos de conocimiento e innovación globales.

Los ejemplos del Asia también muestran la importancia de que la apertura e inserción no implica que no se tengan políticas públicas de desarrollo en modo activo, en particular al momento de promover algún sector estratégico o cuidar algún sector poco competitivo específico para que éste se tranforme. Nuevamente, el concepto de potencia media implica pensar esta complejidad y no en modo totalizante.

Es prematuro para evaluarlo, pero ¿cómo crees que qudará situado nuestro país luego de la pandemia?

Claro que es prematuro y, como se observa, el pacto social y económico en la Argentina y en el mundo será fuerte. Sin embargo, la Argentina debe pensar el mediano y largo plazo. Es difícil para la sociedad pensar en el mediano plazo ya que debe resolver problemas urgentes. Pero sectores del periodismo, la academia, el empresariado y la dirigencia política deben pensar en el mediano y largo plazo. Valorar las acciones públicas que son acertadas en el largo plazo aunque no muestren resultados inmediatos es un deber de estos sectores.

No valorar acciones públicas que pueden ser consideradas acertadas en base a la contrastación histórica con países que han logrado el desarrollo con acciones similares nos encierra permanentemente en la coyuntura. Creo que es deber de sectores formadores de opinión pública de analizar la Argentina más allá de la coyuntura.